23. Hong Kong-Macao-Shanghái. 2018. 30 de marzo, viernes. Undécimo día de viaje. Hong Kong, día 10. Primera parte.

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Mi amigo Fernando me envía una fotografía de mi pueblo con el suelo de la plaza lleno de ramas de tomillo. Eso indica que es la noche de Jueves Santo y que sale una procesión. Yo le contesto que “se duerme muy bien en tierras de infieles”.

Aunque parece que aquí también celebran Viernes Santo o algo así, porque esta mañana hemos ido a cambiar dinero a un par de bancos y estaban cerrados. Ya sabes: “Ni un día sin su afán”. O como decía San Josémaría (nadie me aclara si es con un acento o con dos) “¡ningún día sin cruz! “, aunque para él era una jaculatoria y para mí es más bien una maldición.

La alternativa: una casa de cambios, pero con peor resultado por cambiar menos de 100€.

Leo que el Sr. Iglesias ha estado en Argentina y que le encanta el peronismo: “Cristina (Kirchner) es una figura histórica al nivel de Evita Perón“. Curiosamente también el general Franco se declaraba muy amigo del general  Perón, aunque solo fuese por recibir el trigo argentino. En compensación le proporcionó un tranquilo retiro, aunque no una tranquila sepultura.

Hoy volvemos a la isla de Lantau para ir a Tai O y de nuevo lo hacemos con el metro.
Enfrente de nosotros una jovencita se pinta los ojos. Me ha dejado maravillado: tenía tres cajitas con unas 20 opciones de colores y varios adminículos para aplicárselos.


Lo que más me ha sorprendido ha sido el pulso que tenía, aunque a decir verdad este metro se bambolea poco, pero es que se iba colocando diferentes capas y todas alrededor de la pestañas. ¡Qué pericia y que pérdida de tiempo! Porque aquella joven hubiese estado guapa (lo era) o fea a pesar de todo aquel arduo trabajo.

Me percato que a diferencia de Japón aquí la gente habla bastante en el metro. Quizás hoy en este trayecto sea algo especial pues iban bastantes familias y grupos de amigos.

En la escalera de salida veo a un señor con la bandera española en la espalda. En España rápidamente dirían que era un fascista.

Y llegamos a Tung Chung y como ayer aprendimos el camino para ir a la parada del autobús vamos directamente allí y nos volvemos encontrar con una cola de las de caerte de culo.
Definitivamente forma parte de la idiosincrasia hongkonesa (o quizás china): les encanta formar parte de una cola. Y es que la de hoy no te la podías imaginar. Pero como también forma parte de ellos la eficacia, los autobuses se sucedían con frecuencia.
De Tung Chung a Tai O el bus tarda una hora y 45 minutos y atraviesa una buen parte de la isla de Lantau.

Ver recorrido en este enlace.

Me sorprende la cantidad de bosques que hay y lo poco habitada que está, aunque creo que la población se sitúa en la otra parte de la isla.

La guía llega a decir que en estas colinas boscosas se pasean los pangolines. Y eso no me lo creo. Dado el gusto oriental por los animales raros o en peligro de extinción, seguro que han encontrado algún efecto beneficioso (sobre todo de tipo sexual) para alguna parte de ese animal.
¡Pobre pangolín! Hace años vi un reportaje de como un vietnamita cazaba uno y esa presa representaba el sustento familiar para una buena temporada. Y eso gracias a lo que le pagaban los traficantes de esos productos.

El autobús lleva un montón de letreros donde dice que te debes abrochar el cinturón: ni un pasajero se lo ha puesto.

Y llegamos a Tai O y allí estamos con todos los cientos de visitantes que hemos decidido venir aquí a pasar el día.
La guía advertía que los fines de semana “multitud de visitantes viajan hasta esta lejana costa occidental de Lantau para ver su fascinante modo de vida”. También que hay casas construidas sobre pilotes y que “los sampanes surcan sus aguas verde oscuras”.
¡Qué poéticas son estas guías!
Y hoy no era fin de semana, pero como si lo fuese.

Sí hay casas sobre pilotes, pero no vas a ver ningún “sampán”, a no ser que los tuviesen “cerrados” por Viernes Santo.


Pero si es un pueblo muy interesante a pesar de su aspecto “atrapaturistas”. Así encuentras puestos de venta callejeros para comer, pero pocos restaurantes. En algunos de esos puestos unas sepias a la plancha de casi medio metro.


Otro producto especial son “yemas saladas de huevos de pato”.

Ni idea de para qué los utilizan, pero un letrero en inglés y en chino te informa que no se pueden comer directamente: “¡Están crudos!”, advierten.


En otro lugar fabricaban una pasta marrón que almacenaban en bidones y que creo que era pasta de gambas, que por lo visto es muy famosa.

Parece que esta pasta la comercializan en unas piezas como tabletas de chocolate que hemos visto puestas a secar.  Aunque quizás fuese chocolate que es famoso en este pueblo y nosotros sin enterarnos.


Cuando hemos llegado estaba la marea baja y no era el mejor momento para contemplar esas casitas. Además muchas de ellas están construidas con algo metálico y pintadas con minio plateado, lo que les da un extraño aspecto que les hace parecer una chabola, aunque con aire acondicionado y generalmente “con vistas al mar”.


Al estar la marea baja el mar ha dejado una zona con barro y piedras donde grupos de señoras buscaban almejas o similares. Imagino que habrá restricciones para su captura, pues todas aquellas señoras parecían mariscadoras profesionales.

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