37. Rishikesh.

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Al levantarme pongo la tele y lo de Bombay sigue activo a pesar de que hace más de 30 horas que comenzó. Esa es la primera noticia. La segunda es que la bolsa india, NSE,  que está en Bombay, abrirá hoy pues ayer estuvo cerrada. Así que ya estamos salvados.

Aparece el editor de un periódico diciendo que es el peor desastre después de lo que pasó con China en 1962: la guerra en la que perdió India un buen trozo del norte de Ladak.  Algo exagerado. Sin embargo antes de ayer murió un montón de gente en unas inundaciones y eso ya no existe en las noticias.

Me voy a la estación de autobuses pues hoy quiero ir a Rishikesh a pasar la mañana. En el camino veo a una señora que vive en la mediana de la calle; allí en esa estrecha franja de terreno tiene todas sus pertenencias.

Pienso en el problema de los huevos aquí, vaya en su falta, y si será delito traerlos desde otra ciudad aunque sea para comerlos en tu casa.  Esto de las prohibiciones y tabús religiosos me deja estupefacto. ¿Qué dios del granado panteón hindú dijo que no se pueden comer huevos?

En la estación de autobús bastante gente con rasgos mongoloides.

Desde el accidente en la entrada de Bhopal me suelo fijar en los laterales  de los autobuses: muchos tienen grandes y profundas rayas.

Adelantamientos.

Rishikesh.

Unos 80 mil habitantes y a solo 350 metros de altitud.

¿Por qué es famosa? Pues en la India ha sido conocida siempre pues además de estar a orillas del Ganges, lo cual aquí es una distinción, y con una muy buena situación, siempre ha tenido una cierta fama de ciudad espiritual, significa algo así como “la ciudad de los sabios”, pero ahora se le llama “la capital mundial del yoga” y hay un gran negocio montado alrededor de esto. Al final de los 60 vinieron aquí los Beatles a meditar y eso acabó de lanzarla.

Hoy tiene un ambiente mezcla de turistas indios y sobre todo de occidentales buscando descanso, paz y espiritualidad. Incluso veo alguno montado en una Royal Enfield. A mí me parece bastante artificial pero es agradable para pasar un rato.

Solo de ver el letrero que dice “The Divine Life Society” ya ves por donde va la cosa. Que es como lo del “Colegio Excelente”.

La buena sociedad.

“-¿Y tú de qué sociedad eres?

-Yo de la de cazadores y pescadores.

-Yo del casino Artístico y Comercial.

-Pues yo de la Vida Divina”.

Que a mí me daría corte decirlo.

Bien es verdad que esta asociación en concreto no ha nacido en la estela de la moda actual, que es de 1936.

Los puntos de referencia son dos puentes peatonales que cruzan el río, “jhula” en hindi. Pero la palabra “peatonal” no debe existir en ese idioma. Ni en ninguna de las 19 lenguas oficiales del país. O han borrado el concepto de la mente colectiva india. Porque las motos pasan sin parar por el puente. Un indio que es incapaz de hacer circular su moto o su coche 50 metros para cruzar al otro lado de la mediana y que circula en dirección prohibida, ¿cómo va a ir en moto un kilómetro para cruzar el río por un puente normal? Es que no debe ni imaginárselo. Los coches no circulan por esos dos puentes porque no caben.

Puente peatonal en RishikeshY todo lleno de negocios religiosos o equivalentes. Y yoga. Mucho yoga. Para occidentales.

Ayer tomé un té al lado del hotel (donde al dueño le había mordido una cobra) y en la mesa había sentado un japonés joven. Hablaba algo de inglés, pero poquito, muy poquito. Acababa de llegar a la India. Le expliqué lo que ocurría en Bombay pues él no se había enterado y por mi preocupación de padre le recomendé que llamase a su casa pues sus padres estarían preocupados. Me dijo que iba a pasar dos meses en la India y que se iba a Rishikesh para lo del yoga. A no ser que sea yoga mudo no sé como se enterará. Aunque estando aquí no me extrañaría que diesen clases en japonés. Claro que yo nunca he hecho yoga y quizás sea como la papiroflexia que solo tienes que mirar como lo hace el maestro. Bueno, realmente tampoco he hecho papiroflexia pero me lo imagino.

Y viendo todo este “business” que hay montado por aquí no dejo de pensar en el nepalí del tren que lleva 12 años en Haridwar estudiando todo esto.

Be good, do good.

De un puente a otro, al lado del río, hay un bonito paseo peatonal, o casi, pues motos y todo terrenos lo impiden.

Muchos santones, mendigos y asimilados. Y mucha basura, realmente mucho desecho de plástico.

Cuando llego al “jhula” importante, el “Lakshman” me cruzo con un grupo de espigadas señoras y señoritas occidentales cada una llevando un aislante para la práctica del yoga. Después será un goteo pero siempre de chicas.

La primera vez que visité esta ciudad, hace años, recuerdo que sí me encontré con bastantes varones occidentales vestidos como los hare krishna, pero hoy no. Más bien son jóvenes que no sé si harán yoga o no, pero han encontrado aquí un ambiente relajado y amable.

Hace calorcito, sobre todo comparado con el frío que he pasado esta noche en Haridwar, y me siento en un restaurante que recomienda la guía sobre todo por su situación y que está lleno de occidentales.   Desde luego tiene una vista privilegiada y hay moscas abundantes, como en la España de los cincuenta, que mira que entonces había moscas por todas partes.

Pasa una pareja joven occidental con una niña de tres años, otra de cinco y un bebé en brazos. Si no es que trabajan en la India habría que quitarles la patria potestad.

Hecho una ojeada al periódico y dice que en el Kumbh Mela de Haridwar del 2010 esperan más de ocho millones de peregrinos. (La noticia decía 80 pero debe estar equivocada). Las autoridades del estado de Uttaranchal han avisado a las de los otros estados que no esperen atenciones especiales para sus VIP.  Y es que de esos 8 millones y conociendo al personal se te pueden descolgar más de medio millón de VIP y ya me dirás como lo haces.

Respecto a la situación de Bombay, que obviamente llena las páginas, un par de comentarios atraen mi atención: “El ataque demuestra que tenemos el peor servicio de inteligencia de cualquier gran potencia del mundo”. En España después del l1-M nadie se atrevió a tanto. Y dice además: “Claramente, inteligencia es la última cualidad que debería asociarse con nuestros jefes de espionaje”.

Regreso a Haridwar en un bus que no va por el camino habitual. Te lo digo por si haces este viaje. Es una carretera de peaje por la que no circula nadie y que trascurre al lado de un canal. Tengo la sensación de que ya he pasado por allí. Y como no hay nadie el conductor va como un loco pero a pesar de eso el viaje es más tranquilo que por la carretera normal.

Al llegar a Haridwar voy al hotel y sigue lo de Bombay. La gente parece preocupada.

Vuelvo al ghat para ver la ceremonia de la ofrenda vespertina pero me sitúo en una especie de islita, enfrente de donde estuve ayer.

El ambiente es el habitual de fervor y negocio.

Un chico “pescando” con un imán desde la orilla y los que están dentro del agua van caminando y buscando con los pies. Si encuentran algo lo cogen con los dedos de los pies y lo sacan afuera para ver si vale algo. Durante el rato en que los he estado observando no he visto que ninguno se metiese nada en el bolsillo.

Algunos se pasean con un pozal con leche y unos vasitos. ¿Alguno será capaz de beberse uno de ellos? Pues no, es otra excentricidad de los creyentes: algunos fieles compran un vaso de leche y lo arrojan al Ganges después de poner la barquita con flores y con la vela. Afortunadamente pocos lo hacen (me parece un derroche debido a la soberbia de las religiones) y además espero que sea una leche aguada y agria.

De regreso paso por varios puestos de comida especializada en indigentes pues no veo a nadie más. El procedimiento es el siguiente: llega allí un caritativo hindú y compra tantas raciones de comida; generalmente es un cuenquecito de arroz con unos minichapatis encima. Los indigentes hacen cola y les da uno a cada uno, y como plus les pone una moneda de una rupia encima. Imagino que a los ciegos les advertirán del donativo porque sino se cagarán en sus muertos. En los del caritativo, quiero decir.

Curiosamente hay una pareja con un empleado de unos de estos restaurantes intentando que vayan los pobres; pero parece que prefieren otros sitios. Que ya debe ser frustrante.

Otra frustración es que por despiste te vayas a cenar a uno de esos sitios y veas que la comida se la regalan a los pobres y que tú eres el único pringado que come allí pagando.

Voy a ver otra vez el sitio donde ayer había un señor muy elegante repartiendo arroz de una gran paellera. Hay una buena cola esperando. Y es que aquí en vez del cuenquito de arroz les dan un cuenco hecho de una hoja vegetal, pero grande, y se las llenan hasta arriba. Pero hoy no está el señor. Parece una sociedad religiosa. Cuando empiezan a repartir la comida los pobres forman una cola.  Claramente es gente habitual que no anda buscando lo que reparten en otros sitios sino que esperan pacientemente allí. Algunos, sobre todo mujeres, llevan una fiambrera grande que se la llenan. Imagino que buscan comida para toda la familia.

Aparece una occidental rubia de unos 40 años, avanza unos metros, ve el ambiente y se da la vuelta. Me ha dado la impresión que no ha atrevido a pasar por allí a pesar de que es una zona tranquila y segura. Debe ser nueva en estas lides. Y en estas lindes. He estado a punto de decirle que pasease por allí que no le iba a ocurrir nada, pero he pensado que además de que quizás no fuese capaz e explicárselo bien, si luego le limpian la cartera hubiese tenido yo la culpa. Allá cada uno con sus miedos.

Un poquito de internet, regreso al hotel donde compruebo que siguen los tiros en Bombay y a dormir que mañana hay que madrugar.

PD.  Viendo la cantidad de basura de plásticos de Rishikesh he recordado una noticia de Francia:  Querían poner una tasa de 90 céntimos de euro por cada kilo de platos y cubiertos de plástico o cartón no reciclable.  A cambio se beneficiaría lo que llaman productos “virtuosos”. La India ha pasado al revés, de que todos sus productos de desecho fuesen “virtuosos” a que sean “viciosos”.

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