39. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 7 de abril, sábado. Decimonoveno día de viaje. Macao, día 6. Primera parte.

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Ayer por la noche ya empezaba a notarse la bajada de temperaturas y hoy han caído bruscamente, lo que se agradece, pues ayer estábamos a 28ºC al mediodía y hoy solo a 20.

Hasta ahora  hemos visitado la parte más central e histórica de Macao, además de las excursiones a Coloane y a Cotai para visitar los casinos. Hoy queremos recorrer una serie de lugares que la guía define como  el “Norte de la Península”.

Así que cogemos un autobús y afortunadamente un gran letrero luminoso te anuncia las paradas en cantonés y portugués  por lo que no tengo que andar preguntando en cada parada a los viajeros cercanos.

En una parada veo un establecimiento con un curioso nombre en portugués: “Fábrica de vino chino”.

Nuestra primera visita hoy es al templo de Lin Fung. Yo te diría que si vienes a Macao no te lo pierdas.

La guía dice de él que, aunque construido en 1592, ha tenido varias reconstrucciones desde el siglo XVII.  Es un templo budista dedicado a Kun Iam, la diosa de la misericordia y a Tin Hau, la diosa del mar, y que era aquí donde se alojaban los altos funcionarios de Cantón cuando visitaban Macao.  El más famoso fue Lin Zexu que fue el que acabó con el comercio del opio.  Vaya, eso dice la guía, pero como, querido lector sabes, lo del opio no se ha acabado todavía y en el caso de los intentos de hacerlo por parte de Lin Zexu lo que sí ocurrió es que dio lugar a la famosa “Primera Guerra del Opio”.

Tiene una estatua magnífica en la fachada de este complejo de Lin Fung o Lin Fong.

La historia de este señor no acabó allí pues el 26 de junio se celebra el “Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas” en su recuerdo y nada menos que en Nueva York tiene erigida una estatua con esta leyenda:  “Pioneer in the war against drugs”.

NB

¿Debería haber escrito “Diosa de la Misericordia”? Si se tratase de la  religión verdadera está claro que sí, pero en este caso no sé.

El recinto es impresionante y hoy, además, no sé si por ser sábado o por otra razón, había fieles que quemaban grandes cantidades de papeles. Pero no en plan de deshacerte de la colección de los ABC de tu abuelo (ahora que votas a Podemos), o de las facturas impagadas de tus ancestros, no, que son papeles recién impresos y que se queman de una manera que no te lo puedes creer.

Primero una familia que llevaba varias cajas llenas de miles de papeles que echaban en un gran quemador y más tarde otra familia con menos cantidad, pero más diversos. Entre ellos había billetes falsos del “Banco del Infierno”, pero también casas de muñecas e incluso unas docenas de zapatos. Todo de papel.

Algunos al echar esos papeles parece que rezaban. Todo muy interesante y muy, muy estúpido. Porque tú talas selvas enteras en el mundo para fabricar papel que luego imprimes, cortas  y empaquetas para echarlo al fuego.

¿Es que los dioses están durmiendo? Porque deberían enviar un diluvio cada vez que a alguno de sus fieles le diese por realizar tamaña tontería.

Por cierto, que en una iglesia católica había un letrero donde conminaba a sus parroquianos a que no salieran de casa por motivos religiosos cuando hubiese fuertes lluvias. Se llamaba “Orientaçoes Pastorals durante Tempestades Tropicais ou Chuvas Intensas” y estaba escrita con mucho sentido común.

La verdad es que estas cosas, como las salmodias budistas tibetanas, me dejan hipnotizado y podría haberme quedado todo el día viendo quemar papeles.

Además disponen de unos largos hierros para atizar el fuego y que no se quede sin quemar ninguna ofrenda. Y me ha recordado que de niño te decían que no anduvieses tocando el fuego, porque si no por la  noche te harías pipí en la cama. Y a pesar de eso lo hacías. Las dos cosas, tocar  el fuego y el pipí.

Y ahora caigo que era una buena medida preventiva, pues teníamos siempre fuego de carbón y era muy atractivo jugar con él y también muy peligroso, pues te podías quemar con una brasa y prender fuego a la casa.

Y en eso pensaba cuando veía a aquel oferente  venga darle vueltas a las brasas de papeles: este se mea esta noche en su cama.

Y el templo fantástico y con una fotogenia sin igual. No te digo más que hemos estado casi una hora, y no se trata del Vaticano, que el de hoy se puede ver en 5 minutos.

Por otro lado no cuidan nada los detalles; así en una mesa tipo altar, al lado de las ofrendas y similares han colocado una caja de plástico de herramientas, una botella de agua también de plástico y un rollo de papel higiénico. (Al escribir el borrador de la crónica por la noche me entra la duda de si estos tres objetos también formaban parte o no de alguna ofrenda, que tenia que haberlo preguntado).

Viene una familia y lo que ofrece es un par de conos de esos que cuelgan ardiendo del techo.

El sacristán, que imagino que es quien los vende, antes de colocarlos les prende fuego con un pequeño soplete y lo hace con tanta maña que enciende los dos al mismo tiempo. Luego es él quien con una larga vara los cuelga y lo curioso es que lo hace en dos sitios diferentes. Debe ser como en el mundo católico: “Pongamos una vela a San Pacomio  y esta otra a Santa Rita.

También me he percatado que algunos vienen con carritos cargados de paquetes de  papeles, pero que otros los sacan directamente del templo. Imagino que formará parte del “bisnes” del sacristán.

 

 

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