2. De Madrid a Nagoya pasando por Frankfurt, primera parte.

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Comienza el viaje y todos son buenos auspicios en éste que ya he definido como mi “viaje primaveral”.

Ayer hubo un accidente importante en el aeropuerto de Tokio: un avión de carga se incendió y por esa causa quedaron cerradas parte de las pistas con los consiguientes problemas. Pero este año no vuelo a Tokio sino a Nagoya.  Cuestión de precios.

En una crónica de la India, Joséluis me preguntaba si merecía la pena volar por extrañas rutas –entonces era por Finlandia- o a destinos no habituales.  Pues para mí depende de la diferencia de pasta que eso implique y de las molestias que añada. Así en este   caso llegaré a Nagoya, desconocida para mí hasta ahora, pero una de las grandes ciudades japonesas.

Y este año la compañía de aviación ha sido Lufthansa, por lo que el viaje será de Madrid a Frankfurt, su centro europeo de operaciones (los modernos decís “hub”) y de allí a Nagoya.

Creo que fue Maruja Torres quien en su columna decía que se fiaba plenamente de esa compañía. Mis experiencias con ella también han sido muy positivas y además su página web tiene un diseño muy claro para buscar los vuelos y precios. Lo único que les falta es un corrector de estilo. Recibo periódicamente información de ellos y una de sus ultimas comunicaciones estaba encabezada por “Reserve ahora Sra Mengana y vuele por ejemplo a…”. No lo había visto escrito después de los libros de texto de mis años de bachillerato.

Como es habitual mi hijo me trae al aeropuerto y como siempre por caminos que solo él conoce. Si un día tengo que hacerlo yo solo será imposible.

La terminal T2 es a esas horas un remanso de paz: todo tan rápido y fácil que parece mentira.

En el camino hacia la sala de embarque va delante de mí una joven pareja con un hijo adolescente. Tiene las piernas muy arqueadas. La madre luce una estupenda figura pero el padre tiene las piernas igual que el hijo. O al revés.  ¿Por qué en los niños siempre se buscan parecidos en las caras y no en las piernas? En mi familia hay una clara línea genética con las piernas que unos heredan o heredamos y transmitimos, y otros no. En el caso de los tres que llevo delante pienso más tarde que quizás la madre no es la madre sino la mujer del padre. Que antes con la indisolubilidad del matrimonio era más fácil hacer trabajo antropológico de campo observando a las familias en los parques o en las calles.

Paso por un cubículo para fumadores: solo hay adolescentes. No sé si lo serán todos, una docena, o que por gregarismo se han metido todos juntos cuando un par ha decidido fumar. Los veo luego y son un grupo ruidoso, casi todo chicas. Si siguen así dentro de unos años no lo serán; me explico, sí seguirán siendo chicas pero no ruidosas: el tabaco les impedirá hablar. No podrán decir ni “tía”, palabra que ahora colocan después de cada sustantivo o verbo.

Este año mi viaje a Japón será más caro pues a pesar de que allí los precios se mantienen muy estables, el yen se cotizaba en el 2008 a 152,7 por euro y este año a 122 cuando cambié. Aunque está bajando estos días y si sigue así lo que pague con tarjeta de crédito será algo más favorable.

El vuelo de Madrid a Frankfurt es tranquilo y poco vistoso pues antes de llegar a los Pirineos se ha nublado y ha estado así hasta el destino. Ha habido un par de ratitos con turbulencias pero de las “normales” no como cuando volvía de la India en el recorrido de Helsinki a Madrid en que creí perecer.

Aunque el billete es de Lufthansa este tramo es de lo que llaman “operated by” que en este caso ha sido por Spanair. Cosa rara, nos han dado un bocadillo enano de pan de molde y relleno como si lo hubiese hecho la madrastra de Blancanieves. Y un café.

En su revista hay un artículo sobre la Semana Santa andaluza. Adjunta un vocabulario imprescindible para entenderla. Así me entero que significa “capillita”: “gran aficionado a la Semana Santa”.  Por supuesto nada que ver con la religión.

Hay un libro de Haruki Murakami, Tokio Blues, que parece que gusta mucho a los jóvenes pues las veces que algún amigo me lo ha visto siempre ha dicho: “este libro le gusta mucho a mi hijo o a mi hija”. Y comienza así: “Yo entonces tenía 37 años y me encontraba a bordo de un Boeing 747”. Es de esos comienzos que me encantan. Ya me predisponen a que me guste la obra.

Es curioso que si buscas Tokio Blues en wikipedia en castellano describe al protagonista de la novela como “un ejecutivo”.  Y siento que me he debido dejar algún capítulo sin leer pues no recuerdo nada de esa profesión. Por si acaso busco la entrada en inglés y no dice nada al respecto. ¿Te puedes fiar de la wikipedia, y sobre todo de la versión castellana?  Luego he pensado que quizás crea el autor de la entrada en wikipedia que el protagonista es un ejecutivo porque viaja en un avión así de grande.

A continuación describe su aterrizaje en Hamburgo y dice: “¡Vaya otra vez Alemania! …se asemejaba al fondo de una melancólica pintura de la escuela flamenca”.

Estaba descendiendo sobre Frankfurt pero era lo mismo.

Un consejo: aunque llegues a la misma terminal por la que vas a salir, que es mi caso, no te confíes porque las distancias pueden ser bastante grandes.

El control de seguridad para los pasajeros para ir a la sala de embarque es uno de los más exagerados que he padecido en los últimos viajes. Te hacen vaciar el contenido de todos tus bolsillos de los pantalones y camisa, aunque no sean metálicos, antes de atravesar el arco detector. Y las prendas que se pueden quitar, sin que te quedes desnudo, deben pasar por el túnel de los rayos que sean. Y cuando digo todo incluyo el pasaporte, el dinero y las tarjetas de crédito. Y cuando colocas todas tus pertenencias en una bandeja de plástico que desaparece dentro de ese túnel te quedas bastante desamparado.

Un ciudadano acaba de ganar una demanda, creo que en un tribunal de nivel europeo, contra las normativas secretas de los controles. Porque solo las conocen los que te controlan, de manera que no te puedes quejar. Porque hay bastante diferencia entre exhaustivos y abusivos.  Y peor todavía: sin normas definidas. Estás al albur de cada funcionario o empleado que las aplica.

PD.
Todo es Asia pero siempre hay diferencias. En Tokio se estrella un avión. Esa es la noticia en Japón. En el mismo periódico leo que en la India una esposa es quemada viva por su familia política por un retraso en el pago de la dote.

NB.
Hace muchos años oí a un italiano referirse a Frankfurt como “Francoforte sul Meno”. Cuando llego aquí siempre me acuerdo de esa palabra y de lo bien que suena: “Francoforte sul Meno”. Mejor con acento italiano.

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Una respuesta to “2. De Madrid a Nagoya pasando por Frankfurt, primera parte.”

  1. Carmen Says:

    Antropología nacional, de España, “capillita” es el que gusta de vestir a las vírgenes, y, en general, gusta de todo el culto visible (procesiones) e invisible (capillita)

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