
Templo de Kailash.
“… el imponente Templo Kailasa (Cueva 16), la escultura monolítica más grande del mundo, excavada de arriba abajo en una ladera rocosa por 7000 trabajadores a lo largo de 150 años. Dedicada al dios Shiva, se encuentra sin duda entre lo mejor de la arquitectura india antigua”.
“La mayor parte de la excavación del templo se atribuye generalmente al rey Rashtrakuta del siglo VIII”, aunque dado su tamaño y estilo se cree que “su construcción abarcó los reinados de varios reyes”.
Una de sus características más importantes, además de su tamaño, es cómo se construyó.
Se cree que se hizo una excavación vertical: “los talladores comenzaron desde la cima de la roca original y excavaron hacia abajo”.
Aunque esa debió ser una decisión del arquitecto que dirigió la obra hay una leyenda medieval mucho más interesante.
“Según esta leyenda, el rey local sufría una grave enfermedad. Su reina rezó al dios Ghrishneshwar (Shiva) en Elapura para que curara a su esposo. Juró construir un templo si se le concedía su deseo y prometió observar un ayuno hasta que pudiera ver el shikhara (la parte superior) de este templo. Después de que el rey se curó, ella le pidió que construyera un templo inmediatamente, pero los arquitectos declararon que tomaría meses construir un templo completo con un shikhara. Un arquitecto llamado Kokasa le aseguró al rey que la reina podría ver el shikhara de un templo en una semana. Comenzó a construir el templo desde la parte superior, tallando una roca. Logró terminar el shikhara en una semana, lo que permitió a la reina abandonar su ayuno”.
Preciosa la historia.
Me subo a un mirador desde donde se contempla perfectamente su estructura y me sorprende que allí solo estemos 3 personas a pesar de lo espectacular de la vista, aunque quizás es porque no está indicado como tal sino como el “templo 16A”.
Regreso a la base del templo donde me espera Marisa y empezamos la visita de esta maravilla. Creo que solo por esto merece la pena el viaje.
Volvemos a encontrar a los “raros” de los que escribí en la anterior crónica, pero ahora sí he podido “cazar” al más exótico.
El personal hace fotos como locos, pero también se las hacen, como si no se creyesen que están allí.
Y debe ser típico hacérselas con un billete de 20 rupias pues aparece este templo en el reverso.
Y un fotógrafo todavía más loco se echa largo en el suelo para poder fotografiar el techo.
Desde allí continuamos el recorrido por los templos que nos faltan, pero después de andar un trecho un buen samaritano nos dice que la “road out” y el camino alternativo era bastante largo, así que hemos decidido finalizar el recorrido porque además nuestro conductor ya nos había llamado pues al comenzar le he preguntado por la duración de la visita y me ha dicho que unas 3 horas y nosotros ya llevábamos casi cinco.
Regresamos hacia Aurangabad y en el camino hay otra parada para ver el fuerte de Daulatabad.
Fuerte de Daulatabad.
Está situado en la ciudad del mismo nombre con una historia curiosa detrás: En el siglo XIV el sultán “Tughlaq decidió trasladar la capital de Delhi a una ubicación más céntrica. La nueva capital se llamó Daulatabad y estaba cerca de Aurangabad, en Maharashtra. Tughlaq intentó poblar la nueva capital obligando a toda la población de Delhi a marchar 1100 km al sur, lo que provocó una gran pérdida de vidas. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que esto dejaba el norte indefenso, por lo que toda la capital se trasladó de nuevo al norte. La soberbia fortaleza de Daulatabad, en la cima de una colina, se alza como el último monumento superviviente de su visión megalómana”.
Así que ese gobernante paso a la historia con el calificativo de “el loco”.
Me recordaba a lo que pasó en Camboya con los jemeres rojos y el traslado de la población de la capital al campo.
La guía dice que “Esta parece sacada de una fantasía de Tolkien. Una estructura cautivadora, la fortaleza de Daulatabad, del siglo XII, en la cima de una colina, se encuentra a unos 15 km al norte de Aurangabad, camino a Ellora. Actualmente en ruinas, la ciudadela fue concebida originalmente como una fortaleza inexpugnable por los reyes Yadava”.
“El bastión central de Daulatabad se asienta sobre un escarpado afloramiento de 200 m de altura conocido como Devagiri (Colina de los Dioses), rodeado por un fuerte de 5 km (indio/extranjero: aquí lo mismo que antes en Ellora, pues nuestra entrada cuesta un 1000% más que la de los indios, pero en la guía, más antigua, aparece como un 1200% más). La subida a la cima dura aproximadamente una hora y pasa por una ingeniosa serie de defensas, incluyendo múltiples portales diseñados con ángulos irregulares y puertas con clavos para evitar las embestidas de los elefantes. Parte del ascenso transcurre por un túnel en espiral, oscuro como la boca del lobo, infestado de murciélagos y con filtraciones de agua. Hay guías disponibles cerca de la taquilla para mostrarte los alrededores, y sus asistentes con linternas te guiarán por el oscuro pasadizo a cambio de una pequeña propina. Durante el descenso, estarás solo, así que lleva una linterna. Como el fuerte está en ruinas (con escaleras desmoronadas y precipicios) y supone un ascenso empinado, las personas mayores, los niños y quienes sufren de vértigo o claustrofobia lo encontrarán un gran reto. Calcula dos horas y media para explorar la estructura y lleva agua”.
Vaya, la descripción de la guía no te anima mucho a subir hasta el final y más si eres unos abuelitos como nosotros.
Al sacar la entrada me han preguntado mi procedencia, aunque no han apuntado nada y quizás era porque hay una serie de países, los llamados SAARC que pagan lo mismo que los indios, lo que ocurre es la mayoría de esos países son de los que no querrías ser, así que quizás debía haberles dicho que era pakistaní, por ejemplo, para ver qué pasaba.
NB
South Asian Association for Regional Cooperation (SAARC) son Afganistán, Bangladesh, Bhután, India, Maldivas, Nepal, Pakistán y Sri Lanka.
Aunque solo ocupan el 3% del territorio de la tierra tienen más del 20% de la población.
Este fuerte es algo impresionante y digno de verse, aunque no subas hasta el final como hemos hecho nosotros dado lo que acojona la guía en su descripción.
En el camino de subida, en un recinto dos tumbas cubiertas con bonitos mantos verdes, el color del islam
Aquí hemos vuelto a tener solicitudes de fotografías, normalmente de familias, y con Marisa.
Pero esta vez también yo he sido solicitado, cosa rara.
Comprobamos que algunas puertas, como vimos antes, tienen grandes clavos para resistir las embestidas de los elefantes, a los que he leído que emborrachaban para ese cometido.
Una de las cosas más notables es un espléndido minarete llamado “Chand Minar”, “Torre de la luna”, de 60 metros de alto.
Y aunque fue construido por un sultán y hay signos musulmanes por doquier, los hindúes no han podido resistirse a montar un altarcito donde la gente, siempre piadosa se acerca a rezar.
Y otro elemento inevitable del paisaje arqueológico, los monitos, que a no todo el mundo les hace gracia.
Regresamos a Aurangabad y llegamos a las 5 y media, o sea un total de 9 horas.
¡Pobres conductores que cuando cierran el trato con nosotros nos dicen que “todo el tiempo que haga falta”!
Además este, como todos, tenía previsto entrar en tiendas al regresar para conseguir su comisión, pero le hemos dejado claro dese el principio que “no shops”.
Damos una vuelta por el entorno de nuestro hotel y hemos dado con un restaurante donde Marisa ha encontrado comida que sí ha podido comer.
No lo saben, pero ya tienen unos clientes fijos.
Etiquetas: Aurangabad, Delhi, Ellora, Fuerte de Daulatabad, India, Maharastra, Shiva, Templo Kailash











