Rangún por segunda vez, día 2 (2/2).

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Vamos a visitar un mercado del que la guía dice que hay una sección de serpientes donde te venden la sangre y otros órganos y que las destripan delante de ti. Pues menos mal que no hemos ido por ese motivo porque no lo hemos visto. Hemos ido buscando un té que dicen que solo lo venden aquí y que es algo especial. ¡Y tanto que lo es! Es que en lugar de hacerlo en infusión se come directamente como un aperitivo o un digestivo después de comer. No lo tengo claro, pero así hemos descubierto qué eran unas hojas amargas que a veces nos ponían en un platito y que como a las dos chicas no les gustaba me las tenía que comer siempre yo. Uno de los productos que he visto que vendían eran las conchas de los mejillones. No he logrado saber para qué servían. Una vez conocí a uno que las molía y lo ponía como alimento para los cactus. No sé de donde sacaría que a los cactus les gustan los mejillones. He hablado con varios vendedores. Casi todos eran musulmanes de origen indio, más exactamente tamiles. Ayer pasamos por la puerta de la gran mezquita de Rangún. Un gran letrero decía que era de Bengala Occidental. Sólo he encontrado uno que fuese birmano de origen birmano. Carnicería en mercado de Rangún.Algunos puestos con cosas extrañas de medicina tradicional, pero que dado su conocimiento de inglés y el mío de birmano no me he atrevido a comprar nada. En algunos puestos vendían cuerdas. Uno me ha dicho que eran “fishing nats” y como vengo de Bagán donde hay mucho culto a los “nats”, que son los espíritus, he creído que era algo de tipo religioso para coger a los “nats”, que había leído que cuando le entran a uno en el cuerpo son muy difíciles de sacar. Pues al final han resultado ser “fishing nets”, redes de pescar. ¡Siempre el idioma! Bastantes carnicerías en ese mercado y siempre carniceros musulmanes. Incluso he visto a una clienta tapada con el niqab, como las saudíes, lo cual debe ser aquí una excentricidad. Brazo brahmánico en rito purificador.Acabamos al lado de un templo hindú dedicado a Kali. De no ser porque aquí hay mucha menos gente que en la India te creerías transportado allí. Alguna señora con sari y todos, ellos y ellas con cara de indios. Y con los mismos ritos que allí. Y como siempre que está de por medio la religión están los que controlan los ritos, los sacerdotes, que hacen y dicen cosas que sólo ellos saben o que sólo ellos pueden decir y hacer. Y la gente, los fieles, creen imprescindibles esos ritos y por tanto a esas personas. ¿Por qué sólo un hombre nacido brahmán puede hacer eso con el fuego? Me recuerda a las farmacias en España después de verlas en la India o en Birmania. ¿Por qué aquí están reguladas? La diferencia con los brahmanes es que no necesitas que tu padre sea farmacéutico para tener tú una farmacia. O, ¿sí? El rito laico.

Después del templo hindú nos hemos ido al barrio chino. Al de los chinos, no al de las meretrices, que no sé dónde deben estar. Entramos en un edificio con aspecto de templo. Nos descalzamos y entramos. Viene corriendo un empleado a decirnos que se puede ir calzado y que además no es un templo sino un local de una asociación china. Al final encontramos el templo que buscábamos. Y además se puede ir calzado excepto en una especie de oratorio pequeño con un Buda. Algunos fieles meten unos sobres en un horno y los queman. Quemando malos pensamientos (?) en un templo chino de Rangún.No sé si serán maleficios, tipo “que a mi jefe le crezcan los pies tres números”, o bien malos pensamientos que así se hacen humo. Por cierto, en mi época escolapio-franquista para los buenos padres escolapios los malos pensamientos sólo lo eran de un tipo. ¿Lo adivinas? ¡Has acertado! Ni siquiera consideraban malos pensamientos que tú deseases con todas tus fuerzas que un rayo le partiera la crisma a uno de ellos. Bueno, pues aquí los queman. Después de dejarte deambular calzado por un templo chino te entran ganas de ir a China y visitar todos sus templos. Pero, ¿quedan templos en China después de la Revolución Cultural?

Comemos en un restaurante del tipo “comida rápida” que aquí suelen ser locales grandes, limpios y con comida habitual y alguna copia de la comida rápida occidental. Algunos pertenecen a una cadena pero éste tenía un nombre poco comercial y a lo mejor era el único: “Uncle Bird Cafe & Bakery”. ¿Qué entenderán aquí por “tío pájaro”. Quizás en birmano suene bien. A pesar de que no es muy grande tiene 7 u 8 empleadas todas jovencitas incluída la jefa que es la única que habla inglés. Me pregunta que de donde somos. Da un grito de alegría. “Mi equipo favorito es el Barcelona. “Y Raúl”, añade. Mis conocimientos de fútbol no son muy profundos pero me parece que Raúl es del Madrid. Quizás para una jovencita birmana se pueden compaginar ambos amores. Marisa va al lavabo y vuelve conmocionada: había un escarabajo de 20 centímetros. Le pregunto que como sabe que era un escarabajo y no una cucaracha. “¿Has visto alguna vez una cucaracha de 20 centímetros?”. Pues tampoco he visto un escarabajo tan grande pero en la vida matrimonial es mejor no discutir por hechos tan baladíes. Me dice que si no me lo creo que entrase a comprobarlo cuando fuese yo al lavabo. Pero no iba a entrar en el de señoras –que además en ese lugar había una señora dibujada en la puerta y no había lugar a equívocos- y que me encontrase allí una de las muchas empleadas. Y yo explicándoles que es que mi señora me había dicho que había un escarabajo de “king size”. Y además en inglés.

Descanso en el hotel y tarde tranquila. Cena en un restaurante chino.Y todo el día sin llover. Parece que vayamos llevando el tiempo seco con nosotros.

Nota comercial.
El té en hoja lo pesan con una medida especial, el “tical”. Así que no sé cuanto he comprado. En algunos puestos del mercado utilizaban como unidad de peso unas pilas. Quiero decir pilas de linterna, no pilas bautismales. Imagino a la señora compradora diciendo: “Ponme cuatro pilas AA de codorniz escabechada”. Pero, ¿pesan lo mismo las pilas cargadas que las descargadas? Como el propio adjetivo indica las descargadas deberían pesar menos que las cargadas a no ser que ese adjetivo sea solo una figura retórica, como una metáfora. O peor, un paralogismo. Pido ayuda a los expertos en masas atómicas que me lean.

Nota culinaria.

Huevos de codorniz.Lo de “codorniz” no es otra figura retórica, es que aquí debe haber muchísimas codornices. Por lo menos hembras. Los huevos de esta ave son uno de los platos más frecuentes en los puestos callejeros. Los fríen en unos recipientes especiales con mucho primor, les dan la vuelta y quedan como una empanadilla con el huevo frito de codorniz en su interior. Además en las paradas de tren, en las estaciones, siempre ofrecían huevos de codorniz, no sé si duros o crudos. Incluso el ayudante indio del revisor, Noé, me ofreció huevos de esos que llevaba en el bolsillo en una huevera enana. Así que si hay huevos de codorniz en abundancia también habrá codornices. Y si las hay qué mejor que comerlas en escabeche. A mí la única que me gusta es en catalán y especialmente el rosado pinot noir. Diga lo que diga Carod Rovira nunca dejaré de beber cava catalán.

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