26. De Karadut a Malatya.

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De la antigua Malatya queda Arslantepe, tell hitita con restos de la Edad del Bronce Hoy ha amanecido mejor que ayer. Es que peor era imposible a no ser que hubiese habido un terremoto. Casi me daban ganas de quedarme para subir al Nemrut, pero no acababa de estar despejado y era una perspectiva poco halagüeña quedarme en el hotel todo el día como ayer. Porque fue un día tranquilo, pero pasé bastante frío. Nada, a la furgoneta, que llega hasta los topes porque ha ido recogiendo gente cuando venia. Como el chofer estuvo varias veces en el comedor del hotel -debe ser uno de los parientes- y me conocía, ha hecho mover a la gente y me ha colocado delante. La primera etapa, de Karadut a Kahta. Es un paisaje suave y montañoso. Sólo hay un autobús directo de Kahta a Malatya, mi próxima etapa y sale de la misma estación de furgonetas a la que llego. Si vas y no puedes coger ese, te vas a Andyaman y de allí a Malatya.
Al llegar a Kahta el chófer me lleva a la oficina del otro autobús y habla con el otro chófer. Todo era enchufe. Luego me viene a buscar y se empeña en llevarme a una tienda de comestibles que está enfrente de la otogar. Yo no quería ir pero él venga que fuera. Pensé que era para que me comprase algo de comida para el viaje pues llegaré a Malatya más tarde de la una y con la búsqueda del hotel quizás no me dé tiempo para comer. Qué considerado. Pues no, quería que fuese para que charlase con uno que trabajaba en la tienda y que era pariente de los del hotel de Karadut y al que había conocido el primer día. Por lo visto le había dicho que cuando bajase el español que lo llevase allí el rato de la espera. Habla bastante inglés y quiere irse a trabajar al extranjero cuando acabe la mili. Es obligatoria de 15 meses a los 20 años. Aprovecho que es de Karadut y habla inglés para que me resuelva una duda que te puede interesar cuando vengas a Karadut.
Allí pregunté por los transportes que había con Kahta. De Karadut a Kahta hay tres furgonetas por la mañana, a las 7:00, 7:30 y 8:00. Regresan de Kahta a Karadut a las 1:30, 3:00 y 4:00. Pero hay también desde las 8 de la mañana cada dos horas de Kahta a Karadut. Pero no de Karadut a Kahta. ¿Dónde se meten? Pues es verdad.
En la otogar de Kahta un señor vende pantalones de esos de tipo bombacho. Ahora sólo los lleva la gente mayor. Me hubiese gustado probármelos para saber si son más cómodos o qué ventajas tienen, además de que no debe haber tallas al no ir ajustados.
De Kahta a Malatya son cuatro horas. Vuelven a aparecer las montañas nevadas. Pasas por pueblos que no tienen el exotismo de los del este pero que notas que es la Turquía profunda y también real. Y me percato de que en todo el recorrido no he pasado por ninguna zona industrial. No es que Turquía sea una gran potencia fabril pero en algún lugar deben estar las factorías. No en el este.
Al entrar en la ciudad un “edificio singular”. El primero que veo. En Kahta he intentado saber en qué otogar de Malatya para el autobús pues la guía dice que hay una enorme a 4 kilómetros del centro. Pues en una parada que ha hecho dentro de la ciudad me ha dicho que me bajase y me ha indicado la dirección del hotel. Quiero decir con “la dirección” no la calle sino “hacia allá”. Y ha empezado a llover. Pregunto y a la segunda vez me dice el preguntado que le siga. No sé si tenia mucha prisa o es que se estaba entrenando para alguna disciplina atlética pero me ha llevado algo mas de un kilómetro a toda velocidad hasta el hotel. Regateo y tomo posesión de la habitación.
Malatya.
Si en España dices “Cariñena” todo el mundo responde “vino”, pues aquí dices “Malatya” y todos te dicen “albericoque”. O “alberge” si es de mi pueblo turco. Antes de llegar todo está cubierto de árboles en flor. He leído que incluso hay un festival para celebrar el final de la cosecha a mitad de julio. La guía dice que no hay mucho que ver en esta ciudad, pero que tiene un ambiente muy animado y que es un buen lugar para descansar un par de días antes de atacar el Nemrut. Pues yo lo he hecho al revés y viendo lo agradable que es y lo bien que se está en este hotel hubiese podido pasar el día de ayer aquí. Pero como dijo un famoso político: “Ahora yo también lo sé. Tengo el problema de no haber sido tan listo de saberlo antes”. Porque al fin me encuentro en una ciudad normal. Por supuesto, muchas mujeres con la cabeza cubierta con pañuelos de colores al modo turco, pero también muchas con el pelo al aire. Eso sí, los policías, como en Diyarbakir, los menos informados. Pregunto a uno que esta a 50 metros del edificio donde se encuentra la oficina de información turística y no lo sabe. Otro me envía a una agencia privada. Menos mal que el de la agencia viendo que no tenía negocio conmigo me envía a la de verdad, que esta en el edificio de algo así como el gobierno civil provincial. Y ha sido realmente útil. Y no es que por ser una ciudad moderna no tenga historia porque por aquí pasaron todos desde los asirios. Lo que ocurre es que en una de esas invasiones, tan tarde como en 1839, los otomanos se hicieron fuertes frente a los invasores egipcios y la ciudad quedó destruida. La nueva se edificó aquí, en diferente emplazamiento de la anterior. Pero sigue existiendo la antigua donde iré mañana.
La guía recomienda que te des una vuelta por una especie de mercado donde trabajan los herreros. Muchos están haciendo cosas normales con herramientas eléctricas pero algunos siguen con la forja. Lo más curioso: un par de pequeñas forjas además de hacer algún utensilio de hierro también cocinan, o mejor “socarran”, cabezas de cordero. había un montón de ellas en el suelo. Cabezas normales como recién decapitadas. Un par de docenas. Y luego en unos expositores de hierro unas cabezas pero de las que solo se veía la calavera. Por si había alguna duda debajo de la fila de 4 o 5 ponía en turco: “cabezas”.
No he hecho mas que acercarme y me han invitado a un té. Y me han explicado que las quemaban allí en el fuego de la forja. Las venden así enteras e imagino que luego en casa se comen los sesos y la lengua. Lo de la lengua no lo tengo claro porque estaban todas con los dientes apretados. Mañana volveré para preguntárselo. Allí he estado sentado con tres herreros. De uno me han dicho los otros que hablaba francés. Sabía cuatro palabras: papa, Estrasburgo, Peugeot y muerto. Su padre había estado trabajando en la Peugeot en Estrasburgo y se había muerto. Me da la impresión que de niño había estado viviendo en Francia pero no sabía decir nada más. Bueno, quizás mañana diga alguna palabra más. También había un montón de patas de cordero en el suelo pero no tenían nada de carne.
Cerca hay un mercado lleno de tiendas de frutos secos, con la gran especialidad de la ciudad: los albaricoques secos. El de la oficina de turismo, al que le he preguntado por ésto, me ha dicho que los mejores eran los de color marrón oscuro. Que los amarillos claros, tan bonitos, los secan por métodos artificiales y a los otros los secan al sol. Ceno una de esas pizzas turcas, “pide”, que no sé porque no se han extendido por todo el mundo como la italiana porque son buenísimas. Un ratito de Internet y al hotel.
Palabras turcas.
Útil, si comes pide: “pastirma“. Carne de ternera curada con comino, fenogreco, ajo, sal y pimentón.
Útil, si vienes a Malatya: “günkurusu” La primera “u” se pronuncia como en francés. Pones la boca como un barbo hembra al decirlo. Son los alberges secos morenos.

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