32. 1. Argentina 2023. 27 de abril, jueves. Trigésimo. Buenos Aires a Madrid. Primera parte.

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Y ya llegó la hora de la partida.
Hemos contratado un taxi para que venga a buscarnos para llevarnos al aeropuerto.
El vuelo sale a las 13:15 y el taxi llega a las 9. Parece mucho tiempo, pero no hemos podido ni tomar café.

NB

De este día no tengo ni una fotografía, así que elegiré unas cuantas de las más de 25 mil que tiene Marisa en Flickr.  Y la primera no somos nosotros que son otra pareja de abuelitos en 2008 en Ayuthaya.

El recorrido desde el centro de Buenos Aires, donde vivimos, al aeropuerto de Ezeiza es rápido, pues en cuanto sales de la ciudad es todo autopista, pero el taxista nos previene que hay que venir con tiempo, pues a veces hay piquetes que cortan la autopista y así nos cuenta que hace unos días la cortaron durante tres horas. O sea, que si te pasa pierdes el vuelo.

Tendré que investigar si hay algún tipo de compensación por parte del seguro de viaje si te ocurre algo así.

2008 Pyin Oo Lwin.

Otra advertencia: acaban de construir una parte nueva dentro de la terminal y aunque la facturación se hace en la antigua (no así el control de pasajeros y emigración) eso puede cambiar.

Al llegar te encuentras una cola enorme para facturar con Iberia.

2019. China.  Shanghái. Primero de mayo.

Aviso: Iberia te manda una nota previa para que hagas la facturación a través de su web, y así te imaginas que al llegar los que hemos hecho ese trámite tendremos una cola diferente y más rápida: error. Tienes que hacer todo igual. Se lo digo a la azafata del mostrador de facturación y me dice que gracias a lo que hemos hecho podremos ir juntos Marisa y yo. No he querido sacarle de su error, pero tenemos asientos juntos porque hace más de un mes ya lo tramité en la web de Iberia.

Y esa percepción de haber hecho algo inútil no solo la tuve yo, que les pasó a todos los que habían hecho lo mismo.

En la fila nos encoframos con Manuel, el español que conocimos en la visita al palacio Barolo y nos alegramos los tres del encuentro.

Es un tipo muy especial y muy simpático, de los que te alegras de conocer en los viajes y aunque luego no vuelvas a encontrártelo en tu vida, siempre lo recordarás. “Marisa, ¿te acuerdas de Manuel, el del tango?”.  

Luego viene el control personal. En este viaje llevo botas por primera vez y me las hacen quitar.

Recuerdo que en Nueva York a los mayores nos eximían de tal requisito y aquí les digo que soy mayor y que no me puedo agachar para tal menester: “pase, se quite las botas en aquel asiento y un agente las pasará por los rayos”.

Y como sales del control sin cinturón, y a mí se me caen los pantalones sin él, mientras me lo pongo el policía, jefe del que espera mis botas, se pone nervioso y me urge a que me dé prisa.

NB

Me pregunto qué pasaría si esta joven tuviese que quitarse las botas.  Seguramente serían más pacientes con ella.

O qué harán cuando este señor pase un control porque si se quita las botas se queda desnudo.

Parece que a los policías los eligen, o los promocionan, con un parecido patrón en todo el mundo. Bueno, quizás ocurra igual en todas las profesiones, porque si el aeropuerto tuviese que seleccionar a 100 carpinteros o a 500 torneros al final todos tendrían algo semejante, la diferencia es que los que controlan tienden a ser un poco (o un mucho) tocacojones.

2022. NYC. Manhattan. Wall Street Bull.

El editor de este blog cuando trabajábamos juntos decía respecto de algún personal administrativo que entorpecía nuestra labor: “Dale autoridad a cualquiera y la utilizará”.

Lo que pasa es que los 500 torneros o los 100 carpinteros no tendrían autoridad y aquel joven oficial se ponía nervioso porque un abuelito español tardaba en ponerse el cinturón.

2011. Fiesta de la policía. Sivas. Turquía.

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