27. Malatya.

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Malatya en TurquíaEn el comedor del hotel están todas las mesas llenas y me siento con uno que está con un ordenador portátil. Eso de compartir mesa es tan corriente que en los restaurantes la gente se sienta, pero sin decir nada y se levanta igual. Al poco aparecen dos amigos suyos que se sientan también. Uno me dice que habla inglés. Me quedo muy decepcionado de mis dotes explicativas. Siempre me preguntan en qué trabajo. Que no trabajo. Esto normalmente me cuesta varias respuestas porque nunca lo entienden a la primera. Y luego porqué viajo solo. Yo no trabajo y mi mujer trabaja. Y los hijos y los nietos. Al final lo tienen todo claro. Como siempre son las mismas preguntas, tengo todo el razonamiento muy elaborado, incluyendo el árbol genealógico, que no lo rompí y sigo utilizando el mismo. Pues después de todo, éste a los diez minutos de desayuno me pregunta si estoy casado. De la manera que le he respondido y mirado no me ha vuelto a preguntar nada más. Y eso que era ingeniero y trabajaba en una empresa de telecomunicaciones. Lo único que se me ocurre es que precisamente por serlo hacía como el del otro día que recorría todas las preguntas en voz baja: “¿Cómo estas?, ¿Cuántos años tienes?, ¿De dónde eres?, ¿En qué trabajas?” Hasta que ha llegado a “¿estás casado?”. Claro que como éste era ingeniero le decía para si y no se le notaba como al otro. Le he preguntado a qué edad se jubilaban en Turquía. Los hombres a los 65 y las mujeres a los 60. ¿Qué pensaran los de la igualdad de genero? Le he preguntado por esa diferencia. Ni lo sabían, ni parecía importarles. Les he dicho que quizás es porque las mujeres trabajan mucho más que los hombres, que siempre están en las teterías. Me parece que no me han entendido la gracia. Me voy a visitar la Malatya antigua.
Battalgazi.
Esta a 11 kilómetros y se va en un autobús urbano de esa ciudad porque parece que son municipios diferentes. En Turquía en muchos autobuses urbanos municipales tienen un sistema muy curioso de control de billetes: compras un ticket de papel en una caseta. Al lado del conductor hay una caja metálica con una ranura. Metes allí el billete y cae dentro. Fin del control. Se llama “control por gravedad”, porque eso es lo único que hace falta: la fuerza de la gravedad para que caiga el billete dentro de la caja.
En el camino todo son campos de frutales en flor. Los famosos albaricoques de Malatya. Pero todo. Si no fuese porque sigue nublado y algo fresco creo que seria la mejor época del año para venir aquí. Esta ciudad estaba amurallada y tenia 95 torres, construidas por los romanos y acabadas en el siglo VI. Los pocos restos que quedan de las murallas están aprovechadas para apoyar las casas construidas al lado, como soporte de bancales y además se han llevado todo el revestimiento exterior que estaba bien acabado para otras construcciones y lo que queda esta como descarnado y hecho polvo. El pueblo actual se edifico sobre sus ruinas y lo que no, esta plantado de árboles. Así ha quedado ahora un pueblo agrícola, prospero, de 15 mil habitantes, un poco destartalado y en el que da gusto pasear. Todo respira tranquilidad.
Al lado del ayuntamiento hay un caravanserrallo: Silahtar Mustafa Pasa Kervansarayi. El caravanserrallo del portador de la espada el pacha Musrafa. Eso ha cambiado en la traducción inglesa: del turco “Mustafa” a “Musrafa”. Fue construido en 1637 por el arquitecto Ebukebir. Mide 67 por 76 metros. Remarca esa información de la entrada que se utilizaron 200 mil “pointed stakes”, que para mi son “estacas puntiagudas”, en la construcción de los cimientos y paredes. Pues a ver si me lee un aparejador otomano y me explica su importancia. Tiene una pinta estupenda y parece que lo han intentado restaurar recientemente, pero la zona central esta cerrada y la parte exterior bastante sucia. La guía te dice que vayas a ver la Gran Mezquita, que es por lo que has venido aquí. Le pregunto a un señor mayor. Es el que mejor me ha indicado en todo el viaje.
Normalmente me dan un largo recitado en turco del que solo saco en claro el ultimo movimiento de la mano para seguir el camino. Este señor me ha señalado la dirección sin decirme nada y luego se ha tocado su brazo izquierdo. Ayer cuando entré en el gobierno civil buscando la oficina de turismo y pregunte a un policía que estaba en un mostrador de información y que “sabía” ingles, me señalo el camino y me dijo “a la izquierda” y con la mano me enviaba a la derecha. Le expliqué su contradicción y él lo mismo. Al final debió pensar que yo era idiota, salio del mostrador y me acompañó. Pues el señor de hoy ni policía ni ingeniero.
Llego a la mezquita. El exterior esta todo restaurado. Fue construida durante el reinado del selyucida Alaetin Keykubad I en el 1224. Parece un lugar precioso pero esta cerrado. Me conformo pensando que por lo menos habré visto la Turquía rural en un pueblo normal, pero las mezquitas suelen abrir en el momento del rezo así que le pregunto a otro mayor con el que me cruzo. Me pregunta si hablo alemán. El si. Y me ha dicho algo así como que mucho “arbeit” en Alemania. Esa palabra me suena del lema de los campos de concentración alemanes: “el trabajo os hará libres”. O sea que trabajo duro allí. Saca su reloj y me señala las 12. Todavía no son las 11. Me acerco a ver otra mezquita cercana. También está cerrada. Me encuentra un señor que viene de la compra con unas bolsas. Me lleva a su casa a esperar la hora del rezo. Ha sido muy interesante. Ha estado trabajando 32 años en Holanda y habla holandés. Algunas palabras de inglés, poquitas y algo de alemán pues también ha trabajado allí. también dice mucho lo de “arbet”. Y tenia un “camarada” español, Estefano, al que le tenia mucho cariño. Con ese nombre para mí que era italiano o bien tenia un nombre racial español, tipo Romualdo y se lo cambió para facilitar la conversación. Pero parece que este Estefano era un tipo estupendo y al turco le parece que todos los españoles somos así. A su mujer y a su hija que estaban viendo una telenovela les hemos debido fastidiar, pero allí he estado una hora hablando en holandés. Como mi holandés es bastante limitado, cero, a veces se me escapaba algo en castellano y parece que algunas palabras las reconocía como de Estefano. Me dijo que decía “lagarta” y eso si que no es italiano. Se fue a trabajar en 1967 y regreso en 1999. Su pensión 800 euros. En Holanda lo tendría durillo pero aquí parecía un señor próspero. Y aunque tenía 68 años su aspecto era magnífico.
Cuando he estado con él rezando (rezaba él y yo miraba) me he dado cuenta de que tenía problemas de espalda. Me ha dicho que sí, que en Holanda mucho “arbet”. Le pregunto que cuándo abren la mezquita y me enseña una hoja de calendario de esas de block. Están en todos los lugares, pero no sabía qué eran. Son calendarios de pared pero con una hoja por día. En esta hoja pone las horas de cada uno de los 5 rezos según las ciudades. Las que están mas al este rezan antes. A Malatya le tocaba a las 12:38. Yo ya no sabia qué hacer allí excepto decir que no a los continuos ofrecimientos de tomar té. Le he dicho de ir antes para hacer unas fotos por fuera. Me acompaña a la mezquita, me dice que espere y aparece con las llaves. Así que podíamos haberla visto nada mas llegar, pero el problema del entendimiento es una gran barrera. Pues ha merecido la pena. Es una verdadera maravilla. Lo que se ha restaurado se nota, pero no desentona y lo antiguo es excepcional. El conjunto es algo fuera de serie. Cuando salimos nos encontramos con uno que resulta ser el imán. Me lo presenta. Me dice que porqué no entro mientras ellos rezan. Llegan una media docena de fieles. El que canta es el que he conocido y va de paisano, pero el que dirige la ceremonia es otro que lleva una túnica y un gorrito. Al acabar me despido del turco-holandés. Me dice que me vaya a comer a su casa, pero le digo que tengo que volver. Ha sido muy interesante.
Regreso a Malatya y me voy a comer. Después me voy a una zona que la guía recomienda por el ambiente con cafeterías. Quizás sea la hora o porque el día no acompaña pero está desierto todo. Podría ser como una zona de moda de ir allí la gente. Hay incluso tiendas donde venden vino. Entro en una pastelería que podría estar en cualquier ciudad europea. Pido un pastel de esos turcos pringosos hecho a base de pistachos. Podría quedarme allí toda la tarde de lo bien que se está. Pero me voy de nuevo a visitar a los quemadores de cabezas a preguntarles lo de la lengua. Se alegran mucho al verme. El de las cuatro palabras de francés ya va diciendo más. Si me quedase un par de meses seguro que acabaría recordando todo. Así he acabado sabiendo que su abuelo era de Erzurum. ¿Y el asunto de las lenguas? Que sí, que las tienen. Hoy había un montón más grande que ayer sin quemar en el suelo. Rápidamente un té con el colega de la herrería de al lado. Y allí sentado hablando en francés e ingles y oyendo turco he pasado un rato.
Las cabezas las ensartan por uno de los agujeros del hocico con un hierro largo y con el fuego de la forja las queman. Con unos hierros más pequeños insertan las patas. Han venido unos señores a comprar una cabeza. Antes de llevársela le han pedido algo. Ha cogido un cuchillo, lo ha afilado mucho y ha cortado cuidadosamente los dos carrillos. Así ha abierto la boca. El precio: una cabeza y cuatro patas, 5 liras, unos 2,7 euros. Unas 450 pesetas. Cuando me voy pienso qué pasará con este tipo de negocio si entra Turquía en la UE. Creo que la solución sería que pusiesen la fecha de decapitación, como en los huevos. Pero lo veo complicado.
Después me voy al mercado de las frutas secas. No he visto en mi vida una concentración igual de este tipo de tiendas y tan bien presentadas. Entro en una. Hay una familia turca comprando. Imagino que los precios están hinchados porque no paran de probar y comer de todo lo expuesto. Y debe ser lo normal porque como yo no lo hago el señor venga a ofrecerme de todo. Un consejo: no vengas antes de comer, porque no comerás, me refiero a la comida, ni después de comer porque no comerás, en este caso me refiero a todas estas cosas tan buenas que te ofrecen.
Regreso al hotel pasando por el mercado. Los puestos de vegetales y frutas preciosos. Los de pescado con las truchas como producto estrella, alguno que pone que es del mar Negro y sólo uno congelado, el jurel, que no lo he visto en España así. Ceno espaguetis con yogur. Es la primera vez que veo pasta. Me cuesta la mitad que el pastel de esta tarde. Internet y a dormir.
Enigma. En Malatya hay una estatua de Inonu, un líder político, horrible. Horrible la estatua. Hay también una de Ataturk como en todas las ciudades turcas, pero esta es especial. Ataturk esta de pie y vestido, por supuesto. Pero coge por los hombros a un señor totalmente desnudo, excepto que lleva una hoja de parra. No sé su significado pero la pareja esta muy graciosa.

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2 comentarios to “27. Malatya.”

  1. jose luis Says:

    Qué gozada, entras en una mezquita, además cuando ellos rezan, conversas con la gente, tomas té y descansas. Buena jornada.

  2. Angel de Turquía Says:

    Joséluis, pero no siempre las cosas salen tan bien.

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