El viaje ha sido un poco más largo de lo previsto. Salimos de Bagán a las tres de la tarde y nos dijeron que llegaríamos a Rangún a las cinco o seis de la mañana. Ha sido a las ocho. No ha sido demasiado mal viaje teniendo en cuenta que tenía detrás a una abuela que no paraba de hablar en voz alta durante toda la noche. Le dije, en castellano, que me gustaría dormir y ella me contestó en inglés que “I no sleep”. O sea que debía estar desvelada. Me giré y se lo volví a decir mirándole a los ojos. Se calló. Pero cada vez que parábamos al subir al bus volvía a hacer lo mismo. Pero es que hablaba sola. Además esa señora iba con otra que debía ser su hija y ésta con un niño. Lloraba como un endemoniado. Al principio pensé que era un cabronazo y que pedía a gritos su osito de peluche (no todos los niños del tercer mundo son maravillosos y pacientes), pero luego pensé que a lo peor se le estaba gangrenando una pierna y que por eso lloraba a gritos. Como luego se calló y lo vi tan contento en algunas paradas y luego en el bus volvía a berrear creo que era lo primero: de los cabrones y osito de peluche.
Todo el viaje ha estado lloviendo y había muchos lugares totalmente anegados.
En la entrada de Rangún ha habido un control no sé si de policías o militares. El primero de todo el viaje.
Y de la estación al hotel, al que estuvimos la primera vez. La dueña nos ha recibido con grandes sonrisas. La misma habitación y el mismo magnífico desayuno.
Limpieza corporal, cambio de ropa y a visitar el mercado de Bogyoke, el más importante de Rangún. Allí preguntamos en cualquier joyería por precios de piezas de jade y son carísimas. Volvemos a un joyero que nos cambió dólares en la primera visita. Me enseña algunas piezas y sigo sin entender ese mundo. Un trocito enano me dice que cuesta 300 dólares. Y yo que pensaba que el jade era como un mármol bonito. No debe ser así.
Comida en un restaurante tailandés y descanso.
Al final de la tarde recorremos un trozo de ciudad que tiene unos magníficos ejemplares de arquitectura victoriana británica. ¡Qué pena que estén en un estado así! (“Estado” no me refiero al birmano si no a su “estado” general). Creo que en los años 90 el régimen birmano lanzó una campaña para mejorar la imagen del país y conseguir que vinieran más turistas. Algo así como “Visite Myanmar en tal año”. Crearon algunas infraestructuras y arreglaron otras. Imagino que entonces tocarían algo estos edificios, pero con la humedad de esta zona ya no queda casi nada de esos maquillajes. Y encima se emplearon trabajadores forzados así que es mejor que lo dejen como está. El punto culminante de este recorrido es el hotel Strand. En una revista de lujo del año 2002 para poseedores de una tarjeta de crédito de cierto renombre publicaron un artículo sobre un viaje a Mandalay. Está muy bien y las fotografías son preciosas pero parece otro viaje que no tiene nada que ver con éste. No me gusta nada el comienzo: “Myanmar, la antigua Birmania” y luego “Yangon, antes Rangoon”. Lo mejor es sobre este hotel: “hay que alojarse en el Strand”. Y luego en un recuadro de esos de “Guía” dice: “En Yangon, lo propio es alojarse en The Strand”. Pues frente a ese hotel estábamos. Mi guía dice que los precios van de 500 a 1000 dólares la noche. Claro que allí se han alojado Mick Jagger y Orwell entre otros. Y a pesar del tamaño del edificio sólo tiene unas 30 habitaciones. Construído en 1901 era una de las joyas del imperio británico a comienzos del siglo XX. Total que si vienes con pasta (hay ofertas también) éste es un buen sitio para gastártela.
Acabamos en internet y una cena ligera.
Todo el día lloviznando.
NB
Ayer en el desayuno hablamos con dos españolas que empezaban el viaje. Estaban hartas de lluvia y se iban a Mandalay antes de lo previsto. Les expliqué los problemas del dinero, de los que no está perfectos y de las series antiguas. A mí una vez me reclamaron un billete “big head” o sea de cabezón y entonces me percaté que los mismos santos-presidentes de USA han pasado de “cabecitas a “cabezones” y a éstos les gustan los cabezones.
Sobre el precio de “The Strand”. Seguro que a alguno de vosotros no le parece un disparate una habitación de 500 $ la noche. El producto interior bruto per cápita de Birmania es de 1.800 dólares. El de España es de 27.400. ¿Qué pensarías si el precio de un hotel de Madrid fuese de 7611 dólares o de 5436 euros. La habitación más barata. Y como decía el periodista: “lo propio es alojarse en The Strand”. ¡Pues claro!