60. Nueva Zelanda 2017. 18 de octubre, miércoles. Trigésimo día de viaje. Auckland. Día 5. Primera parte.

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Mimo de la Ramblas pensando en la frase del Sr. Guardiola.

No me puedo quitar Cataluña ni de la cabeza, ni del corazón.
Llegamos al hotel y leo las últimas noticias que van del espanto al ridículo.
La primera es que el Sr. Guardiola, famoso entrenador de fútbol, le ha dedicado la victoria de su equipo (que  no sé cuál es, pero sí que no es español) a los dos “presos políticos”. Y añade: “No hi ha més civisme que les idees”.

 

 

NB

Esta frase no sé si es suya, pero se parece a esas que antes los adolescentes escribían en sus libretas, y que ahora, imagino, las mandan por teléfono. Yo le presto una de  similar nivel, que además la venden en vinilo: “La vida és viu per Moments”.  Por 13,09€ se puede forrar la cabecera de la cama.

Claro que el Sr. Guardiola es deportista famoso y por lo tanto puede opinar de todo aunque no haya leído la causa por la que la juez los ha encerrado. Que no lo ha hecho por sus ideas, sino por los actos que hicieron como consecuencia de ellas.
Lo gracioso sería pensar que habría dicho si hubiese perdido su equipo: “Dedico la derrota a esos dos próceres catalanes, porque no hay nada más noble que perder frente a un enemigo superior”. Como les pasó a los guardias civiles que estuvieron encerrados por las ideas de sus cívicos patriotas.

Pero la segunda noticia es peor todavía: el Sr. Maduro se pone de parte de los “presos políticos españoles”. No le podía haber salido mejor aliado a la CUP que el Sr. Maduro.
Y además hoy cuando íbamos en el autobús, en la pantalla donde informan del recorrido también aparecen las noticias de un periódico neozelandés: “Madrid ready for direct rule”. Luego en el restaurante donde comemos compruebo en el periódico en papel que no está esa información en primera página, pero sí le dedica un buen espacio. Porque ha habido una frase del autobús que me ha dejado preocupado: le llaman al famoso 155 la “nuclear option”. Cuando lees el artículo completo está bien explicado, porque lo de “nuclear” suena fatal.
Precisamente hoy he leído un artículo de Félix de Azúa donde explica el dinero que se han gastado, que “nos hemos gastado”, en publicidad internacional y en compra de voluntades para demostrar a todo el mundo lo malos que somos los españoles y los buenos que son los que no quieren ser españoles.
Y luego en la visita a la catedral anglicana un “priest” me pregunta por Cataluña. Así que le explico mi sencillo discurso: “Un 25% de la región de Otago quiere independizarse de Nueva Zelanda en contra de las leyes de su país. ¿Qué le parece?”. Pues eso.
Pero hoy ha sido nuestro último día en Auckland y también en Nueva Zelanda y hay vida más allá de los nacionalismos.

Teníamos dos opciones: visitar alguna isla cercana o hacer vida ciudadana y nos decidimos por esto segundo. Creo que Marisa se ha inclinado por la segunda opción porque sigo con el fuerte resfriado, aunque vaya disminuyendo y también porque ya hemos hecho varias visitas a islas y porque la “vida ciudadana” incluye visitar una catedral de la que hablan maravillas de sus vidrieras.

En la recepción del hotel hablo con el joven que la atiende, se llama Marlon y es filipino. Me dice que cree que su nombre no es español, pero sí su segundo que es Alonso y su apellido Mendoza. Está con su familia y quiere quedarse aquí por sus hijos: la educación, la ausencia de corrupción, la seguridad y el medio ambiente.
Estaba pensando en el contraste con su país y en que en su lugar yo también pensaría lo mismo. Incluso si lo comparo con el mío y también en que quizás las Filipinas sean un lugar para un próximo viaje, pues seguramente serán de los países de los que “no me quiero quedar a vivir allí”. No sé qué pensará Marisa.
Vamos con un autobús hasta la misma catedral y la conductora, emigrante, es extraordinariamente amable con nosotros. Aquí en Auckland muchos de los chóferes del transporte público son emigrantes y Marisa me hace observar que excepto los guías de las excursiones y los conductores de los autobuses del resto del país, todas las personas con las que hemos tenido contacto con ellas por trabajo eran emigrantes.

La catedral está compuesta de dos iglesias, la de la Santísima Trinidad, “Holy Trinity Cathedral” y la llamada “St Mary’s Church” una iglesia de madera que fue la antigua catedral y a la que también se le llama “St.Mary’s-in-Holy Trinity”.


Cuando llegamos hay un joven limpiando con un cepillo y agua el exterior de St Mary y nos dice que para evitar los charcos entremos por la catedral y desde allí se comunican ambas. ¡Qué gente tan amable!


Al llegar me sorprendieron las prohibiciones: en el recinto alrededor de la catedral está prohibido el uso de patines. ¡Bien ¡
Y otro aviso: “Por favor, consume toda la comida antes de entrar en la catedral”.
Y junto al anuncio de la bienvenida del deán cuatro líneas con los estilos arquitectónicos que te vas a encontrar. Quizás por ello la guía dice que es un “hodgepodge” de estilos. Palabra que, por supuesto, tengo que buscar: “mezcolanza”.

La catedral es algo que te deja sin aliento, aunque curiosamente nuestra guía no le pone ni una estrella, ni en su descripción muestra gran entusiasmo, pero es algo que realmente merece la pena su visita.


Nada más entrar y con la boca todavía abierta una simpática señora nos dice que bienvenidos y en qué idioma quiero el folleto de la información.

La segunda sorpresa es que hay mucha gente, casi toda mayor, limpiando el recinto y haciéndolo con mucho ahínco.

La tercera son las vidrieras que realmente te dejan clavado. Son un conjunto impresionante y algunas de la figuras son una extraña mezcla de modernidad y de primitivismo que dan un resultado maravilloso.


La cuarta y más importante es que no me he encontrado en una visita a un centro religioso con gente más amable y menos proselitista. Porque he hablado ampliamente con la “portera informadora” de la catedral, luego con el “portero informador “de St Mary, y sobre todo con un “priest” (que no sé si se traduce por “cura”, “sacerdote”, “pastor” o qué), que es el que me ha preguntado por Cataluña, y ninguno se ha interesado por la religión que profesamos.

Este señor ha estado dos veces en España y su gran interés son los pájaros por lo que había visitado el Pirineo aragonés.

Y me he enterado del porqué de tanta limpieza: “¿Hacen esto con frecuencia?”. “¡Nooo!”. Es que la catedral está recién acabada y dentro de 10 días la van a consagrar y para esa ceremonia además de los correspondientes neozelandeses van a venir obispos de Australia, Reino Unido y las islas Salomón.

Y han dejado un suelo que brilla como un espejo.

El altar central es en realidad un enorme montacargas lo que permite bajarlo para conciertos, conferencias o teatro o bien subirlo y dejarlo como un escenario. Y por cierto está hecho de madera del árbol neozelandés kauri.

La verdad es que con tanta charla he olvidado un poco a Marisa, pero ella ha aprovechado para hacer multitud de fotos.


La otra iglesia, Santa María, es una preciosidad hecha de madera.


Recomiendo la vista a ambas y más todavía si pudieses asistir a un concierto pues tienen un órgano increíble.


NB
Si en el mundo católico las mujeres llegasen donde han llegado las anglicanas imagino que se tendrían que plantear los nombres femeninos de toda la escala. Es que imagina a los dirigentes de Podemos, IU y PSOE en sus discursos frente a la jerarquía: “ el obispo y la obispo, el deán y la deán, el reverendo y la reverendo,…” . Y lo peor de todo: “el Papa y la Papa”.

Y a aquellos feligreses les encanta enseñarte un pequeño truco parecido al de la fachada de la Universidad de Salamanca y la rana. Aquí hay una pequeña rata en el púlpito y un pequeño búho en un madero. El búho a la primera, pero la ratita mejor que te rindas en seguida porque no la encontrarás si no te lo dicen: “The little rat? I surrender!”.

Y una pena que durante toda nuestra visita no ha habido más visitantes o fieles. Bueno, los fieles estaban limpiando.

Dejamos la catedral y en la acera opuesta encontramos una placa que te informa que en ese lugar se construyó en 1866 la catedral de Santa María, su arquitecto fue Benjamin W Mountfort y que en 1982 se trasladó el edifico a su posición actual al otro lado de la calle “in one piece”.

¡Quién hubiese podido estar aquí cuando ocurrió tal hazaña!

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