
Desde Khari Baoli en un paseo nos vamos a la calle donde están todas las tiendas de plata, porque esta es una característica casi medieval de esta zona: todas las tiendas de una calle o una zona venden lo mismo.
Pasamos por Chadni Chowk Rd y aquí lo que hay son tiendas de trajes de novios que son algo espectacular, tanto que algunos parecen trajes de luces de toreros. Lo curioso es que unos son solo de novios y otras de novias. Claro que quizás en España también es algo así, pero como no tengo práctica en esas lides…
De allí a la ”Jama Masjid” con la sorpresa de que a los extranjeros nos cobran el acceso.
En el mundo musulmán las mezquitas son de acceso gratuito, lo que si te puede pasar es que sea la hora del rezo y no te dejen entrar en ese momento, pero no recuerdo que nos hayan hecho pagar nunca. Claro que en las iglesias católicas antes también eran gratis y ahora…
El entorno de la mezquita es de esos que aparecen en los documentales y que te hacen creer que toda la India es un país de pobres, desnutridos y niños que dan pena. Y esto no es un poblado de chabolas en el extrarradio de una gran ciudad, es que está en el centro del Delhi antiguo.
A esto añádele que en la mediana de la calle hay una docena de hombres durmiendo directamente en el suelo.
¡Horrible!
Y si piensas como está nuestro barrio en comparación con todo esto no te lo puedes creer.
Y en medio de aquella cochambre con cables eléctricos o telefónicos cruzando a docenas por las fachadas un letrero: “HOTEL DELUXE LODGE”.
La siguiente parada es el restaurante Karim donde vamos siempre que pasamos por aquí y que es famosísimo en este barrio y donde creo que no volveremos pues después de insistir en que la comida no picase y en elegir lo que nos han sugerido en ese sentido pues… ¡claro, picaba y mucho!
Y por supuesto el precio no se correspondía con la comida, ni con las instalaciones, ni mucho menos con los baños que estaban fatal. Pero estaba hasta los topes. Lo que es la fama.
Estando sentados nos oye hablar uno de otra mesa y nos dice que también es español. Parece que lleva un mes sin hablar con nadie en nuestro idioma y no ha podio resistirse. Ha sido un tipo muy agradable y además de Mora la Nueva, población por la que antes siempre pasábamos cuando íbamos a Cataluña, ahora hay una circunvalación.
Es un “parapentista” profesional y está aquí particionado no sé si en concursos o en exhibiciones. Una charla breve, pero muy agradable.
Desde allí vamos a coger el metro y pasamos por la calle donde están todos los establecimientos que venden invitaciones de bodas, que no te puedes creer lo sofisticadas que pueden llegar a ser.
Algunas son tiendas casi de lujo, otras normales, pero algunas son forigones de un metro y medio de ancho por menos de tres de largo.
Ya sé que aquí vive mucha gente y que por lo tanto se deben casar también mucho, pero parece mentira que puedan vivir tantas personas de este negocio.
Vamos con el metro a Pahar Gang, nuestro antiguo centro de operaciones cuando veníamos a Delhi. Solo hemos faltado una vez, la primera que vinimos pues contratamos el hotel en una agencia de viajes desde Madrid y ahora en este viaje.
Nuestro restaurante favorito ha cambio de nombre e imagino que de propietario y nuestro puesto de zumos ha desaparecido.
Y aunque con pocos visitantes sigue teniendo las tiendas que todos los turistas necesitamos.
Y algún que otro gancho: “¡Ángel, no le contestes!”. “¡Angel, no les digas nada!”.
Y yo: “Please, don’t follow me!”. Con cara de perro.
PS
En Karim se han sentado cerca de nosotros dos parejas de unos 50 años. Una de las señoras levaba niqab (o sea que la edad deducida por el grupo, que igual tenía 18 que 70) y yo estaba esperando a ver como hacia para comer y daba por supuesto que se lo quitaría pues en la posición en que estábamos solo veía a su marido (también supuesto, que a lo mejor era su hermana o su madre).
Hace muchos años comiendo en un restaurante en El Cairo entró una pareja y ella también llevaba niqab, lo que en aquellos tiempos era muy poco frecuente. Estaba intrigado esperando que cómo haría para comer.
Muy fácil: le dieron un paquete y se fue a su casa a comérselo.
Pues hoy también esperaba a ver qué pasaría y el resultado ha sido que la señora ha comido con el niqab puesto metiéndose la comida por debajo de él.
¡Nunca entenderé a las religiones y sus excéntricos normas y mucho menos a sus seguidores que las cumplen a rajatabla!
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