Bagán día 2.

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Monte Popa. Punto fotográfico. En este hotel no sólo tenemos televisión sino que además se ve la TVE. Las noticias no son muy halagüeñas: un avión se ha estrellado en Brasil y nuestro hijo está regresando de allí. Y más violencia contra las mujeres. Un naufragio de emigrantes cerca de Canarias. ¿Es que no hay buenas noticias?

Hoy vamos a ir al monte Popa. Miss Cho nos dijo ayer que había buscado otros tres clientes que hablaban español para compartir el transporte y que uno de ellos era mejicano y los otros una pareja. Empezamos a elucubrar sobre quienes serían. Para la pareja había varios candidatos, pero el mejicano… ¿Sería el que dijo “acá” en el restaurante de la primera noche y que parecía un viajero antiguo? Seguro que era él. Después del desayuno los conocimos: una de Madrid, uno de Segovia y el mejicano. Yo es que de los mejicanos espero que sean como Cantinflas o como Jorge Negrete, los únicos arquetipos que conozco. Vaya, conozco a otros mejicanos famosos como Octavio Paz, pero no le imagino viajando en este tipo de hoteles (aunque en su “Vislumbres de la India” indica otra cosa), ni a Diego Rivera sentándose en uno de los autobuses de Birmania. Así que decidí que sería como Jorge Negrete. Sorpresa: Raúl es de tez muy clara, sin bigote, gafas de miope, ojos azules y aspecto de tímido. Y sin acento. Allí nos fuimos los seis en una furgoneta. En el camino nos pararon en un falso molino de aceite de cacahuete. El paisaje es bastante seco con palmeras de cocos para aceite. Y al final se presenta ante ti el monte Popa. Bueno, eso dicen, pero creo que el que realmente es el monte Popa es el que está detrás del monasterio y que es un volcán apagado. Delante de él está la pagoda situada sobre el cerro. Es como una aparición del tipo “¡señoras y señores frente a ustedes… -redoble de tambor-…el monte Popa!”. Cuando llegas a su base dejas el calzado abajo o mejor te lo llevas, pero subes descalzo, de todas las maneras, un montón de escaleras. En la subida dos pequeñas molestias: los monos que andan por allí y los barrenderos mendigos. No había visto nunca tantos juntos de ambas especies. La verdad es que no molestan mucho. Los monos son pequeños y andan buscando algo de comida. Maria Jesús y el macaco en el Monte PopaLos que piden dinero son los “barrenderos pedigüeños” o “pedigüeños barrenderos”. En el primer caso serían barrenderos que piden y en el segundo mendigos que utilizan la escoba como herramienta de captación. Me inclino por la segunda opción porque no pedían a los nativos y además no barrían, porque si lo hubiesen hecho con la cantidad que había hubiesen tenido las escaleras más limpias que los paritorios del Vaticano.

Desde la parte superior una vista magnífica de todo el entorno. Estupas por todos los lados. En una de las ermitas que hay en la cima inscriben en una placa de unos 40 por 50 centímetros el nombre del donante. Había una reciente con un donativo de 10 dólares hecha por un británico. Caridad al límite.La mejor la de una pareja de Méjico que habían hecho una ofrenda de 5000 kyats. Unos tres euros. Pues allí tienen su placa con sus nombres y apellidos y los tres euros ¡Con un par!

Al llegar abajo un mono le robó un magnífico mango que se estaba comiendo Luis, el pasajero de Segovia. Pero es un estoico y ni se inmutó. Vaya ni siquiera intentó perseguir al mono. Un grupo de niños nos ofrecen unas piedras que aunque tiene el aspecto de macizas están huecas pues suena algo en su interior. Olga, la madrileña, cree que están hechas de barro. ¿No hay ningún geólogo, aunque sea aficionado, que me diga que tipo de piedra es? También tiene trozos de algo que parecen árboles fósiles e incluso una niña me ofrece un trozo de palmera fósil. Me intereso por las piedras de uno y tengo a 6 ó 7 con sus piedras enfrente de mi cabeza. No se tienen ningún respeto de prioridad. Claramente son gente pacífica porque si no se crearía una cadena de mando. Total que es difícil elegir cuando tienes 30 ó 40 piedras frente a tus narices. Al final compro alguna.

Regresamos al hotel. Comimos una sencilla sopa con coco que estaba fuera de serie en una tasquita. El dueño estaba preparando los vegetales para la sopa del desayuno del día siguiente. Es el desayuno tradicional del país pero que como siempre lo tenemos en el hotel no lo hemos probado: mohinga.

Breve descanso y de nuevo al asalto de las pagodas. La señorita Cho me vuelve a marcar en un plano unos cuantos monasterios para visitar y el último desde el que podremos ver la puesta de sol. Le pedimos que nos busque el mismo conductor de ayer y seguimos con la visita. Uno de los templos tiene unos Budas enormes en unas salas en las que apenas caben cuatro personas. Es como si después de hacer la capilla hubiesen decidido construir dentro la figura más grande posible. Es una de las mayores extravagancias religiosas que conozco pues en esas capillas, aunque grandes no caben fieles. Y encima provocan sensación de claustrofobia. En otro templo es donde estuvo preso el desdichado rey Manuba, el perspicaz, y se llama así en su honor. Acabamos en la Dhammayangyi Patho (¿entiendes por qué evito escribir el nombre de los monumentos?) viendo la puesta de sol. Es uno de los lugares más famosos para hacerlo.

Llegamos por los pelos. Y sucedió lo mismo que ayer. El cielo estaba totalmente cubierto y cuando faltan 15 ó 20 minutos para que el sol se oculte se abre una grieta entre las nubes y aparece el sol tres o cuatro minutos. Y ese momento es mágico. Todas las estupas doradas brillan con fuerza y las que no lo son también reciben una luz muy especial. Puesta de sol en Pagán.En esta pagoda estábamos más gente que en la de ayer pero menos de 30 personas. Todos nos quedamos embobados menos una familia de tres orientales que están de espaldas al sol rezando medio arrodillados frente a una pared de la estupa. ¿Para qué habrán subido hasta allí si luego no contemplan la maravilla? Una pareja sube corriendo pero llega arriba cuando el sol ya ha desaparecido. Y en cuanto ocurre esto la gente baja a coger su transporte y regresar a su hotel. Y es una pena porque queda todo el atardecer y la llegada de la noche, que quizás no se pueda fotografiar, pero que es igualmente magnífica. Ayer estábamos solos pero hoy se ha quedado también la pareja que ha llegado tarde que han resultado ser españoles.Anochecer en Pagán.

Y llega la noche y bajamos al carro y regresamos en la noche oscura al hotel.

Cena buenísima en el mismo restaurante de ayer. Luego intento entrar en un lugar de internet que es una joyería. Cuesta seis veces más que en Mandalay o Rangún. Otro atraco como el precio de los billetes de ferrocarril. Nos vamos al hotel.

NB.
Hoy hemos visitado una pagoda, Lawkananda, del siglo XI, en la que se cree que alberga una “importante” réplica de un diente de Buda. Que tengan un diente y que sus seguidores lo veneren o lo adoren o lo que hagan los budistas con los dientes de Buda me parece lógico dentro de la falta de lógica de las religiones, pero que lo hagan con una réplica… Claro que pensándolo bien es lo mismo que hacen todas las religiones con sus figuras. Son réplicas de los originales. La singularidad de los budistas es que entierran una réplica bajo toneladas de ladrillos y piedras. Lo que me dejó sumido en la mayor de las perplejidades el lo de “importante” réplica. Porque yo entiendo como “importante réplica” lo que hizo Miguel Ángel con su Moisés, pero, ¿importante réplica de un diente? Tengo un lector que es un avezado dentista y quizás me lo pueda explicar.

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