
En nuestro recorrido por el centro de Kéfalos encontramos este extraño grafiti que ni la IA ha sabido descifrar, pero que me ha llevado a descubrir un nuevo estilo gráfico, el “sigil style”, que por lo visto se utiliza en el mundo del tatuaje y que tiene que ver con el “sigilismo”, donde ya me pierdo, pues ese concepto significa “Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos. argumento, razonamiento, razón, deducción”.
O sea, la gallina.
NB
Para los robots chinos (que como siempre son casi los únicos que me leen), que los pobres no se confundan: esta última expresión sobre la gallina quiere decir que “Representa el punto central o la causa de una situación, planteando qué elemento es la raíz de un problema complejo”.
Pero ¿sabes por qué deducen que esta especie de tugra otomana es “estilo sigil”? Pues por el uso de puntos y un anillo tipo halo alrededor del tallo central.
Otro descubrimiento es una escuela con una fachada muy fotogénica, vaya, sobre todo por las letras griegas que lo son para nosotros, lo que no les debe ocurrir a ellos.
Encanto que se rompe al comprobar el lastimoso estado de la puerta y su cerradura.
Al lado una capilla con un nombre muy rimbombante para ese tamaño: “Αγία Τρίαδα”, “Santísima Trinidad”. (Lo de “Santísima” es mío, que el traductor lo dejaba en “Santa”, que sería como llamar a Franco “Coronel” en lugar de “Generalísimo”).
En su fachada un bajorrelieve muy curioso: dos pavos reales miran hacia la cruz central.
¿Por qué pavos reales?
Pues no sé a ti, pero a mí esas aves no me dicen nada como sí lo hace el pelícano o la paloma en la simbología cristiana. Y es que para los bizantinos los pavos reales representaban la inmortalidad y la resurrección, pues creían que su carne no se descomponía.
¡Qué cosas tienen las creencias religiosas!
Tanta es mi sorpresa que busco si los bizantinos comían pavo real y más sorpresa todavía es la respuesta de la IA: “Sí, los bizantinos consumían pavo real, aunque no era un alimento común, sino un manjar exótico y de lujo reservado para las élites, la aristocracia y los banquetes imperiales”.
¿Tú te comerías un animal que considerabas casi inmortal?
Claro que los católicos también tienen su “Agnus Dei” y comen cordero sin piedad para los corderos y lo que representan.
Y otra representación del “Mundo bárbaro”: una horrible pintada en este entorno tan limpio a la que no le salva el que esté escrita en griego.
Y encima descubro que no es tipo “Arcángelos quiere a Paraskevi”, que es de los seguidores de un club de fútbol: “Solamente el Olympiacos”, o quizás “Olympìacos eres el mejor”. O algo así.
Para compensar, allí cerca una moto con una mantita para que repose un gato, rodeada de un arco de bonitas flores.
Comemos en el mismo restaurante del café matutino y vuelvo a probar el conejo como hace unos días: estupendo.
Pienso en los que no están acostumbrados a comerlo cómo harán con aquella salsa que cubría totalmente los dos trozos de carne sin echar mano de las manos.
(Aquí una petición de ayuda de un gramático: “echar mano de las manos”, ¿qué figura retórica es? Parece un pleonasmo, pero aquí “echar mano” significa “ayudar”, así que no debe serlo y esa es la única figura que recuerdo haber estudiado).
¿Será el conejo el barbo de las carnes?
A las 3 en punto sale el autobús de vuelta y cuando son poco más de las 4 llegamos a la estación de autobuses de Kos.
Este apartamento está muy bien situado, pues está cerca de esa estación, así como del centro histórico y del ferry.
El tiempo sigue siendo primaveral: de 25ºC de máxima a 18ºC de mínima de madrugada.
Breve descanso en el apartamento y paseo al final de la tarde por el puerto.
Aquí, al contrario de lo que suele pasar en España se puede andar libremente por el puerto, quizás porque aquí amarran en el paseo marítimo. Así contemplamos los magníficos yates en muchos de los cuales hay gente bebiendo y charlando: ¿saldrán a navegar o solo los alquilan para dar envidia a los transeúntes y a sus amigos de las redes sociales?
Me dan pena algunos preciosos veleros de 2 o 3 palos convertidos en atracciones de feria y que solo están atracados sin moverse del muelle, aunque quizás no sea el caso de los de esta fotografía.
En una parte de la muralla restos de relleno que formaban parte de algún templo, como ocurre siempre que construyen aprovechando edificaciones de otras épocas o de otras civilizaciones.
Y encima aquí los grafiteros no han podio evitar dejar su maldita huella.
En Kos el árbol más famoso es el de Hipócrates, pero hemos dado con un ejemplar que si no famoso, sí es espectacular.
Ahora nuestro problema logístico es como movernos los próximos días pues parece que es como si los horarios de algunos ferris se acabasen el día 26, o sea mañana, así que esperaremos a ver si tienen “abierta la agenda”, como dicen los médicos de las compañías sanitarias.
De esta manera no encuentro el horario entre Patmos que debería ser una de nuestras últimas etapas y Samos o Ikaria, que serían las últimas antes de Atenas.
Veremos mañana pues además esta noche se cambia el horario al de invierno.
PS
Sobre mi frase “¿Será el conejo el barbo de las carnes?“.
¿Has comido barbo alguna vez?
Y más todavía, ¿sabes que es un barbo?
Un barbo es un pez de río que tiene cuatro barbillas alrededor de la boca y del que he leído que “su carne firme y jugosa es valorada en la gastronomía”, apreciación que ha escrito alguien que no lo ha comido en su vida.
Mi padre era pescador de agua dulce y de niño, y no tan niño, he comido de todos los pescados que él cogía como percas, tencas, truchas, carpas, madrillas, anguilas y barbos, cosa que mi padre no hacía (ni mi hermano).
Pues bien, de todos ellos el barbo fue el más frecuente hasta que se motorizó, pues era el más habitual en el río de mi pueblo y te puedo asegurar que era el que más espinas tenía. En ese aspecto no he comido en mi vida ninguno semejante.
Olvidaba decir que mi padre era un pescador de mucho éxito, o sea que comíamos mucho pescado. Mi querida madre y yo.










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