AL de la India. Vigesimoctava entrega. El inglés.

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Mis sentimientos con respecto al inglés y mi autoestima son como una montaña rusa. Después de ser reconocido como “el inglés” en Gujarat, en Pushkar sostengo la siguiente conversación con el cobrador de un autobús que iba a Ajmer.
Yo- ¿Este autobús va a Ajmer?
Él- Sí, a Ajmer.
Yo- ¿Va al templo Soni?
Él- No. Va a la estación de tren.
Yo- ¿A la estación de tren? (que era precisamente adonde yo quería ir)
Él- No al templo Soni.
Que es adonde iba el autobús. Y no me invento ni una coma. Parecíamos Tip y Coll.
Me quedaron las ganas de decirle si se estaba quedando conmigo. Pero no sé como se dice en inglés. Y a lo peor hubiese entendido otra cosa. Como que le invitaba a cenar.
La siguiente historieta me hundió todavía más mi autoestima con el inglés.
Tengo que ir de Ajmer a Delhi y llego allí a las 22:30. Al día siguiente tengo que coger un tren a las 7:30 de la mañana e intentaré ir a dormir a mi sitio favorito en Delhi: un lugar de peregrinos que esta cerca de la estación pero que en esta época suele estar lleno. Así que llamo por teléfono al director, al que conozco:
Yo- ¿Señor director?
Él- Sí soy el director.
Yo- Hola soy yo y le llamo desde Ajmer. ¿Qué tal está?
Él- Muy bien. Gracias.
Yo- Es que voy a Delhi y me gustaría saber si podría quedarme a dormir allí.
Él- ¿Qué día llega?
Yo- El diez.
Él- ¿El dieciocho?
Yo- No. El 10.
Él. ¿El diecinueve?
Yo- No. El 10.
Y así unas 15 veces.
Cuando escribo el borrador en el tren estoy llegando a Delhi y no sé lo que me espera. Y encima la calidad de la línea telefónica era estupenda. Vaya, que no le puedo echar la culpa a la Telefónica.
Y ahora la parte alta de la montaña rusa.
He encontrado en el hotel a una pareja de ingleses de cerca de Portsmouth. Mediana edad. Nunca habían cogido el tren en la India y yo les he aconsejado, les he proporcionado la información necesaria y les he acompañado hasta la oficina de venta anticipada pues me coge de camino. He aprovechado para meter la pata: les he explicado que a partir de 60 años tienen descuento en los billetes de tren. El 52 y ella 53. Yo les echaba sobre 70. A pesar de eso me han agradecido la ayuda. Me los encuentro cogiendo el mismo tren que yo, lo que me reconforta porque quiere decir que sí entendieron mis explicaciones. Me preguntan si conozco algún hotel en Delhi. Les voy a ver al vagón donde estaban y estoy hablando una hora con ellos. ¡Con ingleses! Y ya lanzado, cuando me dicen que les vaya a visitar a su casa de Sussex y sus nombres, resulta que ella se llama Irene. Y como no sabe quien fue santa Irene se lo explico: Que fue santa a pesar de que ordenó arrancar los ojos de su hijo único (mamá, que no me lo invento) entre otras atrocidades. Excepto lo de decir “bizantino” en inglés que siempre me salía mal, lo demás lo entendió todo. No sé si no se cambiará el nombre después de esto.
Y ya lo más: me han ofrecido en Ajmer que me quede tres meses para dar clases de español.
Y para acabar, en el tren desde donde escribo el borrador he estado hablando con una pareja a la que he cambiado el sitio para que estuviesen juntos y me han enseñado a decir en francés “merendar” que como ahora no se merienda, ni ellos se acordaban casi.
En el mismo vagón hay un grupo de cuatro españoles con los he hablado un ratito. Desde que mi hijo me dejo en Barajas no había vuelto a hacerlo.
Si sigo mucho tiempo aquí acabaré hablando como los indios, pero no como los de la India, sino como los otros, los comanches: “Yo cazar bisonte”. Porque sólo digo: “estación tren”, “estación autobús”, “¿rupias?” Y todo así. Claro que es mejor, acabar hablando como los comanches que como Tarzán: “Mi comer cocodrilo”, que por lo menos los comanches sabían emplear el pronombre personal y Tarzán solo el demostrativo.
Y encima en la India todo el mundo te llama “Sir”, que te dan el titulo y no has tenido que hacer todos los excesos de los Rolling Stones para merecerlo.

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Una respuesta to “AL de la India. Vigesimoctava entrega. El inglés.”

  1. Carmen Says:

    Francamente genial e hilarante.
    Tu estima con el inglés puede seguir en la montaña rusa, pero tu autoestima como cómico del absurdo la puedes dejar en el punto más alto del recorrido.
    Ángel, realmente cuando vas a un sitio ¿preguntas al conductor si el autobús va a otro sitio?
    Y las fechas en la conversación con el del hotel, ¿las pones como ejemplo para que las entendamos los torpes?. No me cuadran con la fecha en la que escribes la crónica (27.11.05)
    En fin esos detalles los digo para que veas que intento seguirte no sólo en los mapas.
    Por cierto, espero que nos aclares a tu madre y a mí en la próxima crónica si has encontrado habitación.
    LO GENIAL ES TU ESTILO, DE VERDAD.
    Por cierto, ¿de dónde sacas las vidas de santos?

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