
El recorrido desde Mikró Horió a Livadia ha sido realmente un paseo, pues era cuesta abajo y el día acompañaba. No será lo mismo si es cuesta arriba y en pleno verano.
Al llegar al hotel una sorpresa: un mensaje de “nuestro” navegante solitario, Miquel, donde pide nuestra ayuda: le ha caído un rayo en el mástil del velero y tiene que cargar unos “power banks”, pues en estas circunstancias los necesita para regresar a Leros, su puerto de referencia y no le funciona gran parte de la electrónica del barco. Teme que si se acerca al puerto de Tilos no le dejen salir si comprueban el estado en el que está, pero sí podría ir a Leros a motor y allí intentar arreglar el estropicio.
Quedamos con él y comiendo nos cuenta el susto que ha tenido y que lo que le ha ocurrido es muy poco frecuente. Y la suerte que ha tenido dentro de todo dado que le podía haber caído a él directamente.
Una comida con una larga e interesante sobremesa.
Dejamos sus baterías externas cargando en el hotel y con el autobús urbano nos vamos a hacer el recorrido de ida y vuelta por toda la isla: Livadia-Megalo Horio-Ayios Antonios-Megalo Horio- Livadia.
Realmente no merece la pena parar en Megalo Horio, pero sí nos ha permitido ver toda la orografía de la isla y sus grandes montañas.
Breve descanso en el hotel y después salimos para dar un paseo y devolver a Miquel las baterías cargadas.
Ayer, además de su velero solo había otro, pero hoy han llegado varios más incluido uno grande de dos mástiles con bandera turca. Precisamente él creía que si iba a caer un rayo mejor lo haría en el barco más grande, pero parece que se ha equivocado.
Ahora cuando escribo este borrador son casi las 12 de la noche y hay más de una docena de palos en el puerto.
Nos vemos con él en la misma taberna de ayer y seguimos charlando de sus viajes y de los nuestros y también de su interesante vida de la que no voy a escribir aquí a pesar de que daría para una novela. O dos.
Devolución de la baterías y despedida.
Ha sido un encuentro muy, muy interesante, aunque nos ha trastocado un poquito nuestra rutina diaria y así voy un poco retrasado en la preparación del viaje pues mañana nos vamos a Kos y tengo pendiente qué hacer allí.
Notas de la iglesia de Mikró Horió.
En la iglesia de este abandonado pueblo hay un cuadro muy especial de la Dormición de la Virgen con un detalle que no había visto antes o quizás que no me había percatado de él hasta hoy y del que he averiguado su significado gracias a la IA.
Está la Virgen dormida y alrededor de ella los apóstoles y alguno más mirándola con devoción. También dos ángeles y a sus pies un ángel con una espada que se enfrenta a un señor pequeñito con las manos cortadas. Estas manos, de las que brotan chorros de sangre, están agarradas al sudario de la virgen.
La IA me explica que “Esa escena pertenece a un relato apócrifo sobre la Dormición de la Virgen. El hombre en cuestión suele identificarse como un sacerdote judío llamado Jephonias (o Rubén en otras versiones).
Según la tradición ocurrió lo siguiente:
El intento de profanación: Mientras los apóstoles trasladaban el cuerpo de María al sepulcro en un féretro, Jephonias intentó volcar la camilla por odio o incredulidad.
La intervención del ángel: Un ángel (o una fuerza divina invisible en algunos relatos) intervino inmediatamente. Con una espada de fuego, le cortó ambas manos, las cuales quedaron pegadas al féretro de la Virgen mientras el resto de su cuerpo caía al suelo.
El milagro y la conversión: Aterrado y sufriendo, Jephonias pidió perdón a los apóstoles. San Pedro le indicó que si creía en Jesucristo y en la santidad de María, sería sanado. Tras confesar su fe, sus manos se unieron de nuevo a sus brazos milagrosamente”.
NB
Es curioso que en este cuadro haya 14 aureolas por lo que he escrito que estaban “los apóstoles y alguno más”.
Y una observación personal: lo de San Pedro me parece un ofrecimiento infame. Si te pasa lo que le pasó al pobre Jephonias y te dicen que hay una solución la aceptas sea cual sea, aunque fuera que te operase el Marqués de Villaverde. (Gracieta para los nacidos antes de 1950).
Y más: si te interesa el personaje has de saber que en la iglesia ortodoxa también lo llaman Athonios, del que te dejo este enlace.
Otro cuadro notable muestra un ángel con unas alas tan poderosas que me recordaban a las del ángel interpretado por Ben Affleck en la divertida Dogma.
De nuevo la IA me ayuda a conocer al personaje y el significado de su especial tocado.
Se trata del Arcángel Gabriel y lo que parecen una especie de sofisticados auriculares son eso, o algo así: “La figura es reconocida como el Arcángel Gabriel, a menudo identificado por las cintas en su cabello que simbolizan su papel como mensajero de Dios.
Las cintas o diademas a menudo indican que el ángel está «escuchando» o comunicándose entre el cielo y la tierra”.
Ya ves auriculares celestiales “avant la lettre”.
Y finalmente otro cuadro que también estaba en el iconostasio como el de la “Dormición” era el de un icono de la Virgen con el Niño.
La Virgen tiene un semblante amable y tierno, incluso un poco triste diría yo, y el niño, perdón, el Niño, no es el típico bebé que parece pintado por un iconoclasta, sino que es un niño normal, lo único que me incomoda de este precioso cuadro es la aureola metálica que rodea ambas cabezas.
¿No te angustia un poco ver la cabeza de la Virgen que parece que le pesa tanto esa especie de diadema que le hace inclinarse hacia el niño? Me recuerda a esas cabezas reales o imperiales que apenas pueden sostenerse por el peso de sus coronas. Y la del Niño es peor todavía: parece un casco ortopédico que me recuerda a las técnicas de los pueblos andinos precoloniales para deformar las cabezas de los infantes.









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