Rangún día 1.

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Internet “alámbrico”. Los pantalones hacen de routers.Internet.
Había leído en la guía y en los foros de la red que había bastantes problemas con internet en Birmania. También que no se podía acceder a Gmail ni Hotmail. Incluso alguno aseguraba que después de acceder a algún sitio de correo se le denegaba la siguiente vez que lo intentaba. Además del problema de censura también hablan de la escasez de sitios y de la lentitud de las líneas. Así que decidí retrasar la publicación del viaje y hacerlo a la vuelta. Vista mi primera experiencia ha sido un acierto. Ayer por la noche busqué el primer centro de internet. Había uno cerca del hotel. Mil kyat la hora. Unos 20 puestos pero ni uno ocupado. Como sólo quería mandar tres notas de dos líneas diciendo que habíamos llegado pensé que con media hora tendría de sobra. Tenía que ser una hora. Primero me rechaza el acceso a gmail. Con Terra y ONO puedo entrar en la primera página del portal pero en cuanto intento entrar en su correo me dice que son sitios no permitidos. Me quejo al empleado, toca unos parámetros y ya puedo conectarme. Primer escollo salvado, pero lo de la lentitud de las líneas no tiene solución. En los 60 minutos enviamos cuatro mensajes con un total de 12 líneas. Lo dicho: sabia decisión fue el retrasar las crónicas.

Rangún.
Primera mañana en Birmania. Tras las abluciones, el desayuno. Lo mejor del hotel: mango, papaya, piña, plátano, un zumo de algo desconocido, una tortilla, pan de molde, mantequilla, mermelada, una especie de crepe, té y café. Y en un salón que es lo mejor del hotel. Además nos cambian la habitación. La de ayer se define en la guía como “windows free”. Una manera poética de decir que no tiene ventanas. ¿Algún anglófono me puede explicar la diferencia entre “windows free”, que parece un anuncio de Linux, y “no windows”?

Primera tarea del día: buscar el viaje para ir a nuestro próximo destino, Mandalay. La dueña del hotel (en realidad la hija de la dueña) me ofrece con voz susurrante un billete de avión. Imagino que lo del susurro es porque es algo ilegal, quizás tiene escondida una máquina de emisión de billetes de avión falsos. Luego me dice que lo del susurro era porque a otro huésped que está desayunando en ese momento se lo ha ofrecido más caro. Pero nosotros queremos ir en tren.

Estación de ferrocarril de Rangún. A observar los números de las ventanillas.Llegamos a la estación de ferrocarril. Es la sala de venta de billetes más destartalada que he visto en mi vida. Y eso que estamos en la capital. Todo escrito en birmano. O sea que no se entiende nada, pero nada, nada. Afortunadamente a diferencia de la India no hay casi nadie y los empleados son muy amables. Primero en una ventanilla un ferroviario me explica los horarios pero para saber el precio y comprar los billetes hay que ir a otra ventanilla. El problema del tren es que sale a las 5 de la mañana y además del madrugón no sé como andará el tema de taxis en esta ciudad a esas horas. Aparece el indio que ayer me cambió los billetes en el mercado negro. Se llama Kim, sí “Kim de la India”. El pobre anda buscando como puede una comisión. Me ofrece un autobús por mucho menos. Lo pensaremos.

Nos vamos a visitar la pagoda Sule. Está cerca y es la segunda más importante. Los ingleses, verdaderos constructores del Rangún actual, diseñaron las calles como una serie de cuadrículas tomando esa pagoda como el centro geométrico. Tiene la típica población de gente rezando, otros que se dan una vuelta por allí, los vendedores de ofrendas y algún que otro turista como nosotros. Pero pocos. Allí nos encontramos a Maria Jesús, española que viaja sola y que acaba de llegar. Nosotros ya somos veteranos pues llevamos medio día más. Nos intercambiamos informaciones. Ella ha ido a la embajada francesa porque se sacó el visado en París y quiere ampliarlo. Le han dicho que hay partes del país que no son accesibles para los extranjeros y que en otras zonas que sí lo son si te pasa algo ellos no irán a buscarte. Nada halagüeño pensando que son algunos de los sitios a los que pensábamos ir. De todas maneras eso de solucionarte los problemas e ir a buscarte creía que era cosa de las embajadas británica y USA con sus ciudadanos a comienzos del siglo XX. Claro que como no sé el nivel de francés que tiene la española a lo mejor ha estado hablando con un conserje o un botones y pensaba que era un diplomático. Por si me lees Maria Jesús; si vuelve a pasarte lo mismo primero preguntas:

“Monsieur, êtes-vous le concierge?” o “Monsieur, êtes-vous le garçon de courses?” que con tanto galón y charretera es fácil confundir al embajador con el ordenanza.

Estando en la pagoda cae el primer chaparrón. El centro de Rangún tiene la circulación muy fluida. A ello ayuda que no hay demasiados coches, ni una moto, ni motocarro, ni bicicleta y por supuesto nada de tracción animal. (¿Se considerará la silla gestatoria papal como de tracción animal?) Además la mayoría de las calles son de una sola dirección. Y ese dictado militar con esas prohibiciones no lo han ampliado a la costumbre de mascar betel y sus consecuencias: grandes escupitajos rojos por todas partes. Sabes donde hay una parada de autobuses en una calle por el color del suelo al lado de las aceras.

Después de un breve descanso en el hotel vamos paseando hasta el río pasando por delante de la pagoda Botataung, que la dejamos para otro día. Al lado del río muchos chicos y jóvenes jugando al fútbol y muchos barcos y trasiego de pasajeros que suben a unas barquitas. Desde allí a un restaurante de los que la guía llama de “selección del autor”. Está al lado del lago Kandawgyi y una de sus especialidades se llama Be’ou-pazun-anshar-thoor-gyaw. O sea huevos de pato rellenos de gambas. El lugar es una maravilla y la comida excepcional pero somos los primeros y está vacío. Luego tres españoles: les ha gustado tanto la comida que han regresado para cenar. Pero nos hemos comido las dos únicas raciones que quedaban de Be’ou-pazun-anshar-thoor-gyaw.

Vuelta al hotel y sueño reparador.

El cambio.

Aquí todo el mundo cambia en el mercado negro. Realmente no sé cuál es el cambio oficial pero lo preguntaré. Te cambian en los hoteles y en la calle. Ayer lo hicimos dos veces. La primera con Kim de la India. Nos llevó en una larga galopada hasta una tiendecilla de la que él era el gancho. Luego me abordó otro indio. Le dije que solo cambiaba en una tienda. “Por supuesto”. Nos lleva a una casa donde está el cambista y nos dice que es que la tienda ya está cerrada y vamos a unas escaleras. Después de contar un paquete enorme, pues un dólar son 1250 kyats y el billete máximo son de 1000 kyats, me dicen que si tengo euros mejor. Volvemos a contar. En un momento dado intentan esconder un paquete de billetes. Cojo mi dinero y nos largamos. Por poco. Hay que tener mucho cuidado.

2 comentarios to “Rangún día 1.”

  1. Mª jesús Says:

    No tuve problemas en el consulado, porque la persona que me atendio , se identifico como el consul, hablaba un estupendo español pues su apellido era Sanchez y descendiente en primera generación de españoles.

  2. Angel de Birmania Says:

    Querida Maria Jesús:
    si hubiese sabido que se llamaba Sánchez no hubiese escrito mi comentario sobre tu posible confusión. Yo todos los Sánchez que conozco hablan muy bien el castellano, aunque ninguno es cónsul. Y todos son descendientes de españoles.

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