4. Llegada a Nagoya.

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Estación de ferrocarril de NagoyaLo primero que te sorprende de este aeropuerto es su sencillez. La guía dice que es de 2005 y está construido casi sobre el mar, de ahí que cuando aterrizas parece que vas en un hidroavión. Es muy moderno y funciona de maravilla. No tiene los alardes arquitectónicos que tanto gustan ahora. De muchas construcciones mi padre decía: “ésa tiene mucha obra inútil”. Y eso que no vio la T4 de Madrid ni la catedral de la Almudena. Pero el aeropuerto de Nagoya le hubiese encantado.

Y cuando sales del avión tienes la sensación de que el viaje ha empezado de verdad. Sobre todo después de que un funcionario japonés se pasease con su perro husmeando entre los pasajeros que esperábamos la salida de los equipajes. Que me acordé del interrogatorio que me hicieron el año pasado y pensé cómo se hubiese puesto el can si hubiera llevado lomo embuchado escondido atado en las pantorrillas, por ejemplo. ¡Qué vergüenza habría pasado!

Pero este año no he tenido ningún percance pero igual el de emigración que el de las aduanas me han preguntado que porqué no había escrito el nombre del hotel en los formularios de llegada.  “Porque no lo sé”. A un japonés debe parecerle imposible que llegues a un país extraño y no sepas donde vas a ir a hospedarte pues ambos han puesto cara de bastante sorpresa. Y sí que tenía alojamiento pero es en un templo de otra ciudad y temía que si lo ponía empezarían a preguntarme que porqué iba a un templo y cosas así.

En este aeropuerto es imposible perderte.  Todo está claro y bien indicado. Incluso el que vende los billetes de tren, aunque no habla casi nada de inglés te indica, con un par de papeles plastificados que tiene preparados, la hora,  el tipo de tren, el andén…Imagino al de la RENFE diciendo con voz clara y potente –ya sabes, si no conoce el idioma es que está sordo-: “T-R-E-N-A-N-D-E-N-C-A-T-O-R-C-E”. ¡Qué país tan eficaz! Japón.

El tren del aeropuerto a la estación de ferrocarril de Nagoya no es de la RENFE japonesa, la Japan Rail, JR en todas las indicaciones; porque aquí además de la compañía nacional, la JR, hay líneas particulares de recorridos casi de cercanías. En este caso se llama “Meitetsu”.

La estación de Nagoya, como las de todas grandes ciudades, es un hervidero de gente y de actividad. Allí cambio el “Japan Rail Pass” que he comprado en Madrid –os recuerdo que se debe comprar fuera del país- de 21 días por el carnet que me permitirá viajar por todo el territorio y que empezaré a utilizar a partir de hoy. Como voy a estar 26 días en Japón (más los 2 del viaje que hacen los 28 de este año) me quedan unos días que en un principio iba a repartir entre la llegada y salida como hice el año pasado en Tokio pero al final he decidido empezar el recorrido en cuanto llegue a Nagoya y quedarme todos los días juntos sin pase al final.

Con este pase se pueden coger todos los trenes excepto unos de los llamados “balas”, los Nozomi. En mi caso para ir a Takayama, la primera etapa, no hay trenes bala, sino una especie de trenes regionales. Y como siempre, en Japón, te sorprende lo limpio que está.

El paisaje se transforma en montañoso y es muy bonito. Vamos mucho tiempo por un valle muy angosto. Terreno donde aprovechan cualquier lugar para construir.    Si se ensancha algo aparecen pequeños campos cultivados pero con tanto primor que parecen jardines.

Tengo un sueño terrible pero me da miedo que si me duermo me pueda pasar de estación. Me acuerdo de la frase que ahora está tan de moda: “pasarse varios pueblos”.  Pero en sentido real.

Pasamos por Gero donde se bajan bastantes viajeros. (¡Vaya ripio!). Es una ciudad famosa por sus “onsen”, los baños públicos japoneses. Lo curioso es que el nombre de tan pulcra ciudad significa “vómito” en japonés. Es como si una ciudad española famosa por sus embutidos se llamase “Cagarruta”.

En un recodo del camino veo una mancha de nieve. Es un anuncio de lo que va a venir.

Llego a Takayama y en la oficina de turismo de la estación además de la información les pregunto por la climatología: hoy ha llovido, también lo hará mañana y pasado. Y eso es lo peor que te puede pasar como turista.

En esta ciudad he reservado habitación en un templo. La guía dice que es de la rama de Nagano del grupo Zenko-ji y habla muy bien de él. Incluso dice que si quieres puedes practicar meditación de estilo “Jodo” (sin chiste) en la sala principal. Y que un “master” habla excelente inglés. Imagino que aquí siendo un convento, “master” será algo así como un prior.

Estación de ferrocarril de Nagoya
El año pasado estuve de paso por algún templo donde admitían viajeros pero estaba toda la información en japonés y eran dormitorios comunes. En éste hay habitaciones individuales. También hay en esta ciudad un albergue juvenil en otro templo pero está a 25 minutos de la estación. Así que elegí el más cercano.  Y efectivamente te sorprende que esté tan céntrico: hay un templo y te alojas donde imaginas que deberían vivir los monjes. Decepción: es como un albergue sin monjes. No está mal, pero luego me entero que ni siquiera “el master” (no “un master” porque solo hay uno) es monje. Es el tío de un monje que vive en Tokio. Y es que esta gente no debe ser muy religiosa. Claro que los curas españoles deberían darse una vuelta por aquí para aprender qué hacer con su patrimonio cuando no tengan fieles  y el estado, o sea tú y yo, deje de sufragarlo y tengan que mantenerse con las aportaciones de sus fieles. (Y las órdenes religiosas ya hayan vendido todos los colegios que tienen en el centro de las grandes ciudades).

El “master” (quizás debería llamarle “posadero”) nos acompaña a un joven que acaba de llegar y a mí explicándonos cada cosa y los horarios; no hay hora de cierre –en inglés suena más duro: “curfew”, o sea toque de queda- pero que si vas a llegar más tarde de las 10 de la noche te deja una llave de la puerta. (¿Qué se podrá hacer en esta ciudad después de esa hora?). Y sobre todo nos explica como se encienden las estufas que hay en todas las habitaciones. Porque ahora es un establecimiento hotelero pero antes no lo era y hace bastante frío. Todas las estufas son de queroseno como las que llenaban de olores muchos hogares españoles en los años 60. Pero éstas más modernas.

En  el único sitio donde hay una eléctrica es en el retrete pero es que dado su tamaño te quemarías con las otras.

Y una novedad, al menos para mí: tengo una sábana eléctrica. No una manta que sería lo normal. Y me parece una buena idea para evitar dormir con la estufa encendida: lo que sería una mantita eléctrica la colocan debajo de la sábana bajera y así el calor pasa todo por tu cuerpo.  A lo mejor es algo obvio pero es que es la primera vez que lo utilizaba y pensaba que las mantas eléctricas se usaban, como su nombre indica, encima de la sábana como cualquier manta. Por supuesto el colchón –o mejor colchoneta- está directamente sobre el suelo y con un edredón para taparte, éste metido dentro de una sábana extraña que es como una funda protectora de colchón cerrada con un rombo y puesta del revés. (Veo que tendré que hacer una foto).  Y sin ninguna mesa ni silla. Bueno hay una especie de banqueta enana con un extraño tocador. Y como la habitación tiene dos colchones es bastante grande para mí solo. Sobre todo teniendo en cuenta el tamaño de las habitaciones en este país.
Temple Inn Zenko-ji

Y ya que estoy aquí me lanzo a la calle a descubrir la ciudad aunque la visita turística la empezaré mañana. Ni un alma y casi todo cerrado. Así que pronto regreso al templo-hostal donde hay dos ordenadores personales en la cocina-comedor de uso común. Imagino que para evitar problemas fiscales dicen que la tarifa es una donación y que eches en una especie de hucha 100 yenes por cada 30 minutos de uso.

La cocina está totalmente   surtida de utensilios para que puedas comer y cocinar allí pero yo solo utilizo un termo con té verde que está a disposición de todos.

En el ordenador tengo la sorpresa de que el Firefox, mi navegador favorito, está en italiano así que lo cambio al español acertando de casualidad las preguntas que me hace Windows, por supuesto en japonés.

Y a una hora relativamente temprana me voy a dormir.

PD

Si no supiese en qué país estoy lo adivinaría fácilmente por la cantidad de ciudadanos que llevan mascarillas sanitarias.

No sé si es un país muy enfermo y muy educado que las llevan para no contagiar a los demás –no como en el nuestro que lo primero que pensarías sería que “anda y que se jodan”- o es que el personal es muy hipocondríaco.

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