Si el siete es el número de la perfección hoy debe ser algo especial: San Fermín en el año 2007.

Tras el frugal desayuno nos vamos hacia el muelle de de donde sale el barco para Mingún, nuestra visita turística del día. Previamente debes pasar por la oficina donde te sellan el billete de entrada para el recinto histórico. Su visita va en el mismo ticket que sacamos ayer para Sagaing. Después el billete de la barca. Mientras estamos esperando que nos digan cuál es la nuestra, aparece una furgoneta nueva con dos parejas de turistas maduritos con guía. Sigue siendo el año de España: son de Burgos y llevan todo organizado incluido su propio transporte fluvial. En el nuestro somos un grupo heterogéneo de unos 12 occidentales y una pareja de birmanos. No sé si a los israelitas, que son dos parejas, se les debe considerar occidentales u orientales, dado que Israel está en Oriente Próximo. Así que ocho occidentales, cuatro orientales próximos y dos orientales. Además de dos niños, hijos de una de las parejas de orientales próximos. Creo que en España les hubiesen quitado la patria potestad por menos, si alguien de Servicios Sociales o el Defensor del Menor hubiese viajado con nosotros. Nada más subir al barco se comportan como si sus hijos fueran de otros padres. Peor todavía, porque algunos que no éramos sus padres estábamos más preocupados por sus hijos que ellos. Vaya, que no les hicieron ni puto caso en toda la travesía y eso que duró una hora y cuarto. El barco no tenía apenas barandilla y los niños subieron, bajaron y corrieron sin parar. Debían tener unos cuatro años. Al llegar a tierra si no es por la pericia del birmano que ataba el cabo al barco el niño hubiese perdido la mano entre la cuerda y el noray.
Mingún.
Esta a 11 kilómetros río arriba de Mandalay y en la otra orilla, así que el barco debe atravesar el río Ayeyarwady. Desembarcamos y nos vamos a hacer la obligada visita turística. En el barco nos hemos encontrado con el encantador Rennaud así que a ratos vamos tres y a ratos los cuatro. Visitamos una pagoda interesante porque es un modelo a escala de la que hubiese sido la de Mingún, el principal punto de interés de esta visita y algo que realmente merece la pena ver.
La pagoda de Mingún. (En “Word” es imposible escribir esta palabra sin desactivar el corrector pues lo corrige automáticamente y pone “Ningún”).
Su construcción la comenzó en 1790 el rey Bodawpaya. Quería que tuviese 150 metros de alto, tres veces más de lo que tiene ahora. Como era rey, y de los de verdad, empleó como trabajadores a esclavos y prisioneros de guerra. A miles de ellos. (No, por favor, no comparar con nuestro Cuelgamuros, que allí iban voluntarios para limpiar su expediente y su alma) Con gran regocijo de todos ellos el rey murió en 1819 y se paró la obra. Luego un terremoto dividió el monumento y se convirtió en el montón de ladrillos más grande del mundo. Así que cuando lo ves a lo lejos es como una gran meseta roja. Se puede subir a la parte superior por una escalera, ¡también de ladrillos, por supuesto!, pero que como es un lugar sagrado budista hay que hacerlo descalzo. Bastantes visitantes birmanos, además de los 12 de nuestro barco y los cuatro de Burgos.
Desde la cima una vista maravillosa de todo el entorno. Sobresaliendo de las copas verdes de los árboles los pináculos de las pagodas. ¡Mira que hay pagodas en este país! Aparece el niño oriental próximo buscando a sus padres. Ellos estaban abajo tranquilamente y se dejan al niño de 4 años sólo arriba en una terraza con grandes grietas y con precipicios de 50 metros de altura. Cuando bajamos vuelvo a encontrar a la pareja de Madrid que sube. Charlo con ellos y luego pienso en por qué la convivencia es posible aquí tan lejos y a veces tan difícil en España. Nosotros viajamos con una profesora que enseña en vasco. Nos saludamos afablemente con lo que parecen unos burgueses burgaleses y charlo con verdadero interés con una pareja que son o serán unos ejecutivos de cualquier negocio en punta en España aunque tienen pinta de auditores. (En Mingún es difícil distinguir un auditor de un ejecutivo) Y en España los políticos tienen que ir dándose zarpazos y dentelladas. Claro que si cuando Martínez (Pujalte) se encontrase con Rodríguez (Zapatero) le hablase de la grandeza del rey y éste le contestase sobre su muerte (la del rey, no la de Martínez), en lugar de cómo ETA montó lo de la estación de Atocha, pues puede que fuese más sencillo. Cuando hablo de la “muerte del rey” me refiero a Bodawpaya, que no se la deseo a nuestro monarca. Vaya, me gustaría que sirviesen para algo más que para la decoración institucional, pero no les deseo ningún mal. Ni a Martínez ni a Rodríguez.
La visita incluye la de la campana de Mingún, de 90 toneladas y que dicen que es la más grande del mundo. Por supuesto idea del mismo rey. No sé qué otra cosa se le hubiese ocurrido de no haberse muerto pronto. Y menos mal que no existía lo del Guinness, que si no seguro que se le ocurría lo del bocadillo de panceta más grande del mundo y otras proezas culturales. Luego vamos a la pagoda de Hsinbyume. Bastantes birmanos visitándola. Allí hay un seminarista budista de aspecto andrógino que está haciendo de modelo para unos fotógrafos chinos. Marisa aprovecha la ocasión y hace un par de fotografías increíbles. (Habrá que esperar a que las descargue en Flickr). Acabamos la visita dando una vuelta por el pequeño poblado que hay por allí. Regresamos hacia el barco. En la espera en una terracita se sienta con nosotros el oriental próximo que no es el padre abandonador. Le ofrecen todas las bebidas posibles pero él quiere mango. Para comérselo. Le explica cuidadosamente a la señora birmana – nivel de inglés bajito, bajito, tipo “cocacola” y “water” y poco más- como debe cortarle y pelarle la fruta. Cuando se la saca se enfada con la señora porque no le ha entendido bien y que así no la quería él. Por supuesto ni se la paga. Ganas me dieron de explicarle a la señora que nosotros no teníamos nada que ver con él, ni con los otros orientales próximos que abandonaban a sus hijos en la cima de la pagoda de Ningún. La vuelta en el barco vuelve a ser una copia de la ida. Los padres dejan sueltos a los niños que se dedican a correr con gran preocupación de los que no somos sus padres de que se hagan daño. Acaban tocando una trompa –la de las señales acústicas del barco- a un palmo de la cabeza de un suizo respetable que intenta vanamente que dejen de tocar. Luego me explica que tiene problemas de oídos. Por lo que me cuenta tiene hiperacusia, o sea hipersensibilidad a los sonidos. ¡Pobre hombre!
Noticia de actualidad.
Ya sabéis mis quejas de lo poco que aparece Asia en las noticias de la prensa española si no es por los grandes desastres de la naturaleza. Hoy sí aparece una que desde aquí puede parecer poco importante pero creo que lo es y que además tiene relación con una de mis crónicas de año pasado en Camboya, la número 14 titulada «Phnom Penh 1» y una escuela que visitamos llamada en esos tiempos de Pol Pot “S-21″, que era el mayor campo de detención y tortura del país. Pues han detenido al artífice de todo eso: Nuon Chea, hoy un viejecito pero que ha sido uno de los mayores hijos de puta de la historia actual. Está considerado como el instigador de las purgas que enviaron a la muerte entre un cuarto y un tercio de la población del país, desde1975 hasta enero de 1979 en que cayó el régimen frente al ejército vietnamita. Podéis leer la noticia publicada en El País pulsando aquí.