¿Chantaje?

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Hay palabras que se utilizan como velos para ocultar un sentido que es fácil de entender con la palabra adecuada. Por ejemplo, ahora se utiliza mucho la palabra chantaje para decir que un político catalán que vive muy bien en el extranjero extorsiona a un presidente para conseguir

el moro del olvido democrático y, parece ser, que mucho oro, no para él sino para su casi marca registrada (¿hispánica?) y para los suyos, que no se sabe muy bien quienes son dada su dispersión y que según estadísticas fiables cada vez son menos y peor avenidos. Ocurre que según la RAE chantaje o extorsión es «Presión que se ejerce sobre alguien mediante amenazas para obligarlo a actuar de determinada manera y obtener así dinero u otro beneficio». No veo en el caso que nos ocupa que haya «amenazas para obligarlo»; hay condiciones que puede aceptar o no tranquilamente el presidente en cuestión, no amenazas que serían denunciables y que muchos partidarios y medios afines habrían denunciado. Sin embargo, con el diccionario en la mano sí veo tentación («Instigación o estímulo que induce el deseo de algo») e intento de soborno («Dar dinero o regalos a alguien para conseguir algo de forma ilícita»). Es como si el señor Capodimonte mostrase su pequeña mesnada y dijese: Esto te ofrezco, claro que a cambio tendrás que reconocer que la llama es un animal amable que te escupe por cariño y que mis vecinos merecen votar más a menudo. Me suena más a tentación-soborno que a otra cosa. Una prueba de que es una tentación tolerable es que partidarios y medios afines ya afirman a veces que la llama es un animal amabilísimo y que cambiar de opinión sobre los animales es tan solo ser animalistas. También se puede oir con frecuencia que votar es democrático, y que no hay que recordar ciertos hechos. Hay un aspecto bastante tranquilizador en todo este asunto y es que la cuarta guerra carlista está siendo incomprensible, pero incruenta.