5.Takayama, día 1, primera parte.

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¿Por qué he venido a esta ciudad?

Al comprar el billete y venir a Nagoya busqué ciudades interesantes que me cogieran más o menos cerca de mi recorrido hacia el norte que es mi destino turístico este año. Y la primera que encontré fue ésta, Takayama. La guía la remarca entre media docena más de sitios de la parte central de Honshu.

Honshu es la isla más grande del archipiélago y la que está entre Hokkaido en el norte y Shikoku y Kyushu en el sur que visité el año pasado.

Takayama tiene casi 100 mil habitantes y la guía dice que es algo poco común porque es una ciudad del siglo XXI con casas y hospedajes y tiendas antiguas y destilerías de sake. Dice que emplees por lo menos dos días   y que se puede recorrer fácilmente en bicicleta o a pie, lo que para mí es algo muy positivo.

Fue construida a finales del siglo XVI y es una base estupenda para visitar Hide y el parque nacional de los Alpes Japoneses.

Así que decidí pasar aquí los dos días recomendados y que con la tarde de llegada son tres noches.

A la ciudad la atraviesa el río Miya-gawa y, como a casi todas las ciudades con río, éste le da un encanto especial. Más todavía si como ocurre en este país las orillas están cuidadísimas. Además no sé si por la cercanía a la zona montañosa o por que también cuidan el agua, ésta está limpia y transparente.

Esta noche, que ha sido la primera en este país he tenido el sueño un poco tonto. Apenas había dormido la noche anterior pero el cuerpo con las ocho horas de diferencia se hace un lío. A pesar de todo me he despertado temprano. La habitación estaba a 5ºC. O sea helada. Un presagio de la climatología que me espera.

Me lanzo a la visita turística. El día está frío y a pesar de que ya son las 8 de la mañana y de que yo a los japoneses los tengo por muy laboriosos no hay ni un alma por la calle. Claro que estoy en el centro y éste es un entorno principalmente turístico. La guía recomienda dos “morning markets” y como en algunos lugares de Asia si no llegas muy temprano ya se ha acabado todo pienso que aquí será igual. Pero realmente son dos mercados dedicados casi exclusivamente a los turistas. Os recuerdo que en Japón el turismo es eminentemente nacional así que lo que venden es lo que gusta a los turistas locales. Lo mejor es que muchas cosas de las que muestran que se pueden comer te las dan a probar y te puedes dar una idea de lo que es, aunque la cata es una enanez.

Mercado. Morning market.
Hasta las manzanas tienen un cuenco con trocitos cortados para probarlas. Una de las cosas que sí pruebo es “caqui seco”. Más bien parece “pan de higos” pero hecho de caquis. No hay confusión con el nombre porque con el sabor podría haber sido cualquier cosa, incluso boniato con colorante. Tengo un amigo que tiene un “caquero” y que le da tantos frutos que no sabe qué hacer con ellos. Además al caer al suelo y hacerlo en tal cantidad aquello se transforma en una especie de barrizal de caquis. (A mí me encantan los caquis).

Más tarde delante de uno de los mercados hay un grupo numeroso esperando que abran el “Takayama Jinya”.  Pienso que quizás sea lo primero que abran y el personal no sabe a donde ir. Yo lo visito después de los mercados.

Fue el edificio del gobierno donde estaba la administración, hacienda, policía y juzgados. Parece que es el único así que queda en toda la región. Aunque el original fue construido en 1615 el actual es de 1816 y fue utilizado hasta 1969. Ahora ha sido transformado en un museo. Y como muchos monumentos en Japón debes visitarlo sin tu calzado. Así en la entrada te proporcionan unas sandalias, que para un occidental son siempre pequeñas, y una bolsa de plástico para que pongas tus zapatos y los lleves allí durante todo el recorrido.

Takayama Jinya
Es un lugar francamente interesante y con bastante información en inglés. Y, cómo no, tiene también su parte horrible: una salita donde interrogaban a los sospechosos y donde las preguntas las hacían torturándolos. Y han dejado algunos de esos elementos de los interrogatorios. La justicia siempre tan sutil.

Uno de los señores feudales que pasó por esta administración dejó escrito: “Un país con demasiada gente tiene muy poca comida”. No daba la solución del problema. El Vaticano y la CEE lo tendrían claro: la abstinencia.

Una de las características de muchos sitios notables turísticamente de Japón es que hay en la entrada un sello de caucho conmemorativo del lugar y los japoneses lo ponen en sus papeles. Yo lo descubrí el año pasado visitando los templos de Shikoku. Ahora no me puedo resistir a sellar yo también mi libreta.

Otra de las peculiaridades de estos sitios es que suelen tener una habitación para descansar al final de la visita. En España cuando acabas, los dueños de la atracción parece que están locos porque te vayas cuanto antes. Aquí puedes reposar en una sala tranquila, calentita –lo que en Takayama se agradece- y con multitud de máquinas expendedoras de bebidas calientes y frías a precios normales.

Una de las principales atracciones de esta ciudad es su centro histórico donde tres calles muy bien conservadas tienen casas de madera de antiguos comerciantes. Algunas de ellas siguen siendo casas normales pero la mayoría se han transformado en tiendas tradicionales, restaurantes y algún museo. Y por esas calles deambulamos todos los turistas. Si el día fuera primaveral, como debería corresponder a la época del año, pues sería una maravilla. Hoy no tanto pues sigue el frío y de vez en cuando nieva.

Casa antigua en Takayama.
Coincido en algunas tiendas con un grupo de franceses de mediana edad que van con una guía japonesa. En una de ellas hay una degustación de sopa y aunque la muestra es pequeña los franceses repiten una y otra vez. Y yo con ellos. (En mi descargo tengo que decir que estoy aterido. Esta mañana ha habido un momento en que he estado a punto de abandonar y volverme al albergue-templo).

En el centro hay “hombres caballo”, como vi el año pasado en Kioto, que arrastran una calesa. ¿Cobrarán lo mismo por un par de delgaditos japoneses que por uno de robustos australianos? He visto llevar a japoneses pero nunca a extranjeros.

PD Una excentricidad japonesa: en una tienda de flores tienen colocada en la pared de la calle una máquina expendedora de centros florales. Imagino que como cierran tan temprano si te encuentras al acabar de trabajar que has olvidado esa fecha tan importante para tu ser querido,  vas a la máquina y resuelves el problema. Claro que tu ser querido también conoce la máquina y se percata de que te habías olvidado. Vaya que te pillan de cualquier manera.

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