1. Me voy.

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Siempre busco excusas para volver a marcharme. Esta vez las encontré nada más regresar de mi viaje a la India de final de año pasado.

En caso de peligroVolvía de la agitación que supone en aquel país las elecciones y en ese caso pasé por tres estados que las tenían. La música atronadora, los vehículos repartiendo consignas sin parar, banderas y banderines por todos los lados,… e incluso en Delhi fiesta en un sábado por ser día de voto. Y llegué a la patria mía y creí que las cosas estarían más calmadas: el alcalde de Getafe dice que el que vota a los otros es un “tonto de los cojones” (gran revuelo de los que se sintieron aludidos, que curiosamente miran para otro lado cuando es alguien de su cuerda el que desbarra), el de Esquerra dice lo del Borbón, pero lo que ya me hizo comprar el billete para venir a Japón fue como siempre un cardenal. Y así como lo de los políticos me pareció una gansada, a pesar del rasgarse las vestiduras de alguno, lo del Sr. Rouco me pareció gravísimo pero nadie dice que dimita y que se vaya a una isla del Pacífico a ver si se tranquiliza.  Si fuese más joven diría que ese señor lo que necesita es una novia pero a su edad lo que precisa es un retiro.  Después de que el Ministerio de Sanidad publicase la información sobre el aborto durante el año 2007 este hombre dio la siguiente explicación:

«la osada pretensión del hombre» de «querer ser como Dios» para «decidir en ultimidad sobre la vida y la muerte de sus semejantes». Como lo he copiado de ABC espero que sea fidedigno. O sea que una chica se queda embarazada sin quererlo, va a tener graves problemas si sigue adelante y el Sr. Rouco dice que aborta porque quiere ser como Dios. Sí, ya sé que es un hombre con muchos estudios y carreras y que hablará muchos idiomas pero no pasaría ninguno de los tests que nos hacían a los 15 años. Y como si eres cardenal ya te dan un carnet como los de las tertulias radiofónicas que les da lo mismo que se hable del precio del pollo en la lonja de Bellpuig que de la vulcanología en la cordillera de los Apalaches, pues con esa credencial y en la misma homilía dijo sobre la crisis económica actual: «Tampoco se encuentra otra explicación lógica para el fenómeno de la crisis que no sea la autodivinización de sí mismo, propugnada y realizada por el hombre en nuestra sociedad».

¿Me tenía que marchar o no?

Pues si dudaba, en los mismos días habla Fraga sobre los nacionalistas: “Habría que ponderar colgándolos de algún sitio”. Hombre, claro que es un abuelito entrañable de la derecha, pero a los que se volvían locos con la frase del Sr. Castro, no les parecía tan mal lo de “colgar” a los nacionalistas.

Pues nada, bien lejos. A Japón.

Para instruirme sobre el alma japonesa un libro sobre la invasión de Filipinas cuando la Segunda  Guerra Mundial de un  español que estuvo allí.

Empieza diciendo:

“-¡Otra vez los japoneses!

¡Esos hijos de zorra! –rugí-…”

No podía ser un comienzo más desafortunado para alguien que quiere ir a Japón, aunque lo primero que me dio una pedrada en mis neuronas fue ese “rugí”. Y que si te hacen lo que le hacen al protagonista no creo que “rujas” “hijos de zorra”.

Lo tercero fue lo de “-¡Otra vez los japoneses!”. Claro que si te han hecho un montón de “zorreces” esos ““hijos de zorra” puede que sea normal ese odio y desprecio, pero para mí, como lector, no es la mejor forma de empezar.

Claro que estuve la primavera pasada y guardo unos recuerdos estupendos del país, de la gente, del paisaje,…

Total que lo mejor es viajar y comprobar por ti mismo y olvidarte del Sr. Rouco.

El año pasado acabé mis crónicas de este país con una cita de Kawabata. Hoy empiezo con otra: “La luna era como una hoja de acero azul brillante clavada en un bloque de hielo”.

Ese Japón voy a buscar.

PD.

Cuanto más tarde en marcharme más mierda como ciudadano voy a recibir.

Lo oigo en la radio y luego lo veo en un telediario: le preguntan al Sr. González, vicepresidente de la comunidad de Madrid, sobre lo de los espías y sobre un pago que hizo él de un billete de avión de 8.000€ en metálico. (¿Pero en qué clase viajan nuestros políticos con nuestra pasta?). Su contestación: “Nadie duda que la sanidad en la comunidad de Madrid es la mejor de España”. Que lo he oído y quizás alguna palabra no es exacta pero sí la frase en su contenido. Lo mejor el comienzo: “nadie duda”. ¿Pero como un adulto puede decir algo así? ¿Tú te fiarías de alguien que dice eso de “nadie duda”? Por lo menos podría haber dicho que “nadie duda que la capital de Armenia es Yerevan” que hubiese correspondido igual a la pregunta del periodista y hubiésemos aprendido geografía. Y encima de la sanidad  pública madrileña, aunque quizás no dijo la palabra “pública” y se refería a la privada. Entonces podría haber añadido que no solo es la mejor de España sino que si los ciudadanos de esta comunidad les siguen bendiciendo con sus votos dentro de unos pocos años, pocos, será la mejor de Europa. La privada. Insisto.

Aclaración.

En mi primer artículo de mi viaje a la India el año pasado  decía que el Sr. Montoro adjudicaba el 70% de la culpa del desastre económico actual en el mundo al Sr. Rodríguez. En el mes de enero de este año leí un titular de The Guardian donde decía que daba la lista de los 25 personajes que habían estado en el corazón del desastre. Y lo leí estando seguro que después de ese contundente 70% iba a encontrar a nuestro presidente, si no el primero, –era aspirar demasiado-, sí el segundo o el tercero. Pues no estaba. Aquí tenéis el artículo. 

Un amigo que ha leído los dos viajes a Birmania y que lo hacía con especial interés pues iba a viajar allí me comentó que “me resulta más atractiva tu descripción en 2007 que en 2008”.

Espero que no me ocurra lo mismo en este mi segundo viaje a Japón.

Desde luego la primera vez hay cosas que te sorprenden que lógicamente no te sucede en las próximas visitas. Pero sí me enfrento al viaje con las mismas ganas. Espero poder trasmitírtelas, ahora dependerá de lo que me encuentra y suceda dado que no es un viaje imaginario.

PS.  Cada vez peor todavía.

Y llegan las elecciones gallegas y oigo decir al Sr. Baltar, presidente del PP de Orense, llamar a un rival “maricón, sinvergüenza y miserable”. Claro que el Sr. Ruiz, que estaba en Galicia apoyando a los candidatos de su partido decía que ellos tenían “programas claros y que no insultan”. Pues menos mal.

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