De Sinbo a Bhamo.

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Calígrafo y rotulista en mercado de Sinbo.Al final Sinbo ha resultado ser una etapa agradable y placentera a pesar de los malos presagios de la llegada.

Una vez pasado el calor más fuerte dimos una vuelta por el pueblo. Son calles anchas de tierra con casas de madera con bastante buen aspecto. Algunas tienen una especie de hornacina proyectada hacia el exterior. Es el lugar para los rezos de los budistas. Creo que también es el sitio para un altar dedicado a los antepasados. No sé por qué no forman parte del interior de una habitación sino que están hacia afuera. La gente es muy amable, te sonríe y te saluda. Seguramente es una población próspera. Hay una iglesia cristiana y una pagoda.

Nos acercamos al río. Varados en la orilla hay unas cuantas barcas. Lo sorprendente es lo grande que son algunas y lo altas que se encuentran. Imagino que fue como consecuencia de una gran crecida del río que debió ser algo impresionante. Hay unas grandes barcazas cargadas de sacos que van a Mandalay. Una pena que no podamos hablar con unos jóvenes que están en una de ellas pues sería muy interesante conocer que tipo de vida llevan. Intentamos hacerlo pero sólo podemos conocer su destino.

Hablando del destino: damos una vuelta por el mercado. Está casi vacío. En un puesto hay un señor escribiendo algo con una caligrafía muy bonita en un letrero. Nos saluda efusivamente. Es el marido de la señora que lee las manos. Ya tiene mérito vivir de esas profesiones en un sitio tan pequeño.

Regresamos al embarcadero a donde llegamos desde Mandalay. La vista sobre el río es maravillosa. Abajo un grupo de mujeres lavan la ropa y se lavan ellas también. El “longyi” que llevan desde la cintura hasta los tobillos se lo suben por encima del pecho y se quitan la camisa y la ropa interior. Algunas incluso nadan un poquito. Charlamos con un joven que lleva a su sobrinito en brazos. El pobre se echa a llorar y tiene que subir su madre, que vive en una barca, a consolarlo. Joven y guapa madre. Sesión de fotos.

Cocina del restaurante del hotel de Sinbo.Cena, paseo y a dormir. Sin ropa, dentro del mosquitero y con la ventana abierta ha sido una de las mejores noches de Birmania.
Nos hemos levantado temprano, como los del pueblo, pues además de la luz que entra por la ventana como nuestra habitación está a dos metros del restaurante y cocina, como han empezado a trajinar por allí nos ha hecho de despertador. Vamos a buscar embarcadero desde donde tenemos que salir, pues aunque son pueblos pequeños tienen varios lugares donde hacerlo. Vemos la barca que debemos coger hoy. En Myitkyina me dijeron que desde Sinbo a Bhamo era un ferry del gobierno y esperaba algo más grande: bastante más pequeño que el de ayer. Embarcadero de Sinbo en río Ayeyarwady.

Desayunamos en el restaurante del hotel: una tortilla de cinco huevos para los tres y té del de gratis. Luego otro paseo por el pueblo. Nos acercamos al mercado. Más gente que ayer pero bastante vacío a pesar de todo. Quizás es de los pueblos con mercado semanal y hoy no toca. El marido de la quiromántica nos vuelve a saludar efusivamente. Los niños están preparándose para ir al colegio que debe comenzar a las ocho de la mañana. Debe ser un centro comarcal de enseñanza pues incluso descubrimos una residencia de señoritas que van a un instituto cercano. Si el hotel no hubiese sido tan espartano no me hubiera importado quedarme aquí más días en lo que me ha parecido una Birmania muy auténtica.Jovencitas de Sinbo en una residencia de estudiantes. Además el sargento no ha vuelto a aparecer. Cuando se aproxima la hora vamos la comitiva de los cinco a coger la barca. Mientras esperamos yo escribo mis últimas notas y Hiro acaba uno de sus dibujos. Tiene un cuaderno de viaje precioso. En primer lugar escribe en japonés y en ese idioma la caligrafía ya es un arte. Luego hace dibujos a bolígrafo de los lugares que visita que acaba coloreándolos como acuarelas. Ahora está acabando uno del río que tomó ayer por la tarde. Emplea un artilugio especial que llena de agua. Es sencillo pero muy ingenioso. “Tecnología japonesa” me dice riendo. Le digo que los chinos lo fabricarán igual y mucho más barato. Me contesta que no, que los productos chinos no son igual de buenos que los japoneses. En alguna otra ocasión repite pensamientos parecidos. Quizás sea un sentimiento general de los japoneses al verse copiados en muchos productos por los chinos. Cuaderno de viaje de Hiro. Dibujo de Myit-Son.

El barquito se va llenando de gente. En su recorrido hace paradas continúas en las dos orillas del río. A veces en una cabaña o en un grupo de ellas. Otras veces alguien que está en la orilla de la selva sin trazas de viviendas cercanas los llama con los brazos. Lo mismo vamos dejando pasajeros a lo largo del camino. Algunos descienden en lugares en los que no hay ninguna señal de sendero. ¡Cuánto me gustaría saber la vida de estas gentes!
En una parada sube una señora con un bolso en cuyo interior parece haber un osito. Un hombre lleva un mono muy raro con una cuerda e intenta dárselo a la señora. El animal grita e intenta quedarse en tierra. No sé si al mono no le gusta lo de viajar en barco, no quiere quedarse con la señora o dejar a un niño que también llora en la orilla. ¿Serán especies raras y la señora una traficante? Realmente se baja unos centenares de metros antes de la última parada y con los dos animales ocultos en sacos.Monito en viaje hacia Bhamo. (¿Tráfico ilegal?) El viaje es más bonito que ayer pues las orillas están más cercanas y estamos en pleno bosque. O en selva tropical. En algunos lugares hay barcas con grandes bombas de agua que la proyectan contra las paredes de una especie de cantera. Debe ser para la extracción de piedras preciosas, una de las riquezas del país, pero está destrozando el terreno. Cuando se vayan la erosión acabará de esquilmar esto. A veces nos dicen que nos sujetemos pues la corriente es fuerte y puede saltar la barca. Después de dos saltitos la coreana-americana dice que “very exciting”. No sé que dirá si verdaderamente pasa algo. La barca tiene unos 10 metros de larga y de un metro y medio a dos de ancha. Hay unas ocho tablas de madera que hacen de bancos para dos o tres personas. Al final iríamos unos 30 pasajeros. Un viaje realmente interesante.

Salimos a las 10 de la mañana y llegamos a Bhamo a las dos y media. En el mismo muelle de llegada buscamos información para seguir viaje en barco a Katha. Querríamos ir a Mu-se en la frontera con China y de allí a Lashio. Pero no sabemos si podremos hacer ese recorrido. Nos vamos al hotel. Allí nos enteramos de todas las posibilidades: para ir a Mu-se hace falta un permiso del gobierno que hay que pedirlo en Rangún con dos meses de tiempo. Quizás sí se pueda ir de Mu-se a Lashio pero no lo saben. Así que hay que ir en barco. Se puede ir con el ferry que va a Mandalay tres días por semana o con una barquita “rápida” como la de hoy. Nos gustaría quedarnos aquí un par de noches y estudiamos todas las posibilidades. Decidimos quedarnos solo esta noche y marcharnos mañana con el barco grande. Este va más despacio y nos permitirá tomar mejor las fotografías y gozar del viaje. Además dicen que es un recorrido muy bonito. A cambio parece que lo que te dan con el billete es un trozo de cubierta –“no muy limpio” dice el japonés- donde sentarte o tumbarte. A las cinco de la tarde alquilamos un cochecito de caballos entre los cinco y nos vamos a Sampanago.

El trayecto pasa por las afueras de Bhamo por un país rural precioso. Al final llegamos a una pagoda enorme y solitaria con unas grandes construcciones monásticas. Es un lugar bonito y tranquilo. Hay unos pocos monjes por allí y un lago por donde pasa alguna barquita. Realmente no sé si es la antigua Bhamo donde queríamos ir pero el viaje ha merecido la pena. Nos vamos a cenar los tres. La mejor cena del viaje. Y a dormir prontito que mañana hay que madrugar.¿Sampanago? No estoy seguro.

NB.
Creo que provoco una reacción positiva y de confianza a la gente del país para hablar conmigo en inglés. Debe ser que me oyen hablar tan mal y piensan que “si éste lo puede hacer, yo también”. En este viaje ha sido con un orondo campesino de un grupo “thai”. Regresaba con dos hermanos, uno de los cuales se parecía a Agustín Almodóvar, de visitar a su padre que estaba en un monasterio en un pueblecito a mitad de camino. Los tres llevaban unos gorritos de paja muy graciosos. Me ha estado explicando todo el recorrido. Me ha dicho que le gustaría ir a España pero que en Birmania los campesinos son pobres.

Nota antropológica.
El estado Shan es el que está debajo del Kachin que es donde estamos ahora.

He leído que los “shan” se llaman a sí mismos “tai”. Son grupos relacionados con otros “tai” de Laos, Tailandia y Yunnan que son los países limítrofes con ese estado.

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