
La noche ha sido placentera y he dormido como un tronco.
Aunque el que nos vendió los billetes nos dijo que el autobús no paraba en todo el trayecto, parece que si ha habido alguna parada, según me ha explicado Marisa, donde el personal ha bajado a comprar bocadillos y bebidas, pero no me he enterado.
Rememorando a Chatwin quizás yo tenga “el sueño del nómada”, que me puedo dormir en cualquier sitio y circunstancia.
Me despierto antes del amanecer y siguen siendo extensiones enormes, pero ahora sin pastos, ni ganado, y en su lugar una vegetación arbustiva, pero igualmente todo vallado a ambos lados de la carretera, para lo que no tengo ninguna explicación.
Y cuando sale el sol es maravilloso (estamos sentados en el lado este): un espectáculo gratuito y casi diario, para el que el único requisito es que tienes que madrugar. Y estar en un sitio como este, porque si vives en un piso rodeado de edificios, es posible que no puedas disfrutar de ello, aunque madrugues.
Recuerdo que en Sikkim estuvimos en un pueblo donde había unos amaneceres gloriosos y había que madrugar mucho. Daba una pereza enorme, pero luego compensaba.
Olvidaba decir que este autobús tiene un pequeño servicio y muy limpio.
Desayunamos con nuestras provisiones y de nuevo la vida placentera del turista: ver el paisaje, leer, escribir (que es lo que hice con el borrador de esta crónica), reposar y dejarte llevar hasta el próximo destino. ¡Una maravilla!
Y así llegamos a Puerto Madryn después de 19 horas y media que a mí se me han pasado como nada.
Google Maps dice que desde la estación de autobuses hasta el alojamiento hay solo 7 minutos andando, o sea que lo podemos hacer. Ese ha sido uno de los motivos de elegirlo.
Pregunto en la terminal (siempre digo “estación de autobuses” y ellos la nombran como “terminal de ómnibus”, por si usas Google) hacia dónde dirigirme y el señor me indica el camino más fácil tras preguntarme si llevo mucho equipaje: “No mucho y con ruedas”. Lo que sucede es que esto ya no es Buenos Aires, o por lo menos el centro de esa ciudad, y hay tramos de calles sin asfaltar, con el piso cubierto de grava y eso para las ruedas…
Así me sorprende de este país que una ciudad como esta y con calles céntricas que estén en esas condiciones.
El nuevo alojamiento es un “Apart Hotel”, o sea que es como un hotel, pero con una pequeña cocina en las habitaciones. Y en este caso no contraté a través de Booking, sino directamente con ellos, aunque con el compromiso de que lo pagaría en metálico y que no me cobrasen nada por tarjeta. Fue una negociación vía correo electrónico, pero ha merecido la pena: un edificio moderno, con una habitación estupenda de 31 m² y con una gran terraza, aunque la experiencia me dice que no la vamos a aprovechar. Y con una “cama de matrimonio”, cosa cada vez menos habitual y de 1,8 m.
Y para acabar de mejorarlo, el recepcionista, Jesús, es un joven estupendo.
Y más todavía: en el hotel hay una agencia de viajes que hoy domingo está cerrada, pero resulta que la “titular”, con la que también tuve relación epistolar sobre el medio de pago, estaba por allí y ya nos ha solucionado la excursión para mañana. Porque aquí hay mucho para ver, pero todas requieren una agencia de viajes de por medio o que dispongas de vehículo propio. Y encima muchas de las cosas más interesantes que ver en Puerto Madryn son estacionales y así unas veces podrás ver pingüinos, otras orcas, otras elefantes marinos y otras ballenas, que son las más famosas, pero que ahora no es su temporada.
Porque cuando hablas con alguien y le nombras esta ciudad, contestan rápido: “¡Claro vas a ver ballenas!”. Pues no, que ahora no hay.
Así que tomamos posesión de la habitación y nos aseamos después del largo viaje. (Esta frase es casi un oxímoron, que en estos viajes no te “desaseas” nada).
Y una sorpresa: una concentración en el cercano paseo marítimo, pues hoy es el “Día del Veterano” y celebran no sé si el comienzo o la derrota de la guerra de las Malvinas, en la que esta ciudad tuvo cierta importancia.
Oímos a los lejos discursos que deben ser patrióticos, recitado de nombres, imagino que “caídos”, y salvas de fusilería.
Y cientos de personas que se están disgregando cuando llegamos nosotros.
NB
De Wikipedia: “2 de abril de 1982. La conquista de las islas Malvinas por parte de la Argentina”.
Así que lo primero es buscar un restaurante de los que recomienda la guía y también la recepción del hotel.
Y ha sido un acierto porque además hemos roto la tradición argentina y hemos abandonado la carne por el pescado.
Y según Marisa, el mejor lenguado que ha comido en su vida.
Yo hago un experimento: pido una paella. Está muy buena, pero no es “una paella”, aunque como no soy valenciano….
Camino del restaurante veo un rótulo de una calle llamada “España”, pero lo más curioso es que en el siguiente cruce es el de la calle “Albarracín”, aunque puede que no sea el pueblo de Teruel y que fuese el nombre de un prócer local llamado así, pues existe como tal apellido en España.
Hasta ahora, igual en Buenos Aires que aquí, las calles no suelen estar rotuladas como en España, sino que en los cruces hay un letrero que las nombra y a veces con los números de las casas que incluye esa manzana.
En una pared una gran pintada y de gran calidad, nada que ver con las macarreces españolas.
Etiquetas: Andesmar, Argentina, Booking, Buenos Aires, España, Google, Google Maps, Malvinas, Puerto Madryn, Wikipedia







08/02/2024 a las 10:34
Según leo en Google, en la provincia de Chubut hay: «guanaco, el puma, el choique, el zorro colorado, la mara, el zorrino patagónico y el zorro gris.»
Tal vez el cercado de la carretera es para evitar choques o atropellos a cualquiera de esos animales.
08/02/2024 a las 19:53
Querida La Propia: creo que no, dado que el cercado parecía más bien para delimitar el territorio y para evitar que el ganado vacuno y lanar que había por allí, aunque no lo viésemos, se escapase.
Vaya, eso es lo que me contaron cuando pregunté por el hecho de ese cercado. Desde luego no vimos a ninguno de esos animales sueltos por la carretera excepto en alguna rara ocasión a algún grupo de media docena de guanacos.
Gracias por el comentario.
05/03/2024 a las 01:42
Mis queridos amigos Angel y Marisa, por fin encontré un momento de tranquilidad para sentarme a leer este blog.
Quiero agradecerles por su mención. Haber leído mi nombre escrito entre entre tan bonitas palabras me llenó de alegría. Sepan que su amigo argentino los tiene siempre presente. Espero tener la dicha de volver a verlos pronto y compartir momentos gratos con ustedes, y ojala la próxima vez sea estando de visita en su pais.
Me quedo encantado no solo de este blog, sino tambien de todas las fotos increíbles que suben a Flickr.
Por cierto, la calle Albarracin lleva el nombre de Francisco Luis Albarracin, quien fue un medico muy importante durante la guerra de la triple alianza en nuestro pais, en el año 1865 (aunque en ese momento aun era estudiante de medicina).
Les dejo un fuerte abrazo a ambos y un esperanzado «hasta pronto».
Jesús.
05/03/2024 a las 09:26
Solo por comentarios como este merece la pena escribir estos artículos.
Un abrazo Jesús, que, insisto, fue el mejor recepcionista de todo el viaje y uno de los argentinos que nos dejaron huella y ganas de volver otra vez.