El tren para Delhi sale a las 6:20 de la mañana y a pesar de que estoy muy cerca de la estación les pido a los de recepción que me llamen a las 5:15. El jefe de la recepción es con el que tuve la bronca la otra vez porque no me llamaron cuando lo del ojo y ahora me está tratando muy bien. Le insisto en que si no me llaman no cogeré el tren. Y me confirma “5-1-5” y que no me preocupe que él duerme en la recepción y me enviará un mozo.
A las cuatro me despiertan unos tambores que tocan en un templo cercano. ¡Vaya horas de joder al personal! ¿Quién les habrá dicho que a Dios le encanta que le den la tabarra a esas horas y con tambores? Claro que en mi pueblo también hacen eso en Semana Santa y no creo que nadie sepa la gracia santificante que produce.
Me vuelvo a dormir y a las 4:30 me llaman por teléfono: “Sir, sir”. No sabe decir nada más el que llama. En esos momentos en que 15 minutos son una vida, pues 45 menos son…Le digo que me llame a las 5:15. Pero no me entiende nada. Por si las flais no me vuelvo a dormir. Pongo las noticias y siguen los tiros en Bombay. ¿Pero cuánta munición llevan esos terroristas?
Porque en las pelis a los buenos enseguida les empiezan a escasear y eso que son americanos de USA con todo su poderoso arsenal detrás. Y dicen aquello de “Pasa la orden. Racionad la munición. Disparad sólo sobre seguro. Y nada de ráfagas. Tiro a tiro”. (Los que hemos hecho la mili entendemos muy bien ese críptico lenguaje. Los demás no lo sé). Que los militares racionan en esos casos también las palabras.
Pues lo de estos terroristas aparte del sufrimiento que han producido será para estudiarlo. Leí un artículo de Javier Sampedro sobre las dabbawalas de Bombay. Cuando los vi en mi única visita a esa ciudad me pareció algo asombroso y eso que no disponía de los datos científicos del articulista de El País. Él dice que esa distribución de comida se enseña en las escuelas de negocios de Harvard. Pues lo mismo harán con los suministros de los terroristas.
A las 5 llaman a la puerta. Le digo que “thank you” y que ya estoy levantado. Y el otro venga golpear en la puerta y decir que “sir, sir”. Tanto ha insistido que le abro un poquito la puerta y él intenta entrar. Y yo que estaba desnudo aguantando la puerta. Y el otro empujando. Debe ser que aquí es la costumbre que entre en la habitación a dar la noticia: “Sir, las cinco o’clock”.
Pues encima cuando me voy el tío va y me pide una propina.
El tren es un Radjani, pero de los que la comida no está incluida en el billete aunque sí puedes desayunar pagando. Mi compañero de asiento es un vendedor, quizás un jefe de ventas, de una multinacional americana y está muy intrigado de porqué he venido tantas veces a la India. Ha sido una charla muy interesante sobre este país, sobre los salarios, las pensiones, la asistencia médica y sobre el daño que están haciendo los terroristas con este atentado sin fin. Y me dice algo que es realmente amargo: han muerto siete extranjeros y casi doscientos indios y parece que solo interesan los muertos occidentales. Hace un par de días pusieron una bomba los naxalitas al paso de un coche policial y murieron siete policías. Como en un atentado malo de ETA. Pero seguro que no parece en ningún medio occidental. Solo una pequeña columna en los periódicos indios de aquel día. Yo le presté una atención especial porque creo que era en el pueblo al que pertenecía la cooperativa de Chhattisgarh donde dormí.
Y me da una noticia que me trastoca los planes: hoy es día de elecciones en Delhi. Y por tanto fiesta, con lo que los comercios estarán cerrados. Y es que en este viaje he cogido todas las elecciones.Con éste acabo mis viajes de tren. A pesar de que ha durado cinco horas se me ha hecho cortísimo entre la charla con mi vecino y la escritura del borrador.

Llego a la siempre congestionada estación de Nueva Delhi, me voy al hotel, a cambiar moneda, a comer –en un chiringuito donde he pedido guisantes por error – y me doy una vuelta por Connaught Place, C.P., “sipi”, esperando que a pesar del día prevalezca el sentido comercial indio. Nasty de plasty. Solo los vendedores callejeros. Paso por delante de un McDonald’s y el vigilante de la puerta pasa a los clientes que entran un detector de metales. Claro que como todos los indios llevan un teléfono celular les suena a todos pero no mira más. ¿Sonará diferente cuando lleven un fusil ametrallador o una bomba? ¿Quizás el “War Requiem” de Britten?
Luego paso por delante de un Pizza Hut y allí no controlan nada. Que no lo digo para dar pistas a los terroristas, que ellos ya deben saberlo, sino para mostrar las incongruencias y las diferencias.
También paso por un mercadillo donde hay un arco detector de metales y donde la guardia de la entrada me husmea en la mochila. Pero por la “entrada” por la que salgo hay un “piernas” vigilando que está hablando con un vendedor y no hace caso de los que entran.
En un aparcamiento al aire libre al lado de C.P., algo como la Puerta del Sol o la Plaza del Pilar:
De 10 a 20 horas.
Las dos primeras horas 10 rupias.
Cada hora siguiente 10 rupias.
Un mes 1000 rupias.
De 20 a 10 horas.
4 primeras horas 10 rupias.
De 4 a 8 horas siguientes 10 rupias.
Cambio de hoy: 1€ = 63 rupias.
¿Quién no aparca con esos precios?
Me puedo sentar en el parque que hay en el centro de C.P. Recuerdo que la primera vez que vinimos aquí también nos podíamos sentar aquí al atardecer. Luego empezaron las obras del metro e hicieron una estación y ha estado cerrada muchos años. El año pasado estaba acabado pero no se podía entrar; ahora sí, pero pasando por un control de acceso con detector de metales. Me advierten que está prohibido hacer fotos y fumar. Es extraño que con el teléfono celular la gente siga la norma sobre las fotos. Además la advertencia me la hace en plan personal como si la prohibición fuera solo para mí.
Está todo tan nuevo que da gusto pero es un parque para atardeceres porque no hay ni un árbol. Aquí la naturaleza va a mucha velocidad pero han plantado “frangipaniers” y creo que tardarán unos años.
Hay un ambiente muy agradable de familias y alguna pareja pero nada de amor carnal. Alguna miradita y nada más. Y para lo grande que es esta ciudad no hay demasiada gente. Claro que tampoco hay bancos pero el personal está por el césped. Hay una parte antigua del parque que está sin arreglar donde sí hay bancos pero están ocupados por varones largos durmiendo encima.
Quizás esté también prohibido comer frutos secos porque no hay gente que los coma ni restos por el suelo.
En un par de restaurantes de C.P. hay letreros que dicen “dry day”. En uno incluso explican que por la ley tal de tal estará prohibido servir alcohol desde las 5 de la tarde del jueves hasta las 5 de la tarde de hoy sábado por las elecciones.
Una adolescente indigente va pidiendo por la plaza con un niño de un par de años echado sobre el hombro. Va casi todo desnudo y el culito del pobre niño está ensangrentado. Una señora le echa la bronca y lo cubre con un trapo pero en cuanto la señora desaparece lo vuelve a descubrir para inspirar compasión y caridad.
¿Qué se hace entonces? Pues no lo sé.
Vuelvo al “barrio”, a Pahar Ganj. Entro en un local, donde voy siempre, de internet y me piden el pasaporte que fotocopian. Debe ser una norma en toda la India pero que aquí lo llevan más estricto. A mí no me importa pero me parece la mayor tontería del mundo. Este país tiene creada una superestructura administrativa de controles que sirve para nada. Hoy mi compañero de viaje en el tren me decía en relación con el problema del terrorismo islamista en España y la India que una de las diferencias es que aquí son indios. Y si no lo son, son iguales y no hay manera de distinguirlos. Pero te ven extranjero y pasaporte al canto. A mí no me molesta pero un rubio se ha cabreado porque ya había estado allí por la mañana y ya le habían hecho la fotocopia del pasaporte. Pues otra vez.
Por este blog, por mi hijo y por el periódico me entero de que la Sra. Aguirre ha sido criticada por la celeridad de su marcha de Bombay. De su huída. Y es que, amigo, el miedo es libre. A mí me sorprendió que Marisa me dijese cuando casi empezaba la tragedia que ya estaba en Madrid. Además la tele decía que se había cerrado el aeropuerto de esa ciudad y los vuelos cancelados. O no entendí la noticia o no iba en vuelo regular. Encima el editor de este blog me dijo que viajaba con su fotógrafo. Y eso ya es la leche. Que lo pago yo. Aunque no la vote, que no la voto, y seguro que los que la votáis tendréis una explicación para lo del fotógrafo. Claro que en su época de ministra de cultura (con minúsculas) no sé si distinguiría un “alzamiento nacional” como el del 36 en España de un atentado terrorista y quizás le daba miedo que la cogieran los nacionales de allí. Cómo esa señora ha llegado donde ha llegado forma parte de los misterios insondables, que hay que ser votante suyo y creerlo como artículo de fe. Quizás ya lo he escrito, pero tengo el convencimiento de que el que la aupó fue Pablo Carbonell.
En las webs me entero que se ha acabado lo de Bombay. Se ha acabado el problema de los terroristas que los problemas gordos vendrán ahora.
Ceno en un restaurante recomendado por la guía en el que solo hay unos pocos occidentales: mal y caro. No lo volveré a hacer.
Y pronto a dormir que he madrugado.
PD. Aviso a navegantes. En la India las empresas dedicadas a las tecnologías de la información están incrementando las horas trabajadas. Están pasando a 9 y algunas a 9 horas y media diarias. Por supuesto con el mismo salario.