10. Antalya, segundo día

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Playa de Antalya y los Taurus al fondoDesayuno en el hotel. Salgo dispuesto a visitar Termesos, del que dicen las guías que es lo más bonito de los alrededores. Desde la ventana de la habitación había un maravilloso cielo azul, pero Alí, el empleado del hotel, me dice que no me deje el paraguas. Parece que la ventana tenía el único trozo de cielo azul pues el resto estaba muy cubierto y desapacible.
Cojo un microbús, en Turquía “dolmus”, que va a la “otogar” que esta a 4 kilómetros del centro. Lo típico, veo que pone en el letrero “otogar”, le pregunto al chofer por si acaso y me dice que sí y pago una lira. Lo que no había leído en el letrero es que también ponía Bellvitge, Orcasitas y La Almunia de Doña Godina, además de “otogar”. Un viaje de 45 minutos (¡por veinte duros!) para dejarme a 500 metros de la estación de autobuses.
Como en el camino cayó una lluvia torrencial y se volvió casi frío, decido cambiar el plan: me voy a Aspendos. “El mejor teatro del Asia Menor” según la guía. Una amiga que se quejó en el viaje de la India, porque no encontraba ningún sitio de los que citaba, espero que sí encuentre lo de “Asia Menor” que es de cuando ella iba al colegio de las monjas.
El autobús tiene escrito un letrero que dice “Aspendos”. Pues te deja en Serik donde tienes que coger otro para Aspendos. Total que son 45 kilómetros desde Antalya y que me van a costar toda la mañana. Claro que puedo seguir estudiando el comportamiento de los turcos y el tema de los bigotes y las edades. Por cierto, ¿dónde estarán los hombres de 40 a 50 años? Quizás es que como empiezan a dejarse el bigote les da vergüenza salir los primeros meses porque se esta muy ridículo. También observo que en los “dolmus” (microbuses ) de los pueblos los hombres con bigote al entrar dicen “salam maleikun” y los sin bigote no dicen nada.
El microbús para Aspendos es de unas 20 plazas y llega a tope. Luego para delante de un colegio donde hay una larga fila de escolares. Suben unos 35. Es que hace el servicio de bus escolar. Así que vamos unas 60 almas. Total que había salido del hotel a las 9 y llego a la una.

Aspendos.
He llegado en el dolmus con una pareja de turcos mayores y somos los únicos visitantes. El aparcamiento esta vacío. Mi hijo pudo ver él solo las ruinas de Delfos en pleno mes de julio, lo cual fue un milagro. Pues en Aspendos algo parecido. Además ha caído una lluvia torrencial y la pareja turca ha huido despavorida. Decido dejar el punto fuerte, el teatro, para el final y me dedico a recorrer las ruinas. Sigue lloviendo a lo largo de toda la tarde excepto ahora dónde escribo estas notas, en el teatro, que sí estoy a cubierto. Los dioses no me son favorables. Ha resultado ser un lugar encantador y muy romántico. La vegetación lo invade todo, el cielo esta negro, llueve y hay ruinas por todas las partes. Parece una estampa de los viajeros europeos del XİX. El cartel de la entrada dice que la leyenda atribuye la fundación de Aspendos a los argonautas que volvían de la guerra de Troya. Yo creo que les cogía un poco a desmano pero a lo mejor los argonautas eran así.
Me recuerdan a esos señores que con tal de no volver a casa se quedan en la oficina hasta las tantas.
Aquí estuvieron los hititas, los pánfilos (a lo mejor eran pamfilios pero de ahí debe venir la palabra “pánfilo” que en aras -!que expresión tan bonita y en desuso “en aras”!- de la simplificación del lenguaje pasamos de “pamfilios” a “pánfilos”), los griegos, romanos que fueron los que construyeron lo que queda, aunque los bizantinos y los selyucidas lo mantuvieron.

Y no puedo dejar de contaros una leyenda sobre la ciudad. El rey Aspendos tenia una bella hija. Como yo. Y no sigo con las comparaciones por preservar la paz familiar. Y como la hija tenia muchos pretendientes para decidirse declaró que el que hiciese el monumento más bello seria el elegido. Ni un pelo de tonto. No como los reyes esos de Hollywood que no hacen mas que se maten los pretendientes en los torneos.
Al final tuvo que decidir entre dos obras: un acueducto y un teatro. La mitad de la población estaba a favor de uno y la otra mitad del otro. El rey estaba indeciso y pensó en dividir la hija entre los dos. No dice la leyenda si lunes, miércoles y viernes y martes,
jueves y sábados o por la mitad. El del teatro le dijo al rey que no aceptaba pues la amaba demasiado y que cedía su plaza al arquitecto rival. El rey entonces decidió que el del teatro debía ser el marido de su hija. La moraleja de la leyenda es que la bondad es siempre recompensada. Pero para mí que el del teatro había leído a Salomón.
Afortunadamente yo nunca he tenido que tomar decisiones tan extremas. Tener que elegir para yerno entre Moneo y Calatrava…

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