9. De Takayama a Kanazawa.

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Por fin hoy ha dejado de nevar aunque lo ha debido hacer por la noche en las montañas cercanas y luce un débil sol.

Como cogeré el tren casi a las 11 de la mañana aprovecho para darme la última vuelta por Takayama. Paseo al lado del río y por las calles de las casas antiguas y tiendas preciosas. En algunas entran los posibles clientes pero me percato de que lo hacen solo para calentarse en las estufas de queroseno que todas tienen. Paso por delante de la tienda donde había degustación de sopa pero como no están los franceses no entro. La verdad es que hoy no apetece tanto como ayer y además he tomado un desayuno espléndido y encima junto a la familia española de la que me he despedido. Imagino que a partir de ahora no lo tendré tan fácil para hablar. Bueno eso pensaba pero en el andén del tren me encuentro a una pareja de treintañeros españoles. Los pobres andan jodidos de frío pues para no ir cargados enviaron el equipaje a otra ciudad y ahora no llevan demasiada ropa.

Para ir de Takayama a Kanazawa primero hay que ir a Toyama, con gran peligro para mí pues todos estos nombres me suenan igual y a veces los confundo.

Atraviesas un suave terreno montañoso con nieve. Y cuando se abre un poco el paisaje se ven al fondo los Alpes Japoneses, éstos sí completamente nevados.  Forman el parque nacional llamado así, entre Takayama en el oeste y Matsumoto en el este.

Antes de llegar aquí pensaba haberme internado en algún pueblecito del parque pero vista la nieve que hay y el frío que hace creo que pasaré. “Pasaré” en el sentido de que “no pasaré”.

En Toyama cambio de tren. Afortunadamente los ferroviarios japoneses que encuentro son muy amables: aquí tienes que hacer cola en el andén delante del lugar señalizado donde parará la puerta de tu vagón. Incluso hay unas rayas marcadas en el suelo para hacer la fila. Así que solo tienes que buscar en el suelo la placa que indica el número de tu vagón. Pero esta estación tiene pocos andenes, creo que solo 2 ó 3, pero muchos trenes que pasan por aquí, así que hay varias placas en cada parada de puerta, una por cada tren. Pero no hay problema porque pone el número de vagón y debajo el nombre del tren. Así mi vagón era el 5 y el tren el Hakutaka. Y donde estaba la placa de mi vagón había unas diez más con los números 5, 6, 8, 3,…Cada una con su nombre de tren correspondiente. Todo fácil y claro. Sobre todo si eres japonés, pues lógicamente los nombres de los trenes estaban en este idioma. Así el empleado amable me ha dejado delante de la placa “5. Hakutaka”. Como he sido el primero incluso he tenido que ayudar a algún pasajero, japonés, que ha llegado más tarde.

En el tren desde Takayama y para coger éste también venían tres jóvenes franceses –una pareja y otra chica- con un niño de unos tres años, a los que ya había visto estos días con un carrito de bebé. Ya sabéis lo que pienso: si no es que están trabajando en el país tendrían que quitarles la patria potestad a los occidentales que viajan por Asia con niños tan pequeños. Por lo menos hasta que les entre el conocimiento.  Llevar a un niño tan pequeño –al que encima han dejado corretear solo por el andén y los trenes bala llegan sin que los oigas- con unas condiciones climatológicas tan adversas y tan lejos del hogar me parece una falta total de responsabilidad.

La estación de Kanazawa es la típica estación japonesa de gran ciudad: muy moderna, con muchos servicios y perfectamente señalizada. Y limpia, limpia.

Primero he ido a comprar el billete para Matsumoto, mi próxima etapa. Y ya sé que siempre lo digo, pero los empleados que venden los billetes de tren en las estaciones de Japón son los más eficaces del mundo. Y podrían ser eficaces pero unos bordes: pues encima son amables.

Luego me paso por la oficina de turismo: lo mismo. Es que parece que estén encantados en que vayas allí a preguntarles.   Y casi saltan de alegría cuando les digo que me voy a quedar tres noches en su ciudad. Y no es que sean todos jóvenes ardorosos, que el de hoy me ha dicho que tenía 69 años. ¿Pero a qué edad se jubilan?  Y además he visto por primera vez que en esta ciudad hay precios especiales para los “seniors”. Pero hay que tener 65 años. Por poco.

Y me ha debido ver de buen comer porque cuando ya me iba me ha sacado un desplegable de “Enjoy Kanazawa Cuisine”. Le iba a decir que lo de “Enjoy Cuisine” era mi mujer, pero era tan amable que seguro que me hubiese preguntado que porqué no iba conmigo. Y tendría que dar mucha explicación.

Cojo un autobús y me voy a mi hotel.

Ryokan. Mi habitación

En esta ocasión he elegido un “ryokan”: hotel o pensión tradicional japonesa. Eso quiere decir que te tienes que descalzar nada más entrar. (Yo llevaba polvos de talco en las zapatillas y he ido dejando un reguero blanco por todo el lugar). Y el colchón está en el suelo, no tienes sillas y la mesa tiene una altura de unos 25 cms.  Y seguramente no tienes cuarto de baño en la habitación. Además te dicen diez mil veces “arigato”. Y tú contestas lo mismo otras tantas.

Nada más salir del hotel me encuentro una galería comercial con Zara. ¡Qué alegría! En cuanto regrese a España voy a comprar acciones de Inditex.  Por esa galería veo pasar a jóvenes urbanos –no los había en Takayama- con los pantalones por debajo del culo ellos, y con unas minifaldas increíbles ellas, y con unas medias más increíbles todavía.

El Zara de Kanazawa

Sobre las piernas de las señoritas no voy a escribir nada este año, aunque me cueste, que ya lo hice el pasado. Pero me siguen sorprendiendo mucho, mucho.

En la información   “Enjoy Kanazawa Cuisine” que me dieron en turismo hay una columna para explicar los buenos modales que se deben tener en un ryokan. Unas normas son de sentido común, otras son interesantes, pero algunas me parecen una exageración.

Una de sentido común: si tu habitación tiene una neverita y hay bebidas en ella, si te las bebes te las cargarán en la cuenta.   Esta parece hecha para cuando Tarzán llegó al primer hotel   después de salir de la selva.

Una interesante: si utilizas el baño común (de “bañera” no de “retrete”), lo que yo llamo el “baño japonés”, pero que en este ryokan no es común, no debes ponerte traje de baño. Te pones la yukata en la habitación y cuando entras en la habitación del baño debes hacerlo “à poil”.

Una exageración: cuando te coloques la yukata (el kimono ligero que puedes llevar por todo el ryokan) siempre debes ponerte la parte izquierda sobre la derecha pues al revés se utiliza sólo para los muertos.

Curiosamente en la misma publicación hay seis cortos testimonios de turistas extranjeros; pues dos de ellos son de españoles: un tercio del total nada menos. Lo especial es que uno se llama Tony y el otro Urdin. ¡Qué fue de los nombres españoles!

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