Llevamos meses aceptando que no hay nada malo en que una Caja de Ahorros, entidad cuyo status jurídico le libra de muchos problemas y en especial de responder ante la ciudadanía, pero no de ser regulada por el poder político de su Comunidad y su Ayuntamiento, sea, al final de la cadena, el poder decisor y gestor de muchas empresas. Incluso aceptamos con gusto que controle las mayores empresas energéticas de España, a pesar de que todo apunta a que puede, a su vez, llegar a ser «controlada» por partidos políticos nacionalistas cuya jerga habitual, posiblemente sin que se percaten de la obviedad, menosprecia a quienes hemos tenido la desgracia de nacer en otras partes de lo que llaman el Estado (ya de paso, no conocemos a nadie que haya nacido en el Estado ni en el estado a pesar de la gran cantidad de ignaros de todo el espectro político que lo afirman)
Pues bien, después de meses de aceptación acrítica llegan unos alemanes adinerados, que para eso son la mayor empresa europea de la energía y se levantan clamores en su contra, con todos los profetas hablando mal de los nacionalismos económicos y de que es una empresa que puede ser controlada por un Gobierno «autonómico» alemán.
¡Por favor, ahora que ya estamos convencidos, por extenuación, de las bondades de los nacionalismos y de los controles!