
Y es que no puedo dejar de comunicaros mis descubrimientos de cine de estos días.
Como muchos de vosotros soy usuario de Amazon Prime. Lo era por lo de los envíos gratis y luego se añadió lo de las pelis y series de su plataforma y así la utilizo para verlas, lo que ocurre, y no sé si también pasa lo mismo en otras plataformas, es que las que no son de producción propia tienen una caducidad y he descubierto una pagina donde te avisan de lo que va a desaparecer en los próximos días y eso ha sido una putada (pequeña, pero putada) que nos obliga a ver aquello que pronto dejaremos de poder ver.
De esta manera y en estos días he visto tres pelis que no puedo dejar de recomendar porque seguro que “tenéis” Netflix o Movistar y podéis deleitaros con ellas.
Las tres son preciosas y las tres tienen unos protagonistas que son, eran, muy buenos y unos antagonistas que eran unos verdaderos hijos de puta.
El médico de Budapest.
Dirigida por István Szabó y protagonizada por Klaus Maria Brandauer.
“István Szabó tenía 80 años cuando empezó a rodar la película y cumplió los 81 años durante la fase final de la filmación”. Vaya, como yo ahora.
Sinopsis de “filmaffinity”:
“Un cardiólogo es enviado a la jubilación, pero se siente perdido sin su trabajo. Regresa a su pueblo natal para trabajar como médico generalista. Este es el comienzo de su terrible experiencia: se enfrenta a la cruda realidad, que finalmente lo pone de rodillas. Pero la música tiene la última palabra”.
La librería.
Como es de la Coixet quizás ya la habéis visto.
Preciosa y con el plus de la actuación de Bill Nighy y con la de Patricia Clarkson como antagonista, aquí mala, muy mala. La protagonista, un ser angelical y encantador, pero para mí desconocida, Emily Mortimer.
Y ambas, la buena y la mala volvieron a trabajar juntas en tres películas más.
También de “filmaffinity”: “En un pequeño pueblo de la Inglaterra de 1959, una joven mujer decide, en contra de la educada pero implacable oposición vecinal, abrir la primera librería que haya habido nunca en esa zona”.
Una curiosidad: En la versión original la narradora es Julie Christie quien protagonizó la película Fahrenheit 451, adaptación de la novela de Ray Bradbury, obra que tiene un papel destacado en esta película.
¡Y le gustó a Boyero!, aunque su crónica empieza refiriéndose a la directora que “mi desencuentro con su cine ha sido permanente”. Y tanto me gustó su crónica que te dejo el enlace a ella: piensa que cita a Mallarmé, a Calvino y a un verso de Gil de Biedma.
Los últimos años del artista: Afterimage.
Las tres son tristes, pero esta es la que lo es más.
Dirigida por a Andrzej Wajda quien murió en 2016 con 90 años cuando se estrenó su película.
La sinopsis de la IA: “La trama se sitúa en la Polonia de postguerra (1948-1952), justo cuando la órbita de Stalin impone el realismo socialista como la única doctrina artística oficial del Estado. El largometraje sigue al carismático pintor vanguardista polaco Władysław Strzemiński cofundador del movimiento unista y teórico de la visión”.
¿No conocías a Strzemiński? Yo tampoco, pero fue un artista muy interesante.
Otro punto de vista para la sinopsis, esta de “filmaffinity”: “Afterimage sigue a uno de los artistas de vanguardia polacos más importantes: Wladyslaw Strzeminski. El título de la película hace referencia a las imágenes remanentes, a las ilusiones ópticas que continúan apareciendo bajo los párpados tras haber mirado un objeto que refleja la luz”.
Y un error, vaya, “error mío”: este Wadja, director polaco, no tiene nada que ver con “Vadja”, Ladislao Vadja, director de cine húngaro que acabó en España después de que Mussolini prohibiera una obra suya en Italia y que aquí se hizo famoso sobre todo por “Marcelino pan y vino”, aunque también rodó alguna obra tan especial, y que recomiendo, como “El cebo”.
Así que a intentar ver estas tres pelis, que te aseguro que no te defraudarán.



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