De Bhamo a Katha.

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Cubierta del barco de Bhamo a Katha El barco sale a las 7 de la mañana así que madrugón y desayuno en el hotel a las 6 y cuarto que es cuando empiezan a servirlo. ¡Qué desayuno! El buffet más increíble de todo el viaje y en mi caso de muchos viajes. Pero teníamos que ir rapiditos. Hiro, el japonés, que había decidido quedarse en Bhamo nos dice en el desayuno que ha cambiado de parecer y que se viene con nosotros.
El barco es el más grande que hemos visto en este río. Enseñamos los billetes y nos llevan a una cubierta sin ningún asiento, ni banco. El suelo, sucio, está numerado y marcado con unas rayas blancas, como en algunos mercadillos de España. Nos asignan tres parcelas. Tendrán unos 40 centímetros de ancho cada una y no sé la longitud pero casi todo el suelo está ya ocupado por familias que han colocado allí su equipaje y sus esterillas. Nosotros sin ellas. Maria Jesús se apodera de un trozo de una.
Escribiendo en el barco.Unos monjes viajan todos juntos sentados y largos encima de un estrado a unos 50 centímetros del suelo al lado de nuestras “rayas”. Fuman sin parar. Imagino que en los monasterios budistas occidentales estará prohibido pero aquí es algo increíble lo que fuman. Las religiones siempre tan adaptativas. Porque imagino que Buda sólo diría una cosa y cada uno la interpreta como quiere, excepto lo de quitarse los zapatos para entrar en una pagoda, que no dijo nada.
Nosotros sólo vamos hasta Katha donde nos han dicho que llegaremos a las tres de la tarde pero el barco sigue hasta Mandalay. La americana-coreana de Seattle se ha comprado una esterilla y está por ahí cerca. Hiro ha desaparecido: ha estado todo el viaje dibujando. Luego me dijo que ha sido el mejor trayecto de todo el recorrido. Un barco grande, que viaja despacio y con poco ruido y un paisaje maravilloso. Cuando salimos de Bhamo el río Irrawaddy es ancho como un lago inmenso.
Río Ayeyarwady frente a Bhamo.Luego se estrecha y pasamos al lado de unos grandes acantilados rocosos y a veces muy cerca de una selva que parece impenetrable. Luego se vuelve a ensanchar.
Al comienzo hay algo de niebla. Al levantarse nos proporciona un espectáculo que solo él merece la pena haber hecho el viaje. Niebla sobre el Ayeryawady.Todo ello deja indiferente a los birmanos que siguen dormitando sobre sus esteras. Imagino que es como ser vigilante de “Las meninas”. Algunos grupos de hombres juegan a las cartas. Los monjes dormitan o miran hacia el vacío. Pero en su pedestal. Algún rato me siento en su estrado pero con las piernas fuera. Cuando algún birmano pasa por delante se agacha, se encoge, como en las películas chinas cuando aparece el emperador o algún alto mandatario y la gente se acerca a ellos. Si me siento en el suelo apoyado en una caja con las piernas largas y alguien tiene que pasar tengo que recogerlas. No sé si es de mala educación o de mala suerte pasar por encima de las piernas. Si no las recojo tienen que dar una vuelta o si no se esperan a que lo haga.

Pagoda en el bosque.Pasamos por algún puerto maderero. Imagino que como en Laos o Camboya los jerarcas están vendiendo la selva entera para que tú puedas disfrutar de muebles de teca en tu jardincito de chalet adosado. En el sudeste asiático quedan reductos de bosques primarios y la codicia de sus gobernantes ayudada por la demanda del mercado chino y el afán consumista de los occidentales así como las empresas chinas, coreanas, japonesas y australianas están acabando con ellos.
Sorprende ver a bastante jóvenes –todos chicos, al revés que en España- leyendo un libro generalmente bastante usado. Luego descubro en la cubierta inferior un puesto de alquiler de libros.
Paramos en mitad del camino en un pueblo llamado Shwegu. Subida y bajada de pasajeros.

¿Cómo es el barco?
Tiene tres cubiertas. La inferior, por la que se accede, tiene las máquinas en popa. En medio la cocina y el restaurante, el puesto de las novelas y uno de fruta. Grandes fardos de carga. En proa un trocito con carga y algún joven, y a ratos nosotros, viendo el paisaje sentados sobre los sacos o en los norays. (Realmente no sé si también se llama así al pilote de hierro de un barco que es como el noray de un muelle).
Restaurante.La cocina son tres fuegos dentro de hornillos de arcilla refractaria sobre los que hay tres grandes marmitas. El restaurante es una mesa de unos tres metros de largo con un banco donde sentarse. La cubierta media tiene un tercio ocupado por camarotes y dos tercios por una superficie plana cubierta de esterillas donde viaja casi todo el pasaje.La cubierta superior tiene en su proa la cabina de mando y el resto es una superficie lisa sin ningún mueble, banco ni silla. Pasajeros en la cubierta media. Al comienzo del viaje algún joven lector, luego cuando el calor aprieta nadie, excepto Hiro. Estuvimos un rato sentados en el lado de la sombra que hacía la cabina de mando (¿será el castillo de proa?) pero nos echaron. Imagino que en birmano decía “prohibido el paso”.

Al fin llegamos a Katha. La americana decide seguir viaje a Mandalay en el barco pues alguien le ha dicho durante el recorrido que en Katha hace mucho calor. ¡Extraña forma de decidir! Si cada vez que alguien me ha dicho que hacía calor no hubiese ido…Porque en Birmania hace calor en julio. Y en Zaragoza. A una jovencita con niño en la espalda que va a bajar en Katha le pregunto si sabe donde está el hotel al que queremos ir. Habla un poco de inglés pero se siente más segura escribiéndolo. Esto ya me ha pasado otras veces como en un restaurante en Myitkyina. Me escribe que me ayudará. Cuando estamos a punto de bajar me vuelve a escribir: “a few wait. I call bicycle-man (or) by foot. You go”. La pobre estaba equivocada y otros jóvenes birmanos que entran en la conversación le dicen que el hotel está enfrente del muelle.

Según la guía hay dos lugares para dormir en esta ciudad y el que he elegido es el mejor pero no hay habitación con cuarto de baño aunque realmente tienen la única habitación con cuarto de baño de Katha pero ya está ocupada. Teníamos que haber reservado. La nuestra es una habitación de madera con ventanas en dos de las paredes. Una da a la calle del embarcadero con lo que hay “ambiente sonoro” asegurado.

Katha.
La guía dice que comparada con Myitkyina en el norte y Bhamo en el oeste, Katha es más tranquila y agradable debido a su relativa inaccesibilidad. Y tiene razón. Sinbo y Katha son dos lugares especiales para ver la vida rural de Birmania y como vive la gente alrededor del río. Y además, especialmente esta ciudad, con los habitantes más simpáticos que he visto en mi vida. Todo se acabará cuando al primer turista occidental se le ocurra cambiar la sonrisa de un niño por un chicle o una fotografía por un bolígrafo. Ahora les encanta que les fotografíes, que veas como viven, que les saludes, que les sonrías. Si no se quieren fotografiar o sonreír déjalos, pero, por favor, no los corrompas.

Katha es famosa sobre todo porque aquí vivió Orwell una pequeña temporada como policía colonial, enfermó de dengue y situó su novela “Los días de Birmania”. Momento llegará en que habrá recorridos literarios pero mientras tanto sigue siendo una ciudad en la orilla del río Irrawaddy o Ayeyarwady, tranquila y agradable.

Mercado al aire libre cerca de la estación de ferrocarril de Katha. Vendedoras de pollos.Buscamos viaje para ir a Mandalay. El autobús tarda unas 19 ó 20 horas, no tiene asientos reclinables y además sale en días alternos y mañana no le toca. El barco algo parecido además de que hace noche en su camino a Mandalay y lo de dormir en el suelo de la cubierta, aunque sea con esterilla, no es muy atractivo. La única posibilidad es el tren. Y tiene estación pero no tren. De aquí sólo sale uno al mediodía para ir a Naba que está a unos 20 kilómetros y desde allí ya se puede ir a Mandalay pues está en la línea de Myitkyina a Mandalay.

Nos vamos a la estación. Hablo con el jefe. El tren que nos interesa sale a las cuatro de la tarde y tarda unas 12 ó 13 horas en llegar. Llama por teléfono y me dice que hay cuatro asientos “upper class”, los que son butacas reclinables. Perfecto. Nosotros sólo queremos tres, pues Hiro quiere quedarse unos días en Katha. El jefe de la estación abre un gran cuaderno donde hay cosas escritas en birmano. Lo mira y remira. Imagino que es la situación del tren con sus asientos. Está así unos 10 minutos. No he visto mente más lenta en mi vida. A veces intercambia alguna palabra con un joven que está por allí. Al final me dice que mañana a las 8 de la mañana me dará la respuesta. Para matarlo.

Damos un paseo y cena en un restaurante chino, aunque en la novela de Orwell los chinos son los malos. Pronto a dormir que hoy hemos madrugado.

NB
Una frase del libro de George Orwell: “El Imperio Británico es tan sólo un invento para conceder monopolios comerciales a los ingleses, o, mejor dicho, a pandillas de judíos y escoceses”.

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