49. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 12 de abril, jueves. Vigésimo cuarto día de viaje. Shanghái, día 4. Segunda parte.

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Al paseo de hoy la guía lo llama “Andando por la ciudad vieja” y de eso se trata. Porque lo que nos encontramos siguiendo el recorrido del mapa son calles  estrechas, ropa tendida por doquier, casas muy estropeadas  y muchas con todos sus accesos tapiados. Es como el reverso del Bund.

Parece mentira que en tan poca diferencia de espacio te puedas encontrar dos ciudades diferentes.

En algunas de esas estrechas calles los vecinos tienen parte  de su vivienda  en la calle, concretamente los lavaderos y algunos han construido el cuarto de baño o por lo menos el retrete sobre lo que podría ser la acera, e incluso la cocina.

Lo de los lavaderos llega al extremo de que he visto uno con el grifo bloqueado con un candado y otro cubierto por una lata y cuando la señora quiere acceder al agua quita la lata y se saca una llave especial para abrir el grifo.

En un momento determinado estamos desorientados buscando en el mapa el camino a seguir y una simpática joven viene hacia mí con el misericordioso “Can I help you?”.

 

Resulta que ha estado en España y le encanta Andalucía.

Aprovecho para preguntarle por los letreros que cubren las paredes de algunas casas con folios tamaño A4, más o menos: son anuncios de apartamentos en aquellos edificios.

Me muestra uno: un apartamento de 8 m² (¡ocho metros cuadrados!) por 1.100 yuanes.

En un momento del recorrido pasamos por una calle llena de turistas, chinos por supuesto: un gran grupo de la tercera edad avanza con gorras rojas todos ellos.

En esa comercial calle vemos el trabajo de un grabador de sellos de piedra.

El trabajo final se parece al de vimos en Corea, pero aquel lo hacía con una especie de plotter y aquí el artesano emplea un pequeño buril eléctrico. Sorprende la habilidad de este hombre.

A mitad del recorrido se visita el templo del dios de la ciudad, Chenghuang Miao. Ayer llegamos tarde y estaba cerrado, pero hoy es algo especial pues está abierto y no cobran la entrada. Eso sí cuando llegamos están quitando un montón de cosas y cierran el edificio principal.

Está lleno de fieles y pienso que tantos años con Mao y el materialismo y ahora venga a postrarse y a encender palitos todo el mundo. Que me recuerdan a Putin con la iglesia ortodoxa rusa.

En este templo una novedad: como los palitos para quemar son pequeños (nada que ver con Hong Kong o Macao y sus enormes espirales) han sustituido el soplete para encenderlos por un hornillo eléctrico.

NB

En los años 60 este tipo de hornillos estaban prohibidos en las pensiones y patronas de estudiantes, pues se utilizaban para calentar  a veces las habitaciones (¡las gélidas habitaciones!) o para hacerse un café de Nescafé, porque gastaban muchísima electricidad.

Aquí como es una cosa divina no importa el gasto.

Después de este templo el recorrido te vuelve a llevar por calles estrechas con gente viviendo en aquellas casitas.

Veo a un señor que está planchando en la calle y que tiene un puestecito, como un agujero, donde hay un par de máquinas de coser. Tengo un problema con los bajos de mis pantalones  y le pregunto si me los podría arreglar y además ahora mismo.  Ajustamos el precio, entro en aquel forigón y le doy los pantalones a su señora que ha acudido solícita.

Tengo una amiga que con frecuencia se burla de mis piernas, aunque creo que no me las ha visto nunca, y que hoy se moriría de risa: parece como si se hubiese corrido la voz  y todas las señoras del barrio hubieran venido a verme la piernas, pues han aparecido por allí varias señoras, aunque ninguna, excepto la señora del planchador, ha entrado en el cubículo donde me encuentro sentado en ropa interior.

Como somos los únicos turistas que vamos por aquellas calles imagino que sus habitantes se preguntarán que quienes son esos que de vez en cuando aparecen con un libro en la mano, pues no es demasiado fácil hacer aquel itinerario.

Acabado este interesante y fotogénico recorrido regresamos al hotel para un pequeño descanso. Luego nos damos una vuelta por la “East Nanjing Rd” y de nuevo al hotel, que hemos madrugado.

La sorpresa de hoy ha sido lo del señor que dibujaba con agua, la alegría una tienda de Zara impresionante.

PS

Mi amiga se burla de mis piernas y solo tengo dos, que si tuviese 100 como un ciempiés…La verdad es que no sé porqué se les llama así y no ciempiernas o cienpatas, pues a los dioses orientales los nombran así, “el dios de los 1000 brazos” y no “el dios de las 1000 manos”.

 

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