Mandalay día 3. Segunda parte.

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Monje de Mandalay  comprando betel.Al llegar a Mandalay de regreso de Mingún y después de que los orientales próximos (¿por qué se harán querer tanto?) nos robasen el taxi que estábamos cogiendo, nos vamos a buscar billetes para nuestro próximo destino. Lo explico por si tú, ingenuo turista, haces como nosotros, no te suceda lo mismo. La estación de ferrocarril de Mandalay es un edificio enorme y moderno. En la puerta izquierda de la gran estación hay una oficina del turismo oficial, “Myanmar Travels & Tours”, MTT. Nos reciben con grandes sonrisas especialmente una señorita con aspecto de travestí. Nos explican los horarios, precios y destinos. Y nos dicen que los billetes se sacan allí. El precio de los billetes de tren, como el de algunos barcos, es diferente para los extranjeros y además siempre en dólares. Nada baratos dado el nivel de vida del país. Vaya, muy caros. Pedimos tres billetes de literas. Al dar los dólares vienen los problemas. No soy nada exagerado: si no llevas los dólares “crujientes” vas a tener problemas. Me he distribuido los dólares en cuatro paquetes: muy usados, menos usados, casi nuevos y nuevos. Ya he cambiado todos los dólares muy gastados que traje (a excepción de un par de billetes que he diagnosticado como “desahuciados” y que dejaré para Tailandia) así que saco el segundo grupo de “menos usados”. Les digo que seleccionen los que quieran. Rechazan uno que tiene una cabeza pequeña aunque está bastante bien conservado. Entonces descubro que los dólares siempre tienen la cabeza de un señor y que en las series antiguas la cabeza es pequeña y en las actuales es grande. Así que aquí tráete sólo los cabezones aunque sea el mismo estadista. Como veo que los empleados no se deciden saco los dos “desahuciados” para que vean lo que es un billete usado. Las primeras, y excesivas, sonrisas del “travesti” desaparecen. Escogen un billete, se lo lleva uno de los empleados y al rato aparece con los billetes de tren y el cambio. Nos entregan el ticket, uno solo para los tres, doblado y escrito a mano en el reverso. Mañana nos acompañarán hasta el tren. Regresamos al hotel. Allí descubro que en el anverso está escrito el precio del billete. Nos han cobrado nueve dólares más. En un país donde mucha gente no llega al dólar diario de ingresos. Mañana iré a reclamar la diferencia. Acabamos la tarde visitando cinco pagodas, todas con nombres impronunciables e imposibles de recordar.Shwenandan Kyaung en Mandalay. Si vas a Mandalay no dejes de visitar por lo menos Shwenandan Kyaung. Lo de “Kyaung” es fácil, pero no dice demasiado, pues significa monasterio budista. También se puede decir “kyaungtaik” o “hpongyi-kyaung”. Es una preciosa pagoda de madera que estaba dentro del recinto del palacio y que un rey la trasladó a su emplazamiento actual. De esta manera se salvó de su destrucción cuando el palacio fue bombardeado durante la segunda guerra mundial.

Cena regada con abundante cerveza y un plato excepcional: anguila frita crujiente.

Cuando regreso al hotel descubro en la guía que los del turismo oficial, MTT, sacan los billetes con un 10% de comisión y que si vas directamente a la ventanilla de la RENFE te envían a la oficina de la MTT. Así que nada de quejas. Hay que leerse antes la guía e informarse bien.

Información práctica no birmana.

De un periódico de Salvador (São Salvador da Bahia de Todos os Santos), este verano.

No está escrito en un lugar perdido, ni con tipografía enana sino en la segunda página del suplemento “Caderno Dez!” y con tamaño normal. Como todos los españoles creemos que sabemos portugués (hasta que vamos a Portugal) no lo traduzco.

Pregunta:

“Nao sinto nada quando transo com meu namorado. Sinto prazer somente quando me masturbo. O posso fazer?”

Respuesta de Mônica Neri acompañada de de un dibujo de un par de manos sobre un piano y una jovencita que se relame de gusto:

“O prazer sexual numa relaçao em que tenhamos um envolvimento afetivo ou amoroso e geralmente gostoso…..O ideal e que você converse com seu namorado sobre asunto”.

Hasta aquí como los consultorios sentimentales de la España tardofranquista. La diferencia es al final: “Só para sembrar: é imprescindible o uso da camisinha nas relaçoes, bem como o uso de um metodo contraceptivo seguro. Ai, é só relaxar e deixar o mometo acontecer”.

Bravo por los brasileños.

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