AL de la India. Trigesimoséptima entrega. Delhi, llegada.

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Puerta de la India. Joven de pelo largo.Delhi es una ciudad que te puede llegar a angustiar. Es ruidosa y muy polucionada. Parece que sólo es una etapa necesaria para entrar y salir de la India, pero Delhi es también una gran ciudad. Y eso significa mucha gente y en la India la gente no para de darte sorpresas. Sólo tienes que estar en el sitio en que se produzcan y como aquí no paran, es muy fácil que te encuentres una. Y que en ese momento tengas la mente libre de la presión y angustia que te puede proporcionar la ciudad para poder captarla.
Algunas de las cosas ya las has visto muchas veces pero vuelven a sorprenderte: en una calle cercana al hotel veo un ciclorickshaw, o sea un triciclo movido por la fuerza de las piernas de un ciclista, con 10 escolares encima. Y es un vehículo para dos adultos. Y aunque los escolares eran pequeños, no tanto como para no ir solos al colegio. Y eran además diez con sus enormes 10 carteras.
Otra vez es el contexto en el que te lo encuentras: en pleno Pahar Ganj dos elefantes enormes paseándose con sus conductores encima. Sería el equivalente del barrio de Lavapiés en Madrid o la calle Escudillers en Barcelona. Claro que esto es la India, pero es el centro de una gran ciudad.
Hoy domingo ha sido una procesión de católicos. Sí, sí, de católicos. Una procesión. No una manifestación. Es al revés que en España donde cada vez hay menos procesiones puramente religiosas donde no haya un componente festivo-consumista como las de Semana Santa. Los cristianos en la India según dice la guía son unos 20 millones aunque en internet he encontrado una información que dice que son 60 millones de los que 17 son católicos. Desde luego todas las iglesias que he visto, excepto en lo que fueron antiguas colonias portuguesas, eran de la época colonial británica y por lo tanto no católicas, Y de repente paseando un domingo por Delhi ves a lo lejos lo que podría ser una “mani” política, pero no: eran católicos en procesión. Iban muy organizados. Detrás de cada pancarta con el nombre de la parroquia u organización unas decenas o unos pocos centenares. Pero han pasado muchísimos. En algunos grupos iban monjas, de esas que luego van a venir a los conventos españoles a rellenar los huecos que no se cubren con vocaciones nacionales. (Es curioso que a los partidos nacionalistas y confesionales no les preocupe que en unos pocos años todos los conventos de monjas estén ocupados por gentes del tercer mundo) A veces alguna representación religiosa muy ingenua. En una camioneta un sacerdote con la custodia. Y ves una iglesia viva. Se me ocurre que cuando un grupo, una empresa, una organización, tiene un problema y sabe de otro semejante donde se ha resuelto, suelen viajar allí para estudiarlo y encontrar la solución a su problema. Así la Conferencia Episcopal Española podría plantearse la posibilidad de venir aquí y ver como han resuelto el problema de las vocaciones, o como una iglesia puede mantenerse por sus propios medios sin necesidad de los impuestos estatales. Y de cómo en las catequesis enseñan sus doctrinas sin necesidad de que el Estado lo haga. Claro que a lo mejor es que aquí, en la India, los profesionales de la religión viven de otra manera. Y no sé si algunos les gustaría pasar con un thali. Por cierto, ninguno de los curas de esta procesión estaba gordo. Será cosa genética. Y he sentido simpatía por un grupo minoritario que desfilaba por el centro de Delhi. Aunque las mujeres eran mayoría había muchos hombres también y muchos jóvenes. Aquí tienes a una iglesia viva. Y como debe ser un grupo pacífico, los policías que iban de trecho en trecho al lado de la procesión eran chicas desarmadas, sólo iba un policía armado al lado del camión con la Custodia. La primera pancarta era de la iglesia Sirio-Malabar, que forma parte del grupo de iglesias católico no romanas. No deben tener santos propios porque todas las pancartas eran o bien de santos del Nuevo Testamento, sean apóstoles o evangelistas, o de vírgenes como la de la Salud, o bien de santos europeos, como Santa Teresa (no sé si la de Ávila o la francesa) o San Francisco Javier.
Para compensar esta experiencia he leído desayunando la siguiente noticia: una señora casada de 24 años recibe por el teléfono celular un SMS de su marido con las “dreaded words”, o sea terribles palabras: “talak, talak, talak”. Y los expertos musulmanes de donde vive han tenido una reunión y han decidido que sí que vale: que enviando por SMS esas palabras un marido ya está divorciado. Porque ésta es una manera por la cual un marido musulmán puede divorciarse: diciendo “talak, talak, talak”. Que es algo así como “te repudio por tres veces”. Aunque luego haya países donde civilmente exigen algo más. Pero creo que es interesante la historia que cuenta el periódico: se casaron el 3 de junio del 2005. La familia de ella dio como dote regalos y joyas por valor de 3 lakhs. Esta es una de las medidas propias de la India: un lakh son cien mil que en la India se escribe 1,00,000. O sea que dieron casi un millón de pesetas. Allí una pasta. Su marido y la familia política pidieron después además una moto y 2 lakhs más. El padre de la chica había fallecido y su madre no tenía dinero para hacer frente a esa petición. En octubre personas de su familia política le pegaron una paliza que hizo que tuviera que estar ingresada en el hospital. No quisieron recogerla cuando salió y debió irse con su madre hasta que el marido consintió en que regresase a su casa. Le volvieron a sacudir. Otra vez al hospital. Y el marido le envía el SMS para divorciarse. Una asociación femenina musulmana dice que el talak vía SMS es ilegal. ¿Porqué no dicen que lo que es ilegal es el talak? Esto del talak por SMS no es nuevo. Ocurrió hace un par de años pero en un país musulmán. La novedad es que sea en la India, un país no confesional. Aunque ahora que lo pienso España también es no confesional.
Para pasar la tarde, ya que es domingo, me vengo a un centro comercial, donde estoy escribiendo el borrador. Hay gente normal de clase media comprando y jóvenes sentados en los bancos charlando, pasando la tarde. Incluso alguna pareja al límite de achucharse, pero que a lo que más llegan es a cogerse la mano. Ni un casto beso en la frente o mejilla. Y estando aquí te parece de otra galaxia lo del talak o de que aquí los “dalit”, los que llamamos “intocables”, tengan problemas todavía en la India rural. Por ejemplo: una jovencita es la única de su comunidad de dalits que ha aprobado los exámenes para ir al instituto al que necesita ir en bicicleta por la distancia a la que vive. Y entonces se encuentra con la prohibición de pasar en bicicleta por un pueblo dominado por una casta superior. Tiene que hacerlo andando y por un camino determinado y no por la carretera o pista por donde iba. Resultado: va a la escuela todos los días en bicicleta con una policía detrás en Vespa. Que a lo mejor aprovecha para hacer algún módulo. Y estamos en el siglo XXI en la democracia mayor del mundo. Que parece la América de la segregación de los años 50. Y eso nos parecía monstruoso.
Esta mañana estaba desayunando en mi sitio favorito en Delhi: la German Bakery. Desayunos normales y prensa del día. Veo pasando por mis pies una cucaracha de unos 5 centímetros. Según mi clasificación tamaño L. He llegado a ver XXL pero no en la India. El primer impulso es pisotón y una menos, pero me invade el espíritu indio y me digo que también tiene derecho a desayunar. Y al rato me la veo paseando por mi hombro. Por lo visto el desayuno era yo. Y hago como en las pelis de aventuras de la selva, como por ejemplo en Mogambo, sólo que ellos con leones: me levanto despacio y me la quito de encima. Pero por lo visto no lo hice muy bien porque el dueño tiene que enviar a un camarero a que me la quite de la espalda. La próxima vez no seré tan jaíno.

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2 comentarios to “AL de la India. Trigesimoséptima entrega. Delhi, llegada.”

  1. torpedo Says:

    ¡¡¡¡Ya he descubierto el gazapo!!!! ¡¡No se puede ser jaíno!! Quiero las lágrimas esas del jabalón o de no sé quién. Envueltitas, ¡¡claro!! ¡¡Nos vemos en poco tiempo!!

  2. Carmen Says:

    Lástima que ni la Conferencia Episcopal ni las autoridades de la India lean tus comentarios…

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