¿Cómo puede el PSOE renunciar electoralmente a Madrid?
Como no la leo en los sitios y papeles que suelo leer y como, por contra, sí he oído ya varias veces expresiones y comentarios en este sentido, me he hecho esa pregunta sin posible respuesta, en mi calidad de votante potencial. También podría plantear su pregunta especular ¿Alguien cree en la posibilidad electoral de sus candidatos? Capacidad y méritos no les faltan, seguro que no y si alguien se molesta en inventariar cualidades es posible que, bien descritas, igualen o superen a las de sus oponentes, pero ¿son los cabezas de candidaturas el tandem ilusionante que el PSOE debe ofrecer a la ciudadanía? ¿No presentan algunas flaquezas evidentes que disgustarán a su base natural de votantes?
Supongamos que los votantes puedan olvidar el pasteleo feroz de la elección anterior a la Comunidad en la que logró saberse, entre otras perlas, que una tránsfuga con ocho silenciosos años en la Asamblea era de nuevo incluída en las listas porque un pequeño grupo negoció su inclusión de malos modos, lo que acabó en una fuga sospechosa de la que únicamente fueron responsables los demás.
Supongamos también que los votantes acepten que la elección del candidato a Alcalde de Madrid recaiga por segunda vez consecutiva en una persona con amistad personal con el Presidente, que no ha escarmentado de su error en la primera, porque nadie le ha dicho que la designación de amigos no es un método necesariamente más certero que otros.
Madrid-Comunidad somos más de seis millones de habitantes, Madrid-Ciudad (sus habitantes) fué, cuando tuvo que serlo (en estos tiempos de recuperación de la memoria hay que decir muchas obviedades) la ciudad más heróica de España. ¿No merecen esos detallitos la atención y elección de primeros actores? Es cierto que en Madrid no se tocan las gónadas al resto de los españoles con inexistentes identidades insolidarias y no se escriben estatutos rimbombantes pidiendo más que nadie y el agua ajena, pero esta aparente falta de ambición no debe confundirse con dejadez. Quizá por esto, hay partidos que piden milagros.
¿Alguien se rasgará las vestiduras si los votantes deciden por su parte ponerse también un poco mesiánicos?