Mandalay día 2. Segunda vez.

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Desayuno en el hotel. Compartimos la mesa con una joven pareja belga. Ella habla un buen castellano aprendido en Madrid.Mandalay. Mercado de jade. Pulidores.

Entre un par de opciones nos decidimos por visitar el mercado de jade. Está situado en el llamado “barrio de los monjes” por la gran cantidad de monasterios que hay. Llegando a él se me acerca un novicio con el ánimo de hablar en inglés. Lleva un cuaderno de “Vista”. Lo está aprendiendo en una academia cercana. Lleva 12 años metido en esto. En la vida monástica, quiero decir, no en lo de “Vista”. La primera foto de la primera crónica de este viaje es la de este encuentro.

El mercado de jade es un recinto rodeado de una valla tipo jaula de pollos. Te hacen pagar un dólar por entrar. Por lo menos a los extranjeros y si hay portero en aquel momento. ¡Qué ganas tengo de que a los birmanos, indios y otro personal les hagan pagar por andar por Las Ramblas! “¿Es usted indio, birmano o…? Pues tiene que pagar 10 € en este fielato de la fuente de Canaletas”. “Oiga, que ése no paga”. “Pues claro, es que es de Calella”.

Es un mercado muy interesante pero orientado a profesionales. Allí va gente con un pedrusco de jade y se lo cortan y pulen. Y muchas mesas de billar. Y juegos de todos tipos, desde el sesudo ajedrez a otros juegos de azar que no había visto en mi vida. Y gente sin hacer nada sentada en cubículos esperando. ¿Esperando qué o a quién? Pues no lo sé, pero esperaban. No sé si son compradores o vendedores o ambas cosas. La forma de distinguir a los profesionales de los que no lo son es que llevan una linterna. La apoyan sobre la piedra y ven lo traslúcida que es. Y eso no sé si es bueno o malo, que sea muy traslúcida. O sea si quieres pasar por un verdadero profesional del jade entra allí con una linterna y apóyala sobre los pedruscos. Antes de apoyarla enciéndela. Para que no se note.

En el exterior del mercado pasamos por un establecimiento que tiene grandes pedruscos cortados y solo pulidos por la cara del corte. O el empleado es un tipo amable o tenemos pinta de compradores de jade porque nos atiende amablemente y nos dice el precio del primer pedrusco. Ni es barato ni estoy en condiciones de meter cien kilos en mi mochila. Que no soy de Bilbao. Vale aproximadamente medio millón de pesetas. Visto nuestro interés nos hace entrar en la oficina. Allí hay trozos de jade más pequeños, de unos 2 ó 3 kilos. Al final nos abre un armario metálico. Contiene trozos de medio kilo. Preciosos. Esos sí se pueden cargar en la mochila.

“¿Cuánto vale?” Pues lo mismo que el pedrusco de la entrada: medio millón de pesetas. Para los jóvenes (y la posteridad) 3000 €. Y son como el puño. Como el puño izquierdo. Creo que el jadero se equivocó con uno de los dos precios. Pues se equivocó con el precio de la primera piedra. Primero me escribió “500 K”, que serian unas 50 pesetas. Se lo hice repetir porque me parecía imposible. Me explicó, o eso entendí, que en el mundo del jade, cuando se hablan de precios le quitan cuatro ceros. Y realmente cuando me escribía los otros precios primero me ponía una cantidad y luego añadía un montón de ceros. También he leído en algún lugar que aquí utilizan los lakhs como en la India y me hace sospechar porque la manera de puntuar también utilizaba lo de los puntos en las centenas y no en los millares. En resumen: el trozo más barato que nos enseñó costaba 300 mil pesetas. Y además creo que es ilegal sacar jade del país.

Mandalay. Shwe In Bin Kyaung.Luego visitamos el monasterio de Shwe In Bin Kyaung. Como todos los nombres birmanos imposible de recordar. Si quitas lo de “kyaung” que es “monasterio” resulta más fácil. Nada más entrar en el recinto el portero nos dice que hay que descalzarse. Pensando que el lugar al que vamos está a unos 200 metros y el recorrido son campos de tierra, la perspectiva no es muy halagüeña. ¡Qué ganas tengo de que para poder pasar por el Paseo de la Independencia de Zaragoza les hagan ponerse unos calzoncillos en la cabeza a todos los de las religiones que te obligan a preceptos absurdos! Claro que yo no tengo ninguna necesidad de entrar en mezquitas ni en pagodas. Primero encontramos una gran sala llena de gente arrodillada y sentada y en la cabecera un monje contándoles alguna historieta. Se nos acerca un señor y me dice algo de una sesión de meditación y que nos vayamos. Hombre ¡pues eso lo entiendo! Porque podemos despistar a los fieles de sus pensamientos, pero eso de creer que a Buda o a Mahoma les puede molestar que vaya andando calzado con unas humildes chanclas de goma por un terreno abierto… Llegamos al antiguo monasterio. Es un edificio precioso de teca. Y estamos solos con la excepción de un monje que quita el polvo. A lo mejor es un rito y no intenta quitarlo sino conseguir que el polvo no esté en el mismo sitio porque es lo que hace más que limpiar: trasladar el polvo de un sitio a otro cercano.Shwe In Bin Kyaung. Obsérvese el monje limpiador en el extremo izquierdo.

Al salir han cerrado la puerta del recinto exterior. Seguro que le jefe de los meditadores le ha dicho al portero que no vuelva a entrar ningún intruso infiel.

Salimos del barrio de los monjes en búsqueda de un restaurante para comer porque ya es un pelín tarde para el horario birmano. El primer restaurante cercano que recomienda la guía ha desaparecido. Entramos en una tea-shop. No hablan inglés pero tienen un álbum con fotografías de los platos. Una botella de agua para mí, un lassi para Marisa y un plato de comida para cada uno. Nos traen la bebida y a los 20 minutos de espera preguntamos por la comida. Que no se habían enterado. Nos quedamos sin comer por segunda vez en este viaje.

Vendedora de tanaka.Breve descanso en el hotel y salida antes de cenar. Pasamos por un mercado nocturno que o ya no lo es o es demasiado pronto pero en el que sólo hay vendedoras de madera de la que emplean para hacer la tanaka. En la calle muchos grupos de 6 ó 7 jugadores de chinlon. Son realmente habilidosos. Creo que en este país es el juego nacional. Cena en un restaurante birmano, vaya de comida birmana semejante a uno de Katha: pides un platillo de comida y te ponen un montón de platitos de vegetales cocinados, algunos crudos, salsas y un gran plato de arroz. Pasamos por internet. De 45 minutos hemos podido utilizar sólo los 30 primeros y de éstos sólo para leer dos notas y mandar una. Ha tardado exactamente 17 minutos en abrir el Gmail. Me vuelvo a preguntar si a los militares no les estarán ayudando los que me dan soporte a mí en España.

Sobre los nombre birmanos.
El único nombre birmano fácil que sé es el del que fue secretario general de las Naciones Unidas durante los años 60, pero es que además de suceder a uno que se llamaba Dag Hammarskjöld, nombre impronunciable, nosotros decíamos “Utan” aunque en realidad se llamaba Maha Thray Sithu U Thant. Cuando murió los militares birmanos, ya en el poder, se negaron a concederle ningún honor.