
Al acabar el desfile volvemos al restaurante de ayer y me confirman lo que me habían dicho cuando les pregunté por la poca gente que había en todos los restaurantes de ese paseo: “mañana estará lleno”.
Al fin damos con otro con un par de camareros simpáticos y comemos cojonudamente.
Creo que ayer y hoy han sido las mejores comidas del todo el viaje.
Al regresar por el paseo marítimo vemos como los restaurantes con sus enormes terrazas están a reventar de clientes comiendo.
Descanso en el apartamento, aunque breve pues por el cambio del horario del pasado fin de semana casi no te deja hacer nada dado que la puesta de sol es a las 5 y pico y enseguida se hace de noche.
Salimos en la dirección contraria a la de esta mañana por el muelle y por allí no hay nadie.
Amarrados un par de barcos muy curiosos: uno grande medio abandonado, pero con alguien viviendo allí y otro grande de pesca en estado ruinoso.
El primero podría ser uno de esos que por distintos motivos se quedan atracados en un muelle y no hacen nada con ellos por causas legales, no los pueden subastar y el barco va perdiendo su capacidad de navegar hasta quedar convertido en un montón de chatarra. He leído que en algunas ocasiones la tripulación que es de origen asiático se queda sin cobrar los salarios y tienen que vivir allí hasta acabar siendo “carne de Cáritas”.
Y otro caso todavía más raro: un velero que por el tamaño del mástil debía ser bastante grande está semihundido pegado al malecón.
Seguimos una carretera que no sabemos hacia donde va, pero nos topamos con una bonita iglesia, o quizás ermita en una ladera de la montaña y desde donde había una especial vista de Póthia.
Es un sitio precioso cuyos únicos visitantes, además de nosotros, son una pareja de 30 y tantos que parecen hablar de una ruptura sentimental. Incluso nos ha parecido que la chica lloraba.
Un lugar hermoso para amar, pero no para “desamar”.
En el paseo, cerca de esos barcos arruinados, una pintura mural dedicada a los buzos, imagino que por lo que representó el comercio de las esponjas.
También cerca de allí una escultura (dramáticamente iluminada, o sea mal) de Nike diosa de la mitología griega que representa la victoria.
NB
Por si eres joven y/o marquista: “Nike” en griego se pronuncia “Níki” y no “Naik”.
Y si eres maratoniano (como lo es parte de mi familia) deberías saber que eso es lo dijo en su último suspiro el soldado que corrió 42 km desde Maratón hasta Atenas para anunciar la victoria contra los persas. Insisto: dijo “Níki”, no “Naik”. Que si hubiese dicho “naik”, también podría haber dicho “Adidas”.
Regresamos ya de noche hasta la parte del paseo “normal” y en uno de los restaurantes sigue la juerga que ha comenzado después del acto patriótico, o sea que han empezado sobre la una del mediodía y son las 7 y siguen allí con una fuerte música y muy animados. Lo curioso es que el resto de los numerosos restaurantes que sí estaban llenos al mediodía ahora están todos vacíos menos este. Como son muy grandes, con mesas de 10 o12 comensales quizás se trate de un club o una peña o una secta que cree que el Juicio Final llegará mañana. Así que beben y beben y algunos bailan en un corro que puede ser el de la patata o un sirtaki.
Bonito final para Kálymnos, aunque nos han faltado un par de días, pero los horarios de los ferris mandan.








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