AL de la India. Trigésima entrega. De Ajmer a Delhi.

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Vendedora en Ajmer Al fin me voy de Ajmer. He estado 8 días o mejor, he dormido ocho días pues cuatro días he ido a Pushkar, dos he visitado Ajmer y el primero y el último fueron días de coger el tren. El último día esperando la hora de coger el tren volví de nuevo a Dargah. Ya había acabado el Ramadán y era un día entre semana pero aquello seguía siendo increíble. ¡Qué cantidad de gente! ¡Qué fervor! Esta vez había grupos de tres o cuatro hombres sentados en el suelo tocando un órgano pequeño y cantando. Rodeados de muchísima gente. Y desde allí volví a subir a la mezquita que está construida sobre un templo hindú. Paso por calles donde veo por primera vez carnicerías de vacuno. Y a un vendedor de pescado sentado sobre la acera, o mejor, donde debería haber habido acera pero lo que había era la alcantarilla de la calle. Y además el pescado con peor aspecto que he visto en mi vida. Y al llegar al templo-mezquita también mucha gente, con mendigos y tullidos que no te puedes ni imaginar. La estampa con las ruinas, la gente y los mendigos me recordaba a los grabados del XIX cuando los británicos hacían el “Grand Tour” por el continente. Y entonces escribo una nota, se me acerca uno para ver lo que escribo y se me pone a unos 20 centímetros de mi cara. Como cuando vas por un parque y ves a uno que está pintando una acuarela. No sé que les debo parecer pues me pasa de vez en cuando.
Estación de tren. Ajmer.Y así llego al tren. Un magnifico Shatabdi, que entre otras cosas se caracteriza porque la comida está incluida en el precio del billete. Y te dan un montón de cosas. Y viajas cómodo y te olvidas de los autobuses. En ese tren es donde hablo con franceses, ingleses y españoles. A los españoles les pregunté como habían organizado su viaje: habían contratado a través de internet con una agencia india de viajes. Para que os hagáis una idea: quince días repartidos entre unos días en el Rajastán, incluido día y medio en Pushkar en un campamento de tiendas, pero a todo lujo, y finalmente una semana en Goa de reposo, 1000 euros por persona. Con todo incluido y buenos hoteles. Imagino que no estaba el precio del billete de avión de España a la India. Llego a Delhi a las once de la noche, me despido de mis compañeros de viaje y me voy a ese sitio especial donde me gusta alojarme en Delhi y como me imagino, después de mi conversación por teléfono en inglés con el director, no tenía habitación reservada. Pero todo acabó bien. Como siempre.

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