33.Dehra Dun. II.

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Hoy es el primer día desde hace unos cuantos que no tengo que esperar ninguna llamada ni tengo ninguna cita así que me puedo reintegrar a mi vida de turista. Y además tengo localizado un sitio donde hacen tortillas para desayunar: una tortilla de dos huevos con dos rebanadas de pan de molde y un té, 20 rupias. Comparado con el té de ayer claramente son dos Indias. La que puede lanzar un cohete espacial pero que no es capaz de suministrar agua potable a sus ciudadanos; la que fabrica el software y la que no puede tener alcantarillas cerradas en sus grandes ciudades, como ésta. No te digo ya nada de sus zonas rurales. Y me temo que esa brecha que no solo es tecnológica sino social y de servicios se agrande cada vez más. En la tele sorprende la cantidad de canales dedicados a la religión –incluso hay uno cristiano, que parece mentira que consigan adeptos con lo que dicen- y a la economía. Y la cantidad de anuncios de temas económicos en las televisiones sean de entretenimiento o de información. Y es que aquí no tienen seguridad social ni cobertura de ningún tipo. Creo que aquí los dos grandes negocios son los fondos de pensiones y la fabricación de frenos para cualquier vehículo. Así sale una niña diciéndole a su papaíto lo preocupada que está por el futuro de su educación. Y en el fondo, aunque no lo diga, el mensaje es terrible, que si a mí me lo dice mi hija cuando tenía 5 años me entra una neurosis: “Papaíto, ¿has pensado que si la cascas no podré ir a la universidad?”.

Bueno, pues hoy estaba en el otro lado de la India desayunando tan ricamente. Y además aunque sea un sitio de los que algunos clasificaríais como “cutres”, las mesas de madera (solo hay dos, en una caben dos clientes y en la otra cuatro) las limpian a fondo y estaban mejor que en muchos restaurantes de mantel (que no cambian).

Mi lugar de desayunoAdemás uno de los clientes se ha prestado a ayudarme a coger el vikram que necesito para ir al FRI (Forest Research Institute); que si aquí no dices las siglas no te entienden.

(Al comienzo de las minicrónicas mi amiga Carmen se quejaba de de que no entendía “C. P.”, pues aquí si dices “FRI” todos lo saben pero si dices “Forest Research Institute” no te entiende nadie.)

En los vikram si van en el interior 3+3 pasajeros se va bien, pero normalmente ponen un cuarto en cada fila; que no cabe pero se hace un poquito de sitio y mete lo que puede del culo en el asiento, por lo que es conveniente no llevar ningún objeto voluminoso en los bolsillos, como una cámara fotográfica o pequeño y duro como caramelos porque se te clavan en tu pierna y en su culo.

Pensaba hoy en aquella historia de la señora musulmana que no consintió en sentarse en el avión porque su compañero de asiento no era pariente suyo. ¡Cómo si no lo hubiese sabido antes de subirse allí! ¿O es que esperaba encontrase con su primo Carlos? Pues aquí se volverían locos. O locas. A mí se me sentó el otro día una señorita encima del muslo. No es que estuviese sentada totalmente, pero desde el punto de vista del contacto como si lo estuviese.

Hoy era muy curioso el contraste entre los cuatro pasajeros que tenía enfrente de mí. Los primeros eran dos jovencitos delgaditos y guapos con su uniforme de colegio o universidad.  A su lado uno de unos 30 años con cara de guardia civil, de los de antes, que ahora no se les nota. Y ha subido un tío de lo más especial: unos 60 años, tez muy curtida, pelo blanco corto y escaso, lo mismo que la barba, con un rectángulo en la intersección de las cejas, pequeñito y amarillo con un puntito rojo en medio. Llevaba pendientes en las orejas, manchas de pintura roja en el cuello, que parecía que le habían degollado, la mano derecha llena de anillos, una camisa amarilla de cuadros y una mantita de listas azules, negras y rojas. Me hubiese encantado saber quien era y a que se dedicaba.

A pesar de que el que me ha ayudado a coger el transporte le ha dicho al conductor que yo iba al FRI, el tío se ha pasado. Aquí no te puedes fiar nunca.

FRI.

El instituto está situado en un parque de 500 hectáreas y dicen que es el edifico más grande de la época del imperio británico.

Lo primero que te sorprende es el precio de la entrada: una rupia.

FRI (Forest Research Institute).Lo segundo son sus grandes avenidas con sus grandes árboles, la limpieza, el silencio y unas casa que imagino de los directores de este lugar pues cada una tiene un letrero con su nombre. Que parece que no estés en la India. Porque ésta no es ninguna de las que he hablado al comienzo: es la India de los organismos oficiales, que seguro que tienen magros sueldos, pero tienen casas, asistencia médica, jubilación, y según su nivel empleados a su servicio, coches oficiales,…Y es una parte importante del conjunto de la población.

El edificio principal es impresionante. Incluso hay una alfombra roja en sus accesos y en buen estado.

FRI (Forest Research Institute).

Entro por la puerta principal y en un mostrador hay varias jovencitas. Me dan una hoja para que la rellene. Es que creen que voy a un simposio que se está celebrando: “Forestry for common people”. Les digo que no, que soy un visitante. Pienso que quizás debería haberlo llenado; habría conocido gente interesante y comido gratis.

Encuentro el centro de información pero no hay nadie. Voy dando vueltas por allí y hay varias salas de museo con aspecto de los que debían tener los museos del siglo XIX. Es interesante para los especialistas de la madera, del bosque, de sus productos y de los insectos que viven allí, pero no para los “common people” que decían los del simposio. Quizás por eso no hay nadie más que yo. Ni vigilantes.

FRI (Forest Research Institute).En unas vitrinas de “productos comestibles” de uno de ellos dice que “eating in famine times”. (Para los no versados: “famine” es “hambruna”). No quiero ni pensar lo malo que debe ser.

En otra sala hay un apartado de “drogas y especias”. Veo       que la “Trianthema Monogyna” se considera “catártica”. De piedra me he quedado. Para mí “catarsis” era la purificación de las emociones y sentimientos y resulta que la “Trianthema Monogyna” me permite conseguirlo. Es como si me hubiese encontrado con algo que me permitiese diferenciar el ser del ente, que era algo que me preocupaba mucho a los 15 años.  Y así descubro que “catarsis” tiene también un sentido físico de purificación fisiológica. Vaya un purgante.

Descubro la “Archangelica Officinalis”. Dice que su nombre vulgar es “angélica”. ¿Por qué no será “arcangélica”.   De todas maneras es un gran nombre. El botánico que se lo dio tiene toda mi admiración. Creo que, incluido el nombre, tiene la descripción más bonita: “la raíz es aromática y se usa como condimento; el aceite de la raíz se utiliza para dar sabor al vino, licores y pastelería”.

Finalmente el “Croton Tiglium” . Dice de él que el aceite de sus semillas se utiliza como “drastic purgative”, que solo de pensarlo da miedo por lo de «drastic».

En una de las salas hay una escala donde se mide la calidad y el acabado de diferentes maderas utilizando madera de teca como índice 100 en ambas escalas. Que sería bien curioso saber como se asignan. ¿Os acordáis del índice Scoville en un artículo que escribí sobre  el “bin-jolokia” cuando estuve en Tezpur? Pues esto debe ser igual. Porque podrás opinar que “más o menos”, pero darle un número…Pues si te tienes que hacer una casa de madera, un mueble o aunque sea un palillo que sepas que lo mejor es el “saisi”  con sus índices de 108 y 107 respectivamente. Después el “haldi” y el “sal”, el resto por debajo de la teca. Y si un pretendiente te dice que te va a hacer una mesa de “mundani” es un “pringao”, pues sus índices son 73 y 86.Claro que yo tengo un familiar que se hizo una cama con la madera de unos palets. Y es que entonces era muy joven.

Los muchos usos de la madera.
En mi deambular llego a la que debe ser la entrada normal y habitual, no por donde yo lo hice, y hay un mostrador donde venden las entradas para la zona del museo y además advierten, tarde para mí, que no se puede hacer fotografías dentro de las salas. De todas maneras he sido el único visitante del museo.

Me voy a la cantina del FRI a comer. No he sabido pedir y me he tenido que conformar con unas samosas y unas fritangas.  Después me siento en unas escaleras a escribir el borrador. La primera vez en este viaje que puedo estar sentado en un sitio tranquilo y bonito.

FRI (Forest Research Institute). Vuelvo a la carretera atravesando de nuevo el gran parque.  Hay algún letrero que advierte de algo a los conductores. En el reverso del letrero dice “gracias” como si los conductores, que por cierto mientras lo observaba no hacían ni caso de él, fueran a volver la cabeza al rebasarlo para ver que les habían dado las gracias.  Ya es ingenuidad pensar que un conductor que no hace caso de las más elementales normas de conducción al entrar en este parque se convierta en un ser seráfico y sea prudente.

Cuando llego a la puerta de salida me dicen el vikram que debo coger para regresar. He estado tanto rato esperando que el guardia que me ha indicado ha debido pensar que yo era un idiota o un analfabeto y ha salido para ayudarme. Después de estar un rato conmigo ha dicho que “todos vienen llenos” (y no paran). Y ha vuelto a su garita. Al final he podido coger uno hacia el centro. Me he dado una vuelta por el “Paltan Bazaar”, el que esta mañana estaba vacío y que ahora volvía a estar rebosante de personal. Y si no circulasen motos sería un lugar muy agradable para darse una vuelta. Porque el sistema que emplean aquí y que es general a todo el país es el siguiente: en una calle normal prohibida a la circulación las aceras están ocupadas por las tiendas. Luego están las motos aparcadas en batería, a ambos lados, Luego están las motos circulando en ambos sentidos y tocando el claxon sin parar (éste sería el tercer negocio de la India que nunca fallará: fabricante de pitos para vehículos mecánicos). Y al final quedamos los viandantes, que en esta calle peatonal, nos movemos como podemos. Añádele a todo esto los vendedores que llevan su mercancía sobre grandes plataformas con cuatro ruedas de bicicleta que empujan ellos mismos y que ocupan casi toda la calle. Y si algún motorista decide comprar algo no aparca la moto, sino que la deja donde le viene bien.

Pues en este endemoniado y “tranquilo” paseo he visto una “sweet shop” donde tenían bastante clientela en la calle, comiendo sus productos. He probado y eran buenísimos.

Me voy después a ver el mausoleo de Ram Dai Darbar. Un sitio tranquilo y bonito para pasar un rato de descanso por la tarde. Hay que andar descalzo por su interior pero estos lugares sijs suelen ser más limpios que otros sitios. En algunas puertas del recinto hay atadas cintas de colores. En algunos sitios lo hacen para pedir novio, o mejor marido, que lo de novio se consigue de cualquier manera, pero no he visto a nadie para preguntarle.

En el Ram Dai Darbar.

Camino de la estación he pasado por una calle en la que solo había vendedores de cacahuetes. Parece que deberían distribuirse por toda la ciudad. Pues no, todos juntos. Claro que las tiendas de lujo de las grandes ciudades también utilizan esa estrategia. O sea que si estás en Dehra Dun y quieres comprar cacahuetes debes ir al lado del mausoleo sij.

He acabado el periplo en mi tasca de los desayunos con un vaso de leche. Ya me tienen como cliente fijo. Solo faltaría que me diesen una tarjeta de fidelización.

Un ratito en internet y cena en el mismo restaurante de ayer.

En el camino veo a un niño recoge-cartones mirando la televisión plana de una tienda de electrodomésticos. Tendría unos 5 ó 6 años. Estas situaciones me afectan más que un mendigo leproso.

NB

Por si algún responsable del FRI lee esto: la “Trianthema Monogyna” está mal escrita en su cajita. Pone “Trianthema Mongyma”.

Otra NB.

Al llegar aquí busco lo referente a la “angélica” y encuentro un par de cosas muy interesantes en una web llamada “El Reino de las Hierbas”.

“Empezó a usarse en Europa en la Edad Media durante las grandes epidemias de peste. Los apestados la buscaban como último remedio al haberse propagado la leyenda según la cual, la Angélica fue revelada durante un sueño por un Arcángel, como adecuada para curar la peste, y es debido a eso que se la tenía como un preservativo contra todo tipo de malos espíritus y brujería. Se creía que todas las partes de la planta eran eficaces contra maleficios y encantamientos. Era tenida en tal estima que se la llamaba la Raíz del Espíritu Santo. De ahí que los frailes y monjes la cultivaran en los jardines de sus monasterios para elaborar distintos remedios, la mayor parte de ellos como licor alcohólico. Con la Angélica se elaboran los licores Benedictine y Chartreuse”