53. Nueva Zelanda 2017. 15 de octubre, domingo. Vigésimo séptimo día de viaje. Auckland. Día 2. Primera parte.

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Todos estos días he estado creyendo que como aquí estamos medio día por delante de España, también estaba por delante en la información de lo que acontecía y al hojear  El País en el ordenador me percato de que es al revés: estoy siempre por detrás. Porque, por ejemplo, yo lo leo a las 9 de la mañana de hoy 15 de octubre y son las 10 de la noche del día 14 en España, o sea que leo las noticias que se han producido durante ese día, lo que ya habéis hecho durante todo el día, los que estáis allí, en España. Luego lo vuelvo a leer a las 9 de la noche del día 15 que son las 10 de la mañana en España y ya habéis leído a esa hora todo lo del día 15.  Porque por la noche no se producen noticias, pues hasta los independentistas están durmiendo. Vaya, algunos intranquilos estos días, pero duermen.

Hoy como es domingo vamos a aprovechar para visitar algún “mercado dominical”, pero o están muy lejos o hay que madrugar mucho, así que vamos a la oficina de turismo para informarnos de los mercados y de otros aspectos como el transporte a lugares que queremos visitar.

Nos ha “tocado” un “impenetrable oriental”. No he encontrado en todo el país un informante con menos ganas de informar, tanto que Marisa se ha sorprendido de que no le haya dicho nada al respecto, pero es que estoy en medio de un fuerte resfriado, que Marisa me ha contagiado: ella está saliendo y yo camino de la cima. Creo que tenía que haber vuelto  y haberle dicho que la información que me ha dado era una mierda, que eso sí se decirlo sin dudar: “Your infomation is a shit”. Claro que igual digo “sheet” y el tío no se entera. Pero fatal y sin mercados. Y ya que estamos en la zona del puerto vamos a dedicarnos a pasear por él.

 

Empezamos por “Britomart”, del que la guía dice que es “un enclave compacto de edificios históricos…que ha sido transformado en uno de los mejores lugares de la ciudad para comprar, beber y comer”.

Un lugar muy bonito y de “lujo contenido”.

Para compensar el mal sabor del “oriental impenetrable” los cielos nos deparan la sorpresa de encontramos con Alba y Antonio, la pareja que conocimos en el paso del estrecho de Cook. Bueno esta es la definición geográfica romántica, la prosaica es el ferry de Wellington a Picton.

¡Qué pareja más encantadora! Nos hemos intercambiado experiencias durante 10 minutos y nos hemos despedido de ellos.

En el recorrido veo a un ciclista que se aproxima a un poste para rellenar una botella: es una “Drinking Station”, con un letrero que dice: “Rellene su botella aquí”. Y de nuevo: “Lo siento Antonio”, pero es que esto del agua es cojonudo.

Nos tomamos un café y hablamos de lo bueno que es el café aquí y pienso en el artículo de Antonio Muñoz Molina y del complejo que tenemos a veces de que lo nuestro es peor; pero es que este café con leche es maravilloso. Lo siento Antonio.

 

El siguiente encuentro del día ha sido con unos chiítas. ¡Qué cosas nos pasan! Pero es que había un grupo de chicas jóvenes, todas con el hiyab y con flores. Marisa quería hacerles una foto de lejos, pero al aproximarnos resulta que te regalaban una rosa, que llevaba una cartulina con el mensaje “Hussain inspires me to be peaceful”, por un lado y por el otro “Hussain inspires me to care for people around me”.

Le pregunto al joven que me da la rosa si son chiitas y se queda sorprendido de que un occidental sepa de su existencia y también de la de Hussain, tanto que me ha dado otra hoja informativa con el ruego de que entrase en su página web, cosa que haré. Ha resultado ser paquistaní, aunque hace años que vive aquí. Al final han querido hacerse una foto con nosotros y he aprovechado para que nos hiciese una con su familia. Así que deseos de paz y de fraternidad y dos preciosas rosas rojas.

 

A las preguntas sobre el medio de transporte para visitar diferentes lugares de Auckland el merluzo informador me ha dicho que lo preguntase en el cercano centro de transporte y allí una encantadora joven, también oriental (pero no “merluza”) me ha proporcionado todo tipo de información necesaria. En esa estación un letrero con todas las prohibiciones imaginables dentro de las instalaciones como no ir en bicicleta (los ciclistas de aquí deben ser todavía más atrevidos que los nuestros) y también la advertencia de que te mantengas alejado 2 metros por lo menos de la catenaria. Y que no se permite la música callejera, en los transportes, por supuesto.

 

 

 

 

 

 

Y ya con toda la información precisa nos lanzamos a nuestra vida de turistas por el puerto de Auckland.

PS

Te dejo el enlace a la página de los chiitas que encontramos  esta mañana por si quieres profundizar en tan importante personaje.

 

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