32. India 2024. 13 de noviembre de 2024, miércoles. Decimosexto día de viaje. De Ajmer a Udaipur.

by

Estoy intentando escribir en el tren que nos lleva de Ajmer a Udaipur, pero se mueve tanto que es tarea casi imposible.

Nos levantamos muy temprano para evitar el susto de Jaipur adonde llegamos con dos minutos al tren, pues las estaciones de ferrocarril de la India suelen ser muy grandes y esta de Ajmer lo es, y los trenes también son larguísimos.

Con un rickshaw que nos ha buscado Kissam llegamos a la estación y esta vez sin embotellamientos.

Entramos en la estación por la puerta donde no hay ni escáner de equipajes, ni por supuesto policías que lo controlen, así que la seguridad da bastante risa si piensas como “atentador”: ¿Llevas algo para hacer daño y vas a pasar por la única puerta que tiene control de policías y escáner?

Y lo que más me jode, aunque sea un pesado, es que una llave allen de 2×1,5 cm sea un peligro, pero pasearse por la feria de Pushkar con dos sables y un hacha, como vimos a la pareja de sijs no sea peligroso.

2024. India. Ajmer.

Un letrero luminoso nos indica el andén de nuestro tren y en el andén también el número de nuestro vagón, así que todo va a ser muy fácil.

En las vías cuatro operarios están limpiando la basura que hay en ellas y es que sigue siendo la India eterna, pero ahora con plásticos.

2024. India. Udaipur.

Creo que ya lo he contado antes, pero si vas por algún lugar remoto por un camino y te pierdes, lo único que tienes que hacer es buscar y seguir el rastro de bolsas y bolsitas de plástico que te llevará a algún sitio con gente.

Dentro de aquella cochambre también hay lugar para el amor o por lo menos para el sexo: una pareja de palomas está fornicando encima de un rail, pero… pues otro macho celoso se pone a revolotear por encima y frustra el apareamiento.  Porque si es difícil, imagino, hacerlo encima de esa barra de hierro, piensa que tienes a otro congénere dando vueltas por encima de tu cabeza. Imposible. 

Pues tras esto la paloma sale volando, pero perseguida por los dos palomos.

De nuevo veo a un mozo de cuerda con un equipaje también imposible.

2024. India. Ajmer.

Por eso cuando nos ven a nosotros con tan pocos bultos les debemos parecer unos marcianos.

2024. India. Ajmer.

Un tren estacionado me permite conocer una palabra en hindi: “divyangjang”, “personas discapacitadas”, aunque el vagón que les reservan no parece muy confortable, ni de muy fácil acceso.

2024. India. Ajmer.

Nuestro tren llega con solo 5 minutos de retraso y es que ha salido de Jaipur, a unos 140 km, y solamente llega hasta Udaipur.

Tenemos billetes de clase 3AC, lo que quiere decir que los departamentos son de 6 literas con dos más en el pasillo en dirección de la marcha.

“Nuestro” estándar de viaje es la clase 2AC, pero este tren no la tiene.

Por ser mayores tenemos derecho a las literas bajas, “lower bed”, pero conociendo a los viajeros de este país pedí una baja y una de en medio, pero no me hicieron caso y así nos dieron las dos de abajo y al llegar a nuestro departamento ha ocurrido lo habitual: viajan 6 amigos y han ocupado los seis asientos. Así que reclamo nuestros sitios y han sacado las dos literas de en medio, se han echado en ellas y se han puesto a dormir y nos han dejado (jodidos) nuestras literas y es que el espacio que queda es de unos 60 cm y no te puedes quedar sentado, tienes que estar largo, como han hecho ellos. Yo quería estar sentado para leer, escribir y ver el país, pero no dormir. Menos mal que en un movimiento táctico he conseguido que se sentasen y levantasen las dos literas intermedias.

Al final hemos charlado amigablemente y como siempre me han preguntado si conocía su país y se han mostrado muy contentos de que lo conociera “mejor que ellos”, como me han dicho.

Uno dice que está muy interesado por la cultura y quería ir a Barcelona, por lo que le digo que para eso mejor Madrid, claro que cuando me nombra a Picasso le he dicho que sí, que mejor Barcelona.

¿Por qué al personal asiático le gusta tanto Picasso? Y menos mal que no me ha nombrado a Dalí.

Están muy interesados en mostrarme su hinduismo y que es una cultura muy antigua y como los musulmanes invasores destruyeron en muchos casos lo que encontraron, pero la diferencia respecto a otras civilizaciones es que construyeron sobre lo anterior, vaya, destruyeron para construir encima, y lo nuevo se quedó y lo antiguo desapareció, pero no sucedió aquí, donde lo antiguo, o sea el hinduismo permaneció, permanece. Es por ello que reclaman templos hindúes convertidos en mezquitas. Si sigues las noticias de la India surgen continuamente reclamaciones en este sentido.

Es un problema muy jodido y de muy difícil solución y que sigue enquistado en este país.  

Los viajeros del departamento se van en la estación anterior a la nuestra que es el fin de la línea y como la mayoría del resto de pasajeros hacen lo mismo me preocupa, pues una vez, creo que en Calcuta, nos ocurrió algo parecido y luego en nuestra estación no había ningún transporte y era de noche, pero hoy es mediodía y todavía quedan algunos con nosotros.

Por cierto, que eran funcionarios y estaban muy orgullosos de su país y cultura y se me ha olvidado hacer la pregunta que debería hacer a todos los indios y más a estos que querían ir a los museos españoles: “Tú vas al Museo del Prado y como la entrada cuesta 15€ al ver que eres indio te dicen que tienes que pagar 45€, ¿qué pensarías tú entonces?”.  Porque en Udaipur me ha vuelto a pasar en un embarcadero para dar una vuelta por el lago: los extranjeros pagamos el doble que los indios.  

La estación de Udaipur está en obras y como todas las que hemos visto es larguísima, así que tienes que dar un buen rodeo y andar bastante camino de la salida hasta que llegas a unas escaleras y luego a otras. Así que de nuevo pensamos en nuestra amiga que no podría venir a esta ciudad, por lo menos en tren.

De la estación al hotel hay un corto paseo así que vamos andando a pesar de las mil ofertas que hemos tenido de los rickshaws que no deben entender que dos abuelitos con una maleta y una mochila cada uno se vayan andando.

2024. India. Udaipur.

El nuevo hotel es el más lujoso de los cuatro que hemos estado, aunque a Marisa le gustan más los del tipo “heritage”, pero está muy bien, además que tiene restaurante y hemos conseguido dar con algún plato que no estaba demasiado especiado, ni picante.

Breve descanso y nos vamos al lago Pichale.

En Udaipur estuvimos en nuestro primer viaje a la India cuando recorrimos casi todo Rajastán y teníamos un recuerdo precioso y eso puede ser una putada porque solo conduce a la decepción.

Así llegamos al lago justamente cuando es la puesta de sol y es bonita, pero nada maravillosa.

2024. India. Udaipur.

El lugar es donde se cogen los barquitos para dar una vuelta por el lago y hay bastante gente, entre los que destacan una pareja de novios a la que les están haciendo un reportaje fotográfico. Quizás sea igual en España, pero aquí cuando los fotógrafos hacen vídeo parece que están en un ballet pues el trávelin lo hacen moviéndose ellos. De todas maneras, suelen ser jóvenes y delgados y además con un estabilizador para la cámara.

Y una cosa curiosa: los novios posaron para Marisa. Les debió dar más confianza que el “bailarín”.

2024. India. Udaipur.

Vemos que a unos 200 metros hay otro embarcadero y nos dirigimos hacia allí. En el camino una caja metálica abierta llena de conexiones eléctricas que parece fuera de uso, pero no, pues hay una cajita con una pantallita encendida, o sea que aquello funciona e imagino que podría ser peligroso el que esté de esta manera.

2024. India. Udaipur.

Pasa una motorcita con el padre conduciéndola, la madre sentada “a lo amazona”, una niña adolescente delante del padre, otro niño encajado entre los padres y un tercer niño de 6 o 7 años sentado encima del halda de la madre. ¿Qué pasaría si tuviesen un accidente?

2024. India. Udaipur.

No damos con la entrada al lago, se ha hecho de noche y regresamos al hotel.

Mañana será otro día.

Etiquetas: , , , , , , , , ,