32. Estambul, tercer día

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Palacio DolmabahceHoy lunes, como en España, todos los museos están cerrados. Esto no es el gazapo, ya sé que el Reina Sofía no. Así que hoy se va a hacer compras, pasear, ver mezquitas o hacer la excursión por el Bósforo que es la opción que he elegido. Hay un barco de servicio público que está muy bien. En esta temporada sólo hay un viaje que sale a las 10:30, llega sobre las 12 casi hasta el punto en el que es Bósforo acaba en el mar Negro y vuelve a las 15:00 para llegar a las 16:30 de nuevo en Estambul. Y a pesar de ir con mucho tiempo casi lo he perdido. Este fin de semana había cambiado la hora y no me había enterado. Hay un grupo de españoles que no entendían la mecánica del viaje y no sabían que hacer. Se lo explico y suben al barco también. El barco va hasta arriba. Es la tercera vez que hago este viaje. Va al lado de la costa europea casi todo el rato con algunas paradas pues también funciona como un ferry para los habitantes de estos pueblos al lado de Estambul. Se pasa al lado del palacio de Dolmabache, el de “De parte de la princesa muerta” y los pasajeros se vuelven locos haciendo fotos. También cerca de algunas casas maravillosas. Reparo en una señora mayor, de setenta y tantos años, esbelta y elegante. No sé dónde estará su pareja aunque por la edad es fácil que sea viuda y vaya con algún grupo organizado, de los que hay varios aquí. Se parece a Henry Fonda en “Hasta que llegó su hora” pero con la cara más dulce. Se sienta frente a mí una pareja joven extranjera con un bebé y otra pareja que deben ser los abuelos. El padre del bebé tiene un movimiento espasmódico cada 27 segundos, más o menos. Empieza ligeramente en las cejas, le baja por la nariz y llega a su apogeo en la boca, para acabar desapareciendo en la barbilla. ¿No se dan cuenta ninguno de sus próximos? Porque es obvio que tiene un problema. Espero que algún día tenga enfrente a alguien que lo sepa y que no pueda aguantarse: “Oiga joven, usted tiene el síndrome de Rimsky-Korsakov “. Porque seguro que es un problema incluso con nombre. A mí me tenía casi hipnotizado. El recorrido del barco acaba en Anadolu Kavagi en la orilla asiática. Un pueblecito con varias instalaciones militares dominado por las ruinas de una fortaleza que fue bizantina y luego genovesa y finalmente otomana. Y hay que subir hasta allí para ver el punto en el que el Bósforo desemboca en el mar Negro. ¿Se puede decir “desembocar”? No sé si los estrechos “desembocan”. Allí me encuentro de nuevo con los españoles: son un grupo de la Sociedad Astronómica Alavesa. Encantadores. Con una afición así tienen que serlo. Han venido aquí para ver un eclipse total de sol en Capadocia. ¡Qué cosa más bonita! Seguir un meteoro. Son como los Reyes Magos. Unos un eclipse otros una estrella. Lo único que no me gusta de esa afición es el equipaje. Por lo visto llevan un telescopio de 50 kilos. Volvemos a Estambul. La señora de la ida está sentada frente a mí con otra señora parecida. Son pareja. Cuando llegamos a Estambul me despido de los astrónomos y veo a la pareja alejándose cogidas del brazo. Estoy por quedarme por el puente Gálata pero decido ir a visitar alguna mezquita que no conozca. La primera se llama Kilise, que en turco quiere decir “iglesia”. Cuando llego está cerrada pero tengo la suerte que en ese momento llega el sacristán. ¿Cómo se llamará la figura del sacristán en turco? Abre y me deja entrar. Lleva los cacharros de la comida y los frega en la fuente donde se lavan antes de rezar. Los sacristanes son en general gente bastante descreída. Debe ser que el contacto diario y continuo con lo divino te hace perderle el respeto. Creo que León Felipe tiene algo así sobre los sepultureros. Era una iglesia bizantina convertida en mezquita. Quedan restos de pinturas y de mosaicos de la antigua. Y me he cabreado bastante con los iconoclastas. Con las distancias necesarias he tenido el mismo pensamiento que nos hacemos muchos con los asesinos-suicidas de sus parejas. ¿Porqué no se suicidarían primero? ¿Porqué los iconoclastas no se cortarían las manos primero? Y ahora al escribirlo me doy cuenta que si no eres muy ingenioso cortarse la primera mano es fácil, pero la segunda…Y de allí me voy a ver la próxima mezquita. Es la de Kalender. Está cerrada pero tiene un exterior muy interesante. También fue una iglesia bizantina. Y para acabar me voy a al mezquita de Beyazit, la que está al lado de la universidad y foco del integrismo musulmán en Estambul. Enorme y muy bonita. Hotel y cena en el restaurante habitual. Me despido del dueño con un apretón de manos. Luego un camarero me da un par de besos y compruebo que no son besos sino un ligero contacto de mejillas. Y el otro camarero dos cabezazos. Esto lo vi hacer el año pasado: como si te fuesen a dar un beso pero le das al otro en la frente. Antes de llegar al hotel entro en la mezquita azul que la visité cuando llegue pero no al regresar. Ya es de noche y hay muy poca gente. Me encanta. (Da la casualidad que cuando escribo las notas en el hotel por la noche estoy oyendo ” Vorrei spiegarvi, oh Dio!”, una de mis músicas favoritas). Salgo de la mezquita y me siento un rato en el patio vacío. Y entonces es la hora del rezo nocturno y por los altavoces de los minaretes empiezan a cantar. Esta mezquita ha sido la primera. Y es un momento mágico. Como de “Las mil y una noches”. Y cuando acaba se siguen oyendo a los lejos los rezos de las otras mezquitas que han empezado más tarde. ¡Pero que suerte tengo! Pensaba esta tarde en los astrónomos de Álava y en lo incierto de su búsqueda, porque igual llegan allí y está nublado. Pero yo ya he tenido mi eclipse.

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