2. Madrid-Helsinki-Delhi.

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A diferencia de otros viajes a la India en que salía tan temprano que debía pasar la noche en el aeropuerto, en esta ocasión por la hora de salida y la ayuda de mi hijo que una vez más me ha llevado a la T4, sólo he tenido que madrugar un poquito.

En la cola de facturación un grupo bastante grande de orientales de mediana edad.

En la espera de la puerta de embarque hay una novedad, por lo menos para mí: un “control sorpresa” de personal de Aduanas y de la Agencia Tributaria. Era como en las pelis americanas pero sin armas ni rudeza. Y con sus chalecos que en lugar de poner “FBI” ponía “Aduanas”. Y también como en las pelis todos eran hombres menos un par de jovencitas. Y guapas, también como en las pelis, donde los polis pueden ser horrorosos pero las chicas siempre son unas monadas.

Al ver a los de la Agencia Tributaria (¡qué miedo me dan!) pienso si nos pedirán la declaración de renta al salir.

Me siento al lado del “grupo operativo” y oigo las instrucciones que se están dando: “dos filtros, el escáner y lo que tú veas”.

Al comienzo creo que pueden buscar gente que saque dinero. ¿Serán los de la secta Montoro que creen que España se hunde llevándose por delante a toda la economía mundial? Puede que sí sean de esa escuela por el científico “y lo que tú veas”.

Pero, ¿a dónde se llevarán el dinero? Claro que este avión va a Helsinki y eso es lo más lejos que debe haber desde Madrid dentro de la zona euro.

Sigo oyendo y deduzco que buscan a chinos que deben sacar pasta en cantidad. Imagino que ya habrán cogido a alguno o ha habido un chivatazo, pues no van a montar un operativo (”montar un operativo”, ¡cuánto me gusta esa frase!, pensaba que nunca podría utilizarla), de unas 15 personas para nada.

Por los gestos esperan paquetes grandes de billetes. Oigo las últimas instrucciones: “Si ves por el escáner un paquete así y así, lo separas y lo vemos aparte”. “A la tripulación ni la miréis”. Que dicho así parece como un desprecio y eso que eran todas unas azafatas rubias y guapas. Pues “ni mirarlas”.  Y eso es que estos de aduanas no ven cine, porque había una peli donde salía una azafata “negra potente” (Lo siento, pero viene una autocita  como la cerveza del viaje a Birmania ) que “pasaba”. Y la pillaban. Pero a estas finlandesas “ni mirarlas”.

Y efectivamente cierran por fin con cintas todo aquel trozo y todos los pasajeros a pasar las bolsas por el escáner. Y a casi todos los chinos los apartaban para cachearlos y mirarles a fondo el equipaje. Que a aquella pobre gente que iba en grupo les debió parecer algo de sinofobia.

Delante de mí en la cola una jovencita. El de aduanas, joven, con su peto amarillo y buen inglés le pregunta si lleva más de 10 mil euros. Se lo ha repetido media docena de veces. Pero es que la joven era china y ha hecho el aduanero como los ingleses que creen que si hablan en su idioma todo el mundo les tiene que entender. Imagino que no la han enviado directamente al cacheo porque iba con una viejecita en una silla de ruedas.  Pero aquello se había estancado, así que decidí “tomar el mando”. Saco un papel y un boli y le escribo “10000 €”. Y la chica ha dicho que no. ¿Qué pensaba el aduanero que iba a decir que llevaba medio millón? Con lo fácil que es llevar un papel escrito en chino con la pregunta si ese día tocaba “cazar chinos”. Claro que por todas las explicaciones que daban en la espera me parece que eran todos medio becarios o era la primera vez que lo hacían.

Después de la jovencita voy yo y el aduanero sigue tan en su papel que a pesar de que le enseño el DNI como documento acreditativo me sigue hablando en inglés: “oye, si quieres háblame en inglés pero te entiendo en castellano”. Y el pobre se quedó como atontado.

Esta vez viajo con las líneas aéreas finlandesas y he descubierto tres cosas: que son muy baratas, (eso ya me lo había descubierto un amigo, Ignacio, que está en la cárcel, no, no como penado sino como profesor enseñando cosa útiles para la reinserción como la definición de mol), que las emplean muchos chinos para ir a su país y que los finlandeses al medio día comen muy poquito y muy prontito, a las 11 de la mañana hora española. Además aprovecho la comida para tirarme media botellita de vino por encima de los pantalones. Bien es verdad que llevo unos muy sufridos, tipo “pantalones de aventurero que no se ensucian y si se ensucian peor para ellos” pero es que echarme el vino el primer día… Y son los únicos que llevo. Bueno, llevo otros que son solo para el viaje de vuelta pero es que además están al fondo de la mochila.  Cuando puedo ir al lavabo me echo sobre la mancha toda el agua que puedo para ver si se soluciona algo. He salido de allí como si me hubiese meado encima. Menos mal que mi compañero de asiento sabe de qué iba el asunto y de que no ha sido cosa de la incontinencia urinaria. Es un chino que vive en Las Palmas y que va a pasar cuatro meses a su casa.  Habla algo de español y me explica que el grupo grande de chinos viene de Mallorca. Así que eran turistas como del Inserso chino y no contrabandistas.  El que está a su lado es un sudamericano joven que viaja con su familia al otro lado del pasillo. Va tatuado como un maorí. (Eso lo aprendí en “El Piano”).

En el avión también hay algún excéntrico más que sospecho que me los encontraré en el vuelo a Delhi.

Hemos tenido casi todo el vuelo cubierto con nubes excepto el paso de los Pirineos. ¡Qué preciosidad son las montañas nevadas!

También ha habido un rato de traqueteo que ha cambiado a “saltitos” y algo más. Todo el personal con los cinturones bien apretados y sin decir ni una palabra. Hay gente que paga por pasar miedo, pues aquí estaba incluido en el precio del billete.

En el avión leo El País y un artículo de Rosa Montero en el que se queja de que ese periódico le haya dedicado uno de estos días dos páginas a la Reina y sus polémicas declaraciones y solo dos líneas a la tragedia del Congo.

El día de la bomba en la Universidad de Navarra (¿por qué es más importante una bomba en una universidad que en un supermercado o en un cuartel?), sin muertos, de casualidad pero sin muertos, hubo una cadena de atentados con bombas en el estado de Asam con 70 muertos y más de 500 heridos. El País Digital le dedicó cinco líneas cuando ya llevaban un montón de horas con la noticia y encima escribieron mal el nombre del estado todas las veces que lo hicieron (¿cómo se puede escribir cinco veces “Asma” en lugar de “Asam”? ¿Es que no tienen correctores de texto?) y además dijeron de una ciudad que era capital del estado no siéndolo. Ya sé que no pasarán de diez mil las personas que en este país que puedan decir cuál es la capital de ese estado, pero ¿dónde buscan la información los periodistas? (Me temo que no la buscan).

Y así llegamos a Helsinki.

Un aeropuerto pequeñito pero lleno de viajeros. El cielo totalmente cubierto y se hace de noche echando leches.

Cuando aparece mi puerta de salida en los letreros de información tengo que pasar de la parte europea a la que no lo es. Vaya, donde tienes que enseñar el pasaporte. Este lado está bastante vacío y parece más confortable.

En el lavabo encuentro una agenda de teléfonos. Está totalmente llena y muy gastada. Toda una vida reflejada allí. Me hubiese encantado saber de quien era pues tenía muchos conocidos. Amigos o enemigos, no lo sé.  Pero muchos. Había cosas escritas en cirílico. ¿Sería ruso? Imagino que es de alguien que ya se ha ido y en el avión destino a alguna ciudad remota ha descubierto que ha perdido su pasado. Por si la reclama la entrego en un mostrador. Pero me hubiese gustado quedármela e ir llamando a los de la lista.

En la espera leo algunos de los papeles que he impreso de alguna oficina de turismo india. De una de las ciudades que quizás visite dice: “Es una de las pocas ciudades de la India donde gentes de diferentes religiones, castas y cultura están viviendo en paz y armonía”.    Y eso en lugar de tranquilizarme consigue el efecto contrario. ¿Quiere decir que en el resto de los pueblos y ciudades el personal anda a garrotazos?  Es como si para vanagloriarse de un pueblo dijesen que “es el único de esa comarca donde no echan a los forasteros al pilón”. Pues te preocupa si vas a ir a esas tierras “piloneras”.

Veo a una pareja que también ha viajado desde Madrid y que allí ya me parecía que eran de los que iban a la India, pero que no eran del grupo estrafalario. Sí algo especiales. Hablo con ellos y han ido varias veces. Les pregunto si conocen alguno de los lugares a donde quiero ir. El había estado hace años en Madhya Pradesh en un parque para ver tigres. Tuvo que esperar cinco días para ver uno. Y se me ha disparado una señal en mi cerebro: “tú haces fotografía”. Pues sí. Porque solo un fotógrafo, aficionado o profesional, es capaz de hacer algo así. Pero éste era de los modestos que no fardan con ello porque a pesar de llevar un equipo estupendo le he tenido que sacar la información con sacacorchos. Una pareja muy maja.

En el vuelo me toca con otra pareja, madre e hijo, nepalíes, pequeñitos y ella con mucho frío.

Una cena ligerita y a dormir que es una noche muy corta.

Por la mañana un desayuno minúsculo y ya estamos en Delhi.

N.B.

Por si te interesa la azafata “negra potente” era Pam Grier, una actriz  norteamericana protagonista de películas de serie B del tipo de las etiquetadas como “blaxploitation” en los 70. Una de ellas es “Foxy Brown” la chica negra que liquidaba a los villanos blancos (y negros) en la era preobama. Tarantino le devolvió la popularidad, como a Travolta, en “Jackie Brown”, donde podeis verla de azafata madura. Los trailers de sus películas tienen calificaciones excelentes de sus muchos fans en youtube.

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2 comentarios to “2. Madrid-Helsinki-Delhi.”

  1. jose luis Says:

    Montoro y su compañía de agoreros…
    Ángel, realmente merece la pena ir hasta Helsinki?, con sus horas extras de vuelo. Te ahorras dinero de verdad? Miraré si vuelan a Kathmandú desde allí.

  2. Angel de la India Says:

    Joséluis, ni idea si Finnair vuela a Nepal, ni siquiera si hay vuelos directos desde Europa.

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