4. De Delhi a Raipur.

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Logo de los ferrocarriles indios.Los asientos.
Un consejo: no te dejes coger la litera de abajo porque el que la tiene decide la forma de viajar en todo el trayecto. Verás porqué.

Los vagones de “2AC”, o sea de segunda clase con aire acondicionado, tienen departamentos de cuatro pasajeros en un lado con cortinas -no puertas correderas-, que se cierran con velcro por la noche, aunque la mayoría las tienen así todo el viaje. Además hay dos asientos más al otro lado del pasillo colocados en el sentido de la marcha del tren. Así que no hay pasillo con ventanilla donde levantarte y estirar las piernas y ver el paisaje.

Los dos asientos del pasillo son los peores pues aunque tienen ventanilla asegurada forman la litera inferior con los respaldos de los dos asientos, son más estrechos que los otros y los viajeros que atraviesan el pasillo siempre pasan a tu lado. Si vas en pareja aún se puede estar pero si vas solo lo tienes muy mal.

En el departamento de cuatro, las dos literas superiores están siempre puestas y corresponden a los dos asientos del pasillo. La litera del asiento inferior se forma bajando el respaldo del asiento. A esta litera le corresponde el asiento de la ventanilla.

La norma es que hasta que no se acaba de cenar no se pone la litera inferior. Y así llega la noche y hasta ese momento te puede dar lo mismo una que otra pues el acceso a la superior no está mal.

Pero llega el día. Y si tú eres el que tiene la litera inferior decides cuando vuelves a transformar la litera en asiento, que puede ser alrededor del desayuno. Y así vuelves a estar cómodamente sentado el resto del viaje. Pero si tienes la de arriba lo normal es que la de abajo la tenga un indio y que sea un indio dormilón, que le guste estar todo el día largo o, como a la pareja que tengo enfrente de mí, que les gusta estar sentados pero con las piernas cruzadas encima del asiento y prefieren tenerlo en posición de cama todo el viaje.

Si cojo otro día un asiento de 3AC, tercera con A.C., explicaré la estrategia que varía un poco.

La comida.

Primero te dan el material de cama: dos sábanas impolutas, una almohada con funda, una manta (que imagino también limpia porque como es azul marino no se sabe) y una toallita. Esto es general a todos los de “2 AC”.

Como este tren es de los de “todo incluido” nada más salir te dan una botella de un litro de agua.  Al poco te sirven dos biscotes, una porción de mantequilla, un sobre con sal y pimienta por si no te parece bastante fuerte la crema de tomate que te sirven a continuación. Y muy buena.

Llega la hora de la cena y te preguntan si “veg” o “no veg”.  Dando por seguro que el plato vegetariano picará como un demonio le digo que “no veg” que suele ser de pollo. Pero entonces no me lo servirán hasta las 11 de la noche. Y son las nueve. Y además llevo bastante sueño retrasado, así que “veg”. La bandeja tiene cuatro recipientes  rectangulares de papel de aluminio, el más grande con arroz blanco hervido, el más pequeña con patatas guisadas, muy buenas, y otro con una especie de crema de lentejas y otro con algo vegetal desconocido con tofu. Y se podía comer; estaba muy especiado pero con el arroz entraba bien.  También había dos chapatis envueltos en papel, tres rodajas de pepino y dos de rábano. (Hay que quedarse con la sal del aperitivo previo pues ahora no la hay). Finalmente hay una racioncita de pickles y un bol de barro con yogur. Cuando recogen la bandeja te dan una tarrina de helado. Y aunque parezca mentira no te dan té. Aunque desde que sale el tren hay continuamente mozos del servicio de comidas vendiendo té y café´.

Y ya te preguntan qué quieres para desayunar.   Menos mal que mis compañeros de viaje siempre me ayudan porque no siempre el camarero sabe algo de inglés. Se puede elegir entre “veg” y tortilla francesa. Lo primero tiene en lugar de la tortilla dos croquetas vegetales. El resto es igual: dos porciones de pan de molde, una porción de mantequilla, una de mermelada, salsa de tomate, zumo de manzana y un té para dos servicios. Y la tortilla, claro, que picaba bastante. Previamente nos habían servido una bandejita con dos galletas y un té: el “wake-up tea”. Realmente esto te lo sirven cuando estás durmiendo, al menos en mi caso que me he dormido como un tronco.

La comida sigue un patrón parecido a la cena: primero el aperitivo con los biscotes y demás pero esta vez con una crema vegetal suavecita. Y ya llega la comida. Esta vez sí he podido pedir “no veg”, o sea pollo. Una bandejita de papel de aluminio con arroz, otra con una salsa vegetal muy buena que parecía de legumbres y otra con pollo con salsa. Picante, picante. Y eso que lo he elegido por consejo de mi compañero de viaje que me ha dicho que el pollo era mucho más suave que el plato “veg”. Eso sí, estaba muy bueno. Y también los chapatis, el rábano, el pepino y los pickles. Y yogur y un botecito con dos rashgulla, un dulce hecho a base de leche.

He observado en las dos comidas que los indios comen despacio o muy despacio.  O por lo menos más despacio que yo. Tendré que preguntar si es de mala educación comer más rápido que ellos.

La comida acaba cuando el mozo que la ha servido pide una propina.

Un detalle curioso que descubrí a posteriori es que todo lo referente a la comida incluidos los componentes y peso de cada uno está publicado en el libro que tengo de la Indian Railways.

El viaje.
Ha transcurrido según lo previsto.
La noche tranquila y los niños no se han movido. Y si lo han hecho no me he enterado. Cuando me he despertado el sol estaba bastante alto. El paisaje ha ido cambiando entre llanuras secas con árboles desperdigados y otras con arroz que lo están segando a mano con hoz. Más árboles y algunas veces suaves colinas y muchos arbustos.

El pobre niño debe estar cansado del viaje y empieza a invadir mi territorio. Lo voy permitiendo hasta que coge la funda de plástico de mis papeles y empieza a hacer un rollo con ella. Ahí acaba la invasión. Afortunadamente se han bajado a media mañana en una de las pocas estaciones que paramos. Esta, como todas, está llena de gente.  Es una estación limpia por donde pasan dos barrenderos recogiendo lo que la gente tira a la vía. (Aquí todo se tira a la vía). En cuanto acaban de pasar salen unas ratas hermosas y rollizas de sus madrigueras y se pasean tranquilamente por entre las traviesas.

Al bajarse la familia de los niños el señor mayor que estaba sentado en el asiento del pasillo con su mujer se pasa a nuestro lado. Ambos señores hablan un buen inglés y charlo algo con ellos.  Es curioso porque así como yo estoy interesado en cosas de la India ellos no muestran ningún interés por España. Pienso si además fuese nacionalista aragonés y tuviese que colocarles mi discurso. ¡Qué decepción!

He aprovechado la mañana para preparar el viaje que intentaré hacer a partir de ahora.

Ya dije que esta vez no tenía nada previsto excepto mi viaje a Raipur, pero esta mañana he estado leyendo algo de mis capítulos recién descargados e impresos y con la ayuda de la guía de trenes que compré ayer creo que lo tengo más claro aunque hay un montón de incertidumbres en algunos de los pasos previstos. Pero lo empiezo a tener casi decidido en la parte de Madhya Pradesh. Para la parte de Chhattisgarh esperaré a hablar con el periodista.

Y así llegamos a nuestro destino. Digo “llegamos” porque mis compañeros de viaje también se bajan en la misma estación.

La persona que vengo a ver en Raipur me había preguntado por el número de mi vagón, detalle imprescindible si esperas a alguien en estas estaciones tan largas y tan llenas de gente y con trenes tan largos.

Me dijo que vendría él o enviaría a alguien a buscarme.  Al bajar busco a alguien que pueda ser el editor de un periódico indio. Vaya, la idea que tengo de un intelectual indio: todo vestido de blanco, de mediana edad, y con un gorrito blanco parecido al que llevan en España los panaderos. O quizás los reposteros. Algo así como mi editor de este blog pero en indio.

Y el que se me acerca es un joven con una camisa y unos pantalones indefinidos y unos zapatos sucios. Le pregunto por su nombre, el del editor, y me contesta que “yes”. Decepción y alivio. Decepción porque no se ajusta al patrón que me había forjado. Alivio porque no me encontrará sucio y desaliñado después de los días que llevo viajando con la misma ropa, con la misma barba, sin lavarme apenas y además con el vino tinto por encima de los pantalones. Salimos de la estación y no hace nada por ayudarme con el equipaje así que no tengo claro si definitivamente es el editor, pero tampoco es un taxista que ande buscando la propina. Os recuerdo que llevo una mochila mediana a la espalda y otra pequeña-mediana delante. Vaya, como todos los que andamos con mochila por el mundo. Un estándar. (Menos mi amiga María Jesús, la de Birmania del año pasado, que llevaba una mochila enorme en la espalda y una grande delante; pero es que era de cerca de Bilbao). Pues llevando dos es normal que te digan que te llevan una. Y yo en estos casos siempre les doy la pequeña.

Pues este “editor” nada. Pensaba que me llevaba a coger un “autorickshaw”.  Pues no, en una motocicleta. Y entonces mis sospechas sobre la personalidad de mi acompañante han aumentado. En el viaje me ha preguntado si yo era alemán. Yo iba a decirle “¿pero tú no eres Sunil?” Me dice que a él también le gusta mucho la fotografía y que qué cámara llevaba. Para no decepcionarle le he dicho que la de las fotografías era mi mujer. Al final he llegado a la conclusión que debía ser alguien de la redacción que como tenía moto le han enviado a buscarme.

Vamos al hotel que me han reservado y me pregunta el de la moto que cuántas habitaciones quiero. Os lo juro. Creo que es una de las preguntas más absurdas que me han hecho en mi vida después de las preguntas del bautismo. Y entonces tenía una semana de vida.

Me llevan a la habitación y allí sube conmigo el fotógrafo-motorista quizás porque es una norma de la “educación para la ciudadanía india”. O quizás porque su jefe le ha dicho que comprobase que me instalaban en una buena habitación. Así desde allí le llama y me dice que vendrá dentro de media hora a verme. Y por fin se va. Después aparecen dos botones con mando de TV y toallas y esos no se van. Y yo venga decirles que todo está muy bien y que se vayan. Ni por palabras ni por gestos. Así que he empezado a desnudarme. Me quito la camisa y nada, pero cuando empiezo a quitarme los pantalones han entendido que se tenían que ir.

Me aseo y me cambio de ropa a toda pastilla y bajo a la recepción a esperar. Y allí sigo esperando y esperando pero en vano. Primero pienso que quizás el motorista no entendió bien y en lugar de media hora le dijo hora y media.  Le llamo pero no contesta. Si no lo localizo me iré mañana a Jagdalpur. Al final logro hablar con él: ha tenido un problema con el padre de un amigo o algo así. Hemos quedado mañana a las 8 de la mañana.

Preguntas bautismales.

¿Renuncias a Satanás?

¿Y todas sus obras?

¿Y todas sus pompas?

Y yo tenía unos días de vida pero alguien contestaba por mí: “renuncio”.

Consejos viajeros.

1. En estos recorridos tan largos es muy conveniente llevar chanclas. Así que si no las llevas puestas tenlas a mano.

2. Si coges el tren en la estación de origen intenta llegar pronto a tu asiento para colocar el equipaje. Se coloca debajo de los asientos y hay personal que lleva mucho equipaje y te puedes encontrar sin sitio para ponerlo. Y es difícil a veces conseguir que lo quiten. Además es gente con la que vas a compartir muchas horas, quizás más de 24, en un espacio reducido y es mejor llevarse bien.

3. Por supuesto tu equipaje debe caber debajo del asiento. Si no tienes un verdadero problema.

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2 comentarios to “4. De Delhi a Raipur.”

  1. jose luis Says:

    Las artimañas que cuentas son de gran ayuda, pues no es tontería cuando el viaje es largo. Mi elección siempre es upper bed.
    Las patatas guisadas son de mis preferidas, por lo menos en el norte y por la montaña. Creo recordar que se llaman Sabji o Sabyi??
    Por otro lado, sobre el arroz, cuántos fuegos internos habré apagado con él!

  2. Angel de la India Says:

    Joséluis, me gusta mucho lo de “fuegos internos”.

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