36. Estambul, último día.

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Pescadores en EminonuHoy va a ser un día rarillo. Mejor, una noche rarilla. Resulta que el avión sale a las seis de la mañana y para eso me tendría que levantar a las dos y media. No puedes dormir esa noche.
Desayuno frente a la mezquita azul y el mar de Mármara. Un día espléndido, con sol y mucha visibilidad, así que hoy haré la excursión por el Bósforo.
Me voy hacia el puerto y me cruzo con un señor elegantemente vestido, fumando en pipa y con un gran libro que dice “Ottoman Empire”. Un poco más adelante paran un par de furgones celulares y bajan un grupo de jóvenes esposados. ¡Vaya contraste!
Hoy hay mucha gente en el muelle, imagino que todos los que como yo decidieron posponer ayer el viaje por el mal tiempo. Detrás de mí una pareja de catalanes de mi edad. Cuando llega a la ventanilla de los billetes le oigo pedir a ella: “Al Bósfore, cuatre”. Sin complejos.
Creo que ya lo dije el año pasado, pero por si no lo hice o no me leíste: el mejor sitio es a babor en la popa. El barco está atracado al lado del puente Gálata. Mientras esperamos a zarpar veo como los barcos que pasan por debajo de ese puente lo hacen casi rozándolo. Cuando se habla del calentamiento global siempre salen las islas del Pacífico que las cubrirá el mar, pero es que en cuanto suba un palmo estos barcos ya no podrán pasar. Como son de dos pisos tendrán que bajar el techo del piso de arriba pero como ya va un poco justo entonces será solo para los niños y los pequeñitos. Vaya, que tienen un problema. Una solución podría ser ir poniendo más lastre conforme el agua vaya subiendo y así el barco se iría hundiendo, pero no sé.
El viaje es una maravilla. Sales a las diez y media y llegas al destino a las 12. Luego regresas a las tres y llegas al muelle de Eminonu a las cuatro y media. Y solo hay ese barco. En el recorrido hay varias paradas pero casi todos vamos hasta el final.
En mis diferentes viajes me he percatado que en una parada llamada Yenikoy siempre se bajan casi todos los orientales que van en el barco. Yo no sé si todos van en grupo o es que llevan el mismo libro que les dice que se ha acabado el viaje. Y además cuando regresamos por la tarde nunca están. O Yenikoy está lleno de chinos, los que no he visto durante todo el recorrido, y es como el polígono ése de Fuenlabrada o es que van a buscarlos con autobús. La próxima vez que haga ese viaje me bajaré allí y los seguiré. En el recorrido se pasa por unas casas maravillosas. Amigos propietarios de adosado: eso sí que es una casa unifamiliar. Y es que hay gente con mucha pasta en todos los sitios. Cuando los veía se me ha ocurrido el siguiente pensamiento de antropología crematística: el dinero y la riqueza suelen ir unidos pero no siempre es así. Lo mejor es que lo vayan pero también funcionan las otras posibilidades. 1) Se puede ser rico y tener dinero. Es la situación más improbable. 2) Se puede no ser rico y no tener dinero. Es la situación más frecuente. 3) Se puede ser rico y no tener dinero. Es la situación que provoca más frustraciones y más insomnio. 4) Se puede tener dinero y no ser rico. Es la situación más escasa. En mi entorno cercano conozco los cuatro casos. De los propietarios de esas maravillosas casas a orillas del Bósforo no conozco a ninguno pero imagino que serán del primer caso. ¿Tú de cuál eres?
Al llegar a la última parada, Anadolu Kavagi, se sube a un fuerte genovés en ruinas. Desde allí se ve al fondo el mar Negro y debajo todo el flujo de los barcos. Todos van en dirección norte o sea entrando en el mar Negro y ninguno en dirección opuesta. Sería interesante saber las reglas que siguen. Desde la terraza del hotel se ve el mar de Mármara lleno de barcos fondeados. Imagino que están esperando para cruzar el estrecho. ¿Quien les da la vez? Cuando volvemos la niebla empieza a cubrir las ruinas así que ha sido por poco. Al llegar paseo por última vez por el puente Gálata. Como siempre lleno de pescadores de caña. Uno saca de una vez cuatro pescaditos que son del tamaño de una anchoa. De golpe ha liquidado a una familia entera. O a cuatro amigos que se estarán cagando en los muertos del que ha dicho: “vamos a comernos esos mosquitos”. Subo a Sultanahmet paseando por las calles cercanas al Gran Bazar. Vuelvo a ver los vestidos de niña de “primera comunión” y los de niño de “primera circuncisión”. Parecen de marineros otomanos. ¿Quién habrá copiado a quien? ¿Los cristianos a los otomanos o ellos a los cristianos?
Acabo en la mezquita azul como una despedida de Estambul. El patio no está tan vacío como cuando llegué en marzo pero nada que ver con el follón matutino. También se nota en que en marzo no había apenas “ganchos” y ahora sí. Debe ser que con el calor salen de su letargo invernal.
Cena, espera y al aeropuerto.

Desayuno otomano. O quizás mejor sería decir “costumbre otomana”. Veo al dueño del hotel desayunando. Moja un trozo de pan en el té y luego lo mete en la yema del huevo duro. Me hubiese quedado allí de pie viéndole para ver cuantas marranadas más hacía.

Nota: Para ver mejor lo abigarrado que puede estar el puente Gálata cualquier festivo de buen tiempo ved la misma foto en grande aquí Pertenece a un conjunto de fotografías de Estambul de Helen Betts, una buena viajera norteamericana que tiene un especial cariño por Turquía. Podemos verlas en tanto AL cuelga las suyas en Flickr.

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2 comentarios to “36. Estambul, último día.”

  1. Carmen Says:

    Ha sido un placer viajar “contigo” y “acompañarte” en esta aventura todos estos días.
    Gracias.

  2. Angel de Turquía. Says:

    Carmen, das por acabado el viaje pero falta el “final”.
    Gracias por tu comentario.

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