19. Silifke, segundo día

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Silifke. Templo de Zeus. Hoy no sabia si seguir el plan previsto e irme a ver el monasterio de Alahan o continuar hacia mi siguiente etapa, Antakya. Como no llovía he decido quedarme e irme a Alahan. Está en la carretera de Silifke a Konya. O sea hacia el interior. Por si alguno quiere ir porque hay gente que no lo conoce. Parece mentira.
Primero se cruzan los montes Taurus. Es un paisaje precioso y grandioso. La carretera va mucho rato al lado del río Goksu, el de Silifke, y hay un monumento para conmemorar lo de Federico Barbarroja, pagado por el gobierno alemán para recordar tan luctuoso suceso en el sitio que ocurrió. O sea que debe ser verdad porque no veo yo a los alemanes pagando por mantener una leyenda sobre un corte de digestión. Aunque creo recordar que algún profesor me dijo que fue por una indigestión de melón. Que igual me equivoco de emperador, porque ya se sabe que con la gente que iba a las cruzadas había mucha leyenda.
Ahora que cualquiera de las muertes, sea por corte de digestión o de melón no me parecen muy heroicas. Parece más de turistas en Mallorca. No se como se llamaba el hijo del emperador Federico pero los hijos de los otros emperadores debían burlarse bastante de él. Que los niños pueden ser muy crueles.
En la carretera un coche de policía para al autobús. La primera vez que los veo. Se acerca un policía y el azafato le da una botella de agua de litro y medio y dos vasos. No he visto un soborno más barato en mi vida.
El bus te deja en la carretera frente a un letrero que dice “Alahan Kilisesi”. Todo cuesta arriba. Unos 45 minutos. En el camino unos pastores con cabras. Por lo menos hay alguien. Y llegas arriba. Algo mas de 1000 metros de altitud.
La guia dice que esta “en un sitio que corta la respiración”. Y también “le panorama est epoustouflant”. Que así en francés impresiona más. Pero es que realmente es así. De verdad. De esos sitios que te dan la impresión de “fin de mundo”. Porque ayer en Uzancaburc no había nadie, pero estaba cerca un pueblo. Aquí el pueblo esta allá abajo y casi no se ve. Estás en la montaña en medio de ninguna parte. Con unas iglesias bellísimas y un paisaje que, bueno, pues es “epoustouflant”.
Una iglesia es del siglo V y esta bastante arruinada. La otra del VI y casi intacta. Pero al verla piensas que cualquier día se va a caer toda. Por supuesto no tiene tejado, pero
sí los arcos y columnas y ventanas. Está tan bien hecha que de lejos parece un edificio de cemento. Y también hay muchas capillas excavadas en las rocas de los alrededores con tumbas. Una de ellas parece que fue del rey Salmanazar. Saqueadas, claro.
Y con gran pesar me he bajado. En el cruce de la carretera hay como un collado y unos puestecitos donde paran los camiones. Le he preguntado al de una tiendecita por el paso de los autobuses. Y me ha enseñado una postal de una iglesia que tenia pinturas murales y que estaba solo a un kilómetro. He encontrado el letrero en la carretera pero no la iglesia. Y eso que la he buscado a fondo. Según el tendero estaba a 200 metros
del letrero. Por si alguno se anima: “Alaoda Kilisesi” en la carretera de Silifke a Konya.
Al volver, el señor se ha quedado tan contrariado que ha cerrado la tienda y quería llevarme con su coche y con un chaval que me guiaría. Pero ha aparecido el bus directo que me llevaba a Silifke. Realmente estoy encontrando gente muy amable.
LLego a Silifke y me vuelvo andando al hotel. En el camino encuentro algo que me impresiona muchísimo: un señor cojo pero no con pata de palo sino de hierro. Un trozo de hierro tronco-cónico. Como lo llevaba muy limpio relucía al sol y como era vieja, la pata de hierro, tenia un gran agujero. Algo increíble.Leyenda del día.
Sobre el río Goksu hay un puente que esta a unos cien metros de mi hotel. La historia dice que fue construido por el emperador Vespasiano en el año 77. La leyenda dice que el ingeniero que lo hacia no conseguía solucionar la construcción del pilar central. Sacrificaba cabras y camellos, pero nada. Un día vio a una joven de ojos negros que iba a buscar agua al río. La rapto y la enterró viva en la obra del pilar central. Otra versión dice que la quemo viva y sus cenizas las enterró en el pilar. De cualquier manera esa fue la solución. Una vez al año se oyen gritos desgarradores de una mujer. Es que pide otro sacrificio humano. La gente de Silifke echa vísceras de animales al río desde el puente para evitar que se repita la tragedia.

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