7. Takayama, día 2, primera parte.

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Parece que mi cuerpo ya se ha estabilizado y esta noche he dormido como un tronco. Además no tiene mucho sentido madrugar si todo está cerrado a primeras horas de la mañana y además hace un frío que pela.

La novedad es que ha debido nevar esta noche y los coches y tejados tienen nieve. Y sigue nevando. La verdad es que es muy ligera y es mejor esto que la lluvia. Así que iré a visitar Hida-no-sato. Está a unos diez minutos de autobús y venden un billete combinado de transporte más entrada. A pesar de ser una atracción turística importante vamos cuatro gatos en el autobús.

Hida-no-sato.

Takayama es el centro del distrito de Hida, una región montañosa con una gran tradición artesana, sobre todo de trabajos sobre madera. Hubo un carpintero famoso de esta zona que construyó en el siglo VIII varios templos en Kioto y Nara y se creó la leyenda de esta profesión unida a esta comarca.

Debido a la cantidad de nieve que cae en las montañas de esta región los pueblos tienen unas casas con los tejados muy inclinados que aquí llaman en forma de “manos-en-oración” por lo pendiente de sus tejados.

Casa con tejado “manos-en-oración” .

Debido al cambio de costumbres y a una presa que se construyó en los años 60 del siglo XX muchas de esas casas están desapareciendo. Además muchos de esos pueblos son de difícil acceso hasta abril por la nieve y no hay muchas combinaciones de transporte si  vas sin coche propio así que los sabios japoneses han recreado una aldea transportando algunas de las casas más notables desde su emplazamiento original.

Y esto es Hida no sato, una especie de parque temático de la arquitectura “gassho-zukuri” con casas del siglo XVIII. Y realmente el lugar es precioso.

Lo primero que te encuentras al llegar es un laguito con un enorme y maravilloso cisne nadando por allí. Mis nietos son capaces de ver quinientas veces seguidas “El patito feo” y de esta manera he incorporado al cisne como “animal de compañía”. Porque ahora es muy importante para mí ver animales que pueda contárselo a ellos. Porque veo la zarigüeya barbada de 8 dientes y eso a mis nietos no les dice nada; pero si veo un cisne, un hipopótamo, un tigre o un león eso sí que cuenta. Y en este viaje me temo que no pasaré del cisne.

El patito feo.Lo bien que funciona este país lo demuestra que justo en la entrada hay estanterías con botas de agua para que puedas hacer el recorrido en condiciones adversas si no vas bien pertrechado. Vaya, eso demuestra lo bien que funciona y también el tiempo que debe hacer en invierno.

Te dan un folletito con el mapa del lugar y cuatro recorridos posibles en función del tiempo disponible: uno de 15 minutos –hay que ser un cagaprisas para venir hasta aquí y luego tener solo  un cuarto de hora-, otro de 30, otro de una hora y el último de 2 a 4 horas. Cada uno con un color distinto.

También hay un dibujo en el mapa de la cadena montañosa que rodea el lugar y son todo picos de 2500 a 3200 metros, pero hoy no se ve nada.

Y con el mapa de mano y los indicadores que hay es imposible dejar de ver lo que quieras visitar. Los japoneses siguen maravillándome por su eficacia.

Todas las construcciones importantes son originales y solo hay algunas auxiliares, como almacenes, que son nuevas. Por supuesto todas de madera y algunas con los tejados más inclinados que he visto en mi vida. En todas se puede entrar y en todas hay que hacerlo descalzo. En algunas hay escaleras que llevan al piso superior desde donde puedes ver la estructura que sostiene todo y que es algo impresionante.

En los pisos superiores acostumbraban a criar gusanos de seda.

Incluso hay una de cuatro plantas que parece mentira como pudieron hacerla solo con madera. Otra tiene en la planta baja todas las paredes de tabiques móviles y así en ceremonias importantes se convertían en una sola habitación: los famosos “loft” que ahora están de moda.

En las casas más famosas hay en la entrada sellos de caucho. La forma de funcionar el personal lo da el hecho de que   al lado de los sellos hay dos lápices para que te puedas apuntar de donde es y todos los lápices están afilados.

Haciendo tejas de madera. En una de las casas hay un abuelito que practica un oficio, del que desconozco el nombre, pero que imagino en peligro de extinción: corta maderas planas para los techos de esas casas. Lo he estado viendo un ratito y tiene una habilidad increíble. Así hay 4 ó 5 artesanos trabajando a la vista del público pero a diferencia de otros sitios semejantes    en que solo trabajan cuando hay gente mirando –y en algunos no lo hacen ni entonces- aquí están haciendo su labor siempre. Y en el caso del abuelito-corta-tejas-de-madera, es que se oían los golpes a distancia. (El pobre debe tener un problema de próstata porque he visto – desde lejos- que salía del taller y se iba a orinar entre unos árboles y eso en este país es algo increíble).También había un templo y en el exterior una campana de las que no tienen badajo sino un madero colocado como un ariete para golpearla por fuera. Yo nunca me había atrevido a hacerlo pero en ésta te animaban y decían que pidieses un deseo.  Como siempre pido algo para mis hijos y solo se podía pedir un deseo he tenido que darle dos veces para que luego ninguno se quejase. Lo que pasa es que le he cogido gusto y he pegado un repiquete que ni las campanas del Pilar de Zaragoza. Que han venido los guardias a ver que pasaba. Pero de buen rollo.  Y es que como no entiendo el japonés litúrgico quizás he tocado a misa de difuntos.

No. Es una broma. Que no hay ni un guardia. Y a pesar de eso ni una pintada, ni un papel, ni una colilla, ni un casete de música. Aunque ahora en mi patria los macarras en lugar de un casete sacan el teléfono celular y se ponen sus “chunguitos” o algo de rap.  Claro que hay gente, incluso algún responsable de cultura municipal que dicen que eso es música y poesía: “OYE CHICO – AYER VI A TU PADRE Y ME CAGUÉ EN SUS MUERTOS – PERO IBA BORRACHO – CLARO QUE EL PEDO – ERA DE CALIMOCHO – Y YA SABES BRODER – QUE TUS MUERTOS SON MIS MUERTOS – VENGA VAMOS – QUE VIENE DEL TALEGO – Y NOS ABRIMOS PAL BARRIO”.

Pero aquí los únicos sonidos que se oían eran los golpes rítmicos de dos o tres molinos de agua que emplean una técnica semejante a la que vi hace años en Vietnam. Y eso no era música pero sí le daba un carácter todavía más auténtico y rural a aquel ambiente pues eso debía ser lo único que se oía en aquellas aldeas hace trescientos años.

Además del artesano meón he visto a una señora que cosía –creo que vestiditos para muñecas pues hay un festival de muñecas estos días-, un escultor de madera –con unas figuras de precios astronómicos-, otro que trabajaba la laca y alguno más.

Costurera de traje de muñecasHe acabado el recorrido en la sala de descanso; como siempre un lugar agradable y limpio. Además aquí el calor lo proporcionaban dos fuegos de leña, uno de ellos dentro de un tronco enorme.   Y también como siempre, con máquinas expendedoras de bebidas a precios casi como la tienda. Y allí me he vuelto a encontrar a los jóvenes tailandeses-chinos de ayer.

Encima de uno de estos fuegos había una tetera con un sistema muy ingenioso para subir o bajarla sobre las llamas. Entonces me he dado cuenta que en la sala de estar del albergue-templo donde me alojo también hay un sistema así.

Y toda esta maravillosa vista con nieve y nevando.

NB El pudibundo diccionario de “Word” me marca en rojo la palabra “badajo”. Por si las flais miro el DRAE y me lo confirma: sólo aparece en tercer lugar y sólo en Nicaragua la acepción de esa palabra como “pene”.

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