
En nuestra visita fotográfica a la estación de ferrocarril, donde solo estaba abierto el hall, tomamos café en un “Burger King” y ha sido una maravilla.
Resulta que está donde antes había un gran restaurante que por las fotografías antiguas que hay debía ser de mucha categoría. Y algo queda de aquel esplendor.
Así que sesión fotográfica, pero es una pena.
Creemos que quizás otro local parecido, este de Starbucks, también en la estación, será semejante, pero solamente tiene un divertido mural, que no podemos fotografiar a gusto, pues en el momento en que lo vistamos hay una pareja de unos 50 que se estaban dando un morreo.
(Creo que esta palabra no la había escrito nunca y que debe estar en desuso, pero es lo que hacían la pareja con vehemencia: seguramente por la edad y la pasión eran amantes adulterinos).
Dentro del hall de la estación una imagen de una virgencita bastante fea con una oración a la “Consagración de María del Rosario de San Nicolás”. ¡Qué cosas tiene estos católicos argentinos!
NB
¿Habrá niñas (quizás hijas de ferroviarios) que se llamen María del Rosario de San Nicolás?
Estando en esta estación hemos aprovechado para sacarnos la tarjeta SUBE, “Sistema Único de Boleto Electrónico”, que “es una tarjeta magnética recargable para utilizar la red de transporte público de Buenos Aires de una forma más rápida y cómoda”.
Y añado a esta información que sirve también para alguna otra gran ciudad del país.
No sé cómo quedará esta zona, llamada “Estación Retiro”, pero ahora es un lugar bastante deprimido: algunos durmiendo por el suelo, aunque son las 11 de la mañana, otros con enormes carros con sacos para cargar restos de las basuras que han rebuscado, algunos mendigos…
Así que si llegas por autobús o tren a Buenos Aires no será demasiado buena la primera impresión que recibas.
Al pasar por delante de la llamada “Torre Monumental” vemos gente en el piso superior, nos acercamos y resulta que es visitable tras el pago de una módica cantidad. Y es que mi guía no lo decía: es la última versión, pero quizás por la pandemia no está totalmente actualizada.
Un ascensor te lleva hasta la parte superior desde donde hay unas vistas preciosas de todo el entorno.
Encontramos y charlamos con una simpática pareja chilena en los 60, que yo creo que estaban “recién enamorados” por las pequeñas muestras de afecto que se prodigaban.
Él nos contó un dicho que describe a los ciudadanos de Buenos Aires: “Un porteño es un italiano que habla español, que se cree inglés y que le gustaría morir en París”.
Él mismo era de origen italiano, pero ella español, de Cáceres.
Cuando estábamos a punto de bajar sube un grupo de la tercera edad con una empleada de la torre y nos da una charla muy interesante sobre el monumento y la ciudad.
En un momento de la explicación me temo que va a decir algo inconveniente para nosotros y con una sonrisa se lo digo: “Si vas a decir algo malo de los españoles, ten presente que nosotros lo somos”.
Pues no dice nada, pero a raíz de mi declaración se me acerca una elegante señora y me dice que tiene dos hijos en España y que Zaragoza es un punto equidistante entre la residencia de sus dos hijos que viven en sitios diferentes y cuando ella va a verlos se encuentran en Zaragoza.
Es algo muy curioso que generalmente cuando nos preguntan que de dónde somos y decimos que españoles siempre insisten en conocer de qué parte de España, y Aragón, y menos Teruel, no suelen ser zonas muy conocidas aquí. Pues bien, esta señora sí conocía Zaragoza.
Desde la Torre vamos andando hacia el cementerio de La Recoleta y antes de llegar allí paramos a comer en un restaurante de los recomendados por la guía, “El Sanjuanino”, del que dice que es un “cozy little joint”, que es algo así como un “pequeño y acogedor tugurio” y que atrae a los de aquí “que quieren gastarse poco dinero” (la traducción académica de “penny-pinching” es “tacaño, pero me parece demasiado exagerada después de haber estado allí) así como a los turistas “frugales” (pues la otra traducción de “thrifty” es “floreciente” y no veo la relación).
Pues ellos serán “tacaños” y nosotros “frugales” aunque está lleno, pero hay una planta sótano donde podemos acomodarnos.
Realmente es un sitio especial y comimos bastante bien, aunque yo no hice la elección más adecuada, pues elegí “mondongo”, palabra que me lleva a mi niñez y que ahora casi no se emplea. Pues bien, aquí llaman eso a los callos y tengo que reconocer que los que prepara Marisa son mejores.
La elección de Marisa fue mejor y además más típica: “matambre”. Y era un plato tan grande que solo se pudo comer la mitad.
En resumen, que de porteños “penny-pinching” y de turistas “thrifty”, nada de nada. Y además el ambiente del personal lo desmentía.
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