De Bangkok a Madrid.

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Pues esto ya se acaba. Como siempre que sales a medianoche el último día, sin hotel, es un poco complicado. Pasamos casi todo el día en Chinatown y al final en “nuestro” barrio. Cena en un chiringuito y espera en el bar del hotel.El aeropuerto de Bangkok, el nuevo, es enorme y funcional. Aeropuerto de Suvarnabhumi.Los de la Thai Airways funcionan de maravilla y la facturación, a pesar del gentío, va rápida. Las salidas de emigración también. Los policías tienen unas camaritas tipo webcam donde dice que debes mirarlas y no llevar gafas, ni gorra con visera. ¿Qué harán con las mujeres musulmanas tapadas? Una vez en El Cairo, hace muchos años, había una mujer tapada en un restaurante. En aquellos tiempos en Egipto que venía de un régimen laico como el de Nasser, no había mujeres con velos. Las que se veían eran de los países del golfo que iban allí de vacaciones. Incluso estuvimos en una playa con occidentales en top-less bajo la atenta mirada de beduinos en sus camellos. Pues en aquel restaurante me preguntaba como haría aquella mujer para comer. Al final resultó que también tenía un servicio de “comida para llevar”· y así se fueron con la comida y yo me quedé con los ganas.

Pasamos así los controles de emigración y de seguridad, éste con “pérdida de líquidos” y llegamos al final a la sala de embarque. Y allí me encuentro a Garzón. Sí, a Baltasar Garzón. Bueno, pues así como a veces creo que habrá alguien importante que me leerá –y lo deseo- o que por lo menos me lean sus robots, como en el caso de Antonio Banderas, en este caso espero que no me lea. Además de su importancia en la historia de España actual e incluso mundial –y no lo digo en broma- pues no podré olvidar que fue el primero que le metió mano a la injusta impunidad de Pinochet -Straw, tampoco podré nunca olvidarte-, pues a pesar de todo, dada la carencia tecnológica de la administración española seguro que no tiene un robot, un humilde robot, que le recoja la información que sobre él aparece en la red. Pues eso, que espero que no me lea, pues es muy peligroso decir nada de los jueces, como de los abogados.

La situación era la siguiente: bajábamos por la rampa de la sala de embarque C4 y veías a la gente que se decían algo entre ellos y al final movían la cabeza afirmativamente. La conversación, que no escuché, sería:

– ¡Osti tú, Garzón!

– ¿Cómo que Garzón? Él no va a ir en el mismo vuelo que nosotros.

(Comprobación visual de nuevo)

– Pues sí, es él.

Y entonces era cuando las parejas o los grupos de parejas movían la cabeza. En este vuelo todo eran parejas. Incluso Garzón. Algunas estaban agrupadas. Se distinguían porque después de haber estado 12 días, 10 noches –según publicidad de las agencias de viajes que son los únicos que distinguen los días de las noches y que además no coinciden en número- juntos, hablando sin parar y al llegar al avión en cuanto se apagaba la luz de “abróchense los cinturones y permanezcan sentados”, se levantaban raudos, se agrupaban y seguían hablando a pesar de los ruegos de las azafatas tailandesas de que permaneciesen sentados. Pues así la algarabía era mayor cuando todo el grupo reconocía al juez. Omitiré algún detalle que pudiese vulnerar su intimidad o su seguridad. Iba con otras parejas y su aspecto era sencillo a la par que elegante. Según frase de mi amigo Guillermo. Llevaba colgando una bolsa de tela que ponía “Myanmar”, o sea que habíamos estado en el mismo sitio. Quiero decir en el mismo país, que no en los mismos lugares, que llevaba unos mocasines beiges que quizás son los más adecuados para subir a un vuelo de Bangkok a Madrid pero nada útiles para andar por Birmania. Claro que como yo sólo llevo los zapatos que calzo y un par de chanclas creo que todo el personal va así. También puede que la bolsita se la hubiese comprado en El Corte Inglés de Bangkok, pues así como en España organiza la semana de Tailandia o la de la India, aquí quizás lo hagan con Birmania. Así estás tan ricamente en una playa de Tailandia y regresas con la bolsita de Birmania como si hubiese cruzado la selva que hay alrededor del Ayeyarwady. Encima seguro que la junta militar no lo conocía porque si saben lo que le hizo a Pinochet seguro que no le dejan entrar. Bueno, pues allí estábamos al lado de alguien tan importante esperando que nos llamasen. Por cierto, sus amigos con aspecto de normales. Y me quedé con la duda de qué tipo de maleta llevaría el juez. En la cola de facturación me daba vergüenza llevar tan poco equipaje al lado de las grandísimas maletas que todos llevaban. Es que debe ser un farde: “Oiga que el límite son 20 kilos por persona y entre usted y su señora llevan 340”. Y tú hinchando pecho y diciendo que no lo entiendes y que te lo repitan más alto, para que los otros pringados de la cola se enteren, que ellos no pasan de 217 kilos. Pero no pude ver la de Garzón. Tampoco si viajaban en turista o en preferente, pero dado el sueldo de los funcionarios públicos imagino que viajaba en “economy” como nosotros.

El vuelo una maravilla. Además por los caprichos del destino tuvimos los tres asientos para nosotros dos solos. Todo esto unido a las atenciones de las azafatas, me daban ganas de quedarme allí una semana.

Al ir a bajar la azafata de nuestra sección nos da un formulario sobre la satisfacción del cliente para que lo rellenemos. Les dicen que deben dar un formulario al azar y se lo dan al que se le está cayendo la baba del gusto de viajar así. Cuando se lo devuelvo ya aterrizando le pregunto que si no dan flores a las pasajeras. El año pasado en un vuelo similar y este año en el de Rangún a Bangkok daban un par de orquídeas a cada señora. Me dice algo que no entiendo y cuando ya estábamos en la puerta de salida nos aparta y le da Marisa una docena de orquídeas. Que éramos la pareja más simpática de su sección y eso que de las 12 horas del viaje habremos estado durmiendo 8 ó 9. Bueno, fue una agradable recompensa.Orquídeas de Thai Airways.

Llegamos a la cinta que nos devuelve los equipajes. Y allí están Garzón y sus amigos como uno más. Al fin podría ver qué tipo de maletas llevaba. Pues no, mi equipaje salió antes y no era cuestión de estar allí espiando al juez, que la policía podía sospechar que formaba parte de algún grupo de espías de la tercera edad. Así que a mi pesar me quedé con la duda.

Y ya Madrid, esperando infructuosamente que nuestro hijo viniese a buscarnos.

Y la vida comienza de nuevo.

Mañana último capítulo.

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