47. Nueva Zelanda 2017. 11 de octubre, miércoles. Vigésimo tercer día de viaje. Dunedin. Día 1. Tercera parte.

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Desde catedral anglicana de San Pablo nos vamos al “I-Site”, el lugar de información turística y contratación de todo relacionado con este negocio. Nos ha “tocado” (robot chino que me lees: pongo “tocado” entre comillas para que entiendas que no nos ha «tocado, tocado”) una guapa y muy eficaz checa, Marcela. (Si vienes a Dunedin dirígete a ella). Nos ha explicado muy bien la diferencia entre varias opciones de visitas aunque dada la inestabilidad del tiempo no hemos contratado nada todavía.

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La joven de la fotografía no es Marcela, que no me he atrevido pedirle que posase para Marisa, pero sí está hecha en Praga. Una pequeña licencia artística.

Buscamos un restaurante para comer y aquí siempre tienes que elegir la nacionalidad, pues lo más “local” son los “fish & chips” y las hamburguesas. Así que hoy “fish & chips”. Delicioso el pescado.

Además, como hay un letrero con los nombres científicos aprovecho para apuntar nombre de los especiales mejillones neozelandeses, “Perna condiculus”, y el de nuestro pescado favorito que aquí llaman “bacalao azul” que es el “Parapercis coliar”, o sea que no es “bacalao, bacalao”, el “Gadus morhua”.

Estamos al lado de la estación y vamos hasta allí para echarle una ojeada pues ayer fue todo muy rápido. Salgo al andén y resulta que me encuentro con el “jefe de tren locutor” de ayer. Se ha quedado de piedra, pues pensaba que iba a repetir el viaje. Seguro que al verme se ha dicho: “otro fanático de los viajes en tren”. Le he sacado de su error y creo que se ha quedado más tranquilo. Como hoy era un convoy diferente con vagones de madera de los años 20 me ha invitado a visitarlo, pero Marisa estaba haciendo fotos por la estación y si desparezco le da un ataque y más si me ve entrando en un tren a punto de salir.

Total, que hemos quedado muy amigos después de las múltiples preguntas que le he hecho. Seguro que habrá pensado: “No es un fanático, pero es un señor muy inquisitivo”. Vaya, es que parecía un caballero inglés y habrá preferido lo de “inquisitivo” a lo de “preguntón”.

La estación de ferrocarril no podía ser menos que otros lugares públicos en relación a la Gran Guerra y así le han dedicado una bonita placa a los ferroviarios muertos durante las campañas bélicas.

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Como verás en la foto la placa empieza con “Passchandaele”, que fue el nombre de una famosa batalla que tuvo lugar en Bélgica durante la Gran Guerra y donde los soldados de ANZAC tuvieron un papel destacado. Y de eso se cumplirán mañana cien años.

El tiempo sigue inestable y de la estación nos vamos a visitar el Museo de Otago.
Antes de llegar nos cruzamos con una familia que si hubiese sido en mi pueblo hace años hubiesen dicho que era de “hungaros” (así sin acento esdrújulo), a pesar de ir vestidos de occidentales: una niña de unos 10 años descalza, que no llevaba ni calcetines. Y el tiempo estaba fresco y aunque sea un país muy limpio no deja de ser una gran ciudad con todos los peligros bacteriológicos que te puedas imaginar. Imagino que los papás pertenecerían a alguna secta de esa de dejarlos hacer lo que quieran con tal de que su cerebro no tenga ninguna frustración. Las bacterias, virus y otros seres malignos no cuentan. Ni la pulmonía. Yo, como abuelo, me pongo de muy mala leche cuando me encuentro con esas conductas.

El Museo de Otago.
Su nombre está claro: Dunedin es la principal ciudad de la región de Otago y además está situada en la bahía de ese nombre.
Está dedicado sobre todo a ciencias naturales y objetos de etnografía.
Fue inaugurado en 1868 y, como ya he escrito en otras ocasiones, eso en un país tan joven sería como si en España fuese de la época de los visigodos. (En clave “Podemos”: “de los visigodos y de las visigodas”, que realmente no sé la causa por la que nunca se nombra a las visigodas. Bueno, pensándolo bien tampoco se nombra nunca a las celtíberas. Habrá que arreglarlo).

El museo muy interesante y como en todos los espacios públicos hay lugares pensados para los niños.

También un interesante panel con diferentes materiales para que los toques y así observes como se dañan los objetos del museo si lo haces.

Tiene una parte dedicada a los primeros emigrantes que vinieron aquí desde el Reino Unido. Un cartel de la época detalla las “Regulaciones para los emigrantes”. Me ha recordado mi lista de comprobación del equipaje que debo llevar en cada viaje. Acaba diciendo que “cuanto más abundantes sean las cosas del vestir que lleves más confortable será el viaje”. Y añade que tengas en cuente que el viaje dura unos tres meses.

Lo que no sé porqué pide que lleves dos pares de zapatos nuevos, pues se supone que en el barco no los vas a desgastar demasiado. Y más curioso es que ese “nuevos” de los zapatos de los hombres se transforme en “fuertes” en el caso de señoras y niños.

Encuentro un póster dedicado a “El peor día de la historia de Nueva Zelanda”. Y resulta ser precisamente ese malhadado 12 de octubre de 1917.

Dice que ese día 100 hombres de Dunedin, entre los 2.700 neozelandeses que murieron o fueron heridos en Bellevue Spur en solo 4 horas. Y acaba con “los británicos (entre los que entiendo que en aquella época incluían a los de ANZAC) perdieron 350.000 soldados en la campaña de Passchendale para conseguir escasamente 5 millas de avance”.
¿Y todavía crees que hay guerras gloriosas?
43.400 hombres por kilómetro ganado a los alemanes y tú excelentísimo estratega recibes una medalla.

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Te recuerdo que ANZAC son las siglas de “Australian and New Zealand Army Corps”.

Finalmente hay una sección en el museo de carteles editados aquí a principios del XX, para demostrar la importancia de la litografía en esta región. Me sorprende un cartel por el espectáculo que anuncia: “Rosacrucian Psychomancy”. Y su título: “Deception and Discernment”. Que no sé como con ese nombre como podían vender ni una entrada.

Él es un ilusionista (lo pone también en francés, que debía ser más chic, “escamoteur”, vaya como un tesorero de un conocido partido político español) y “deceptionist”, palabra de la que no encuentro una definición, pero sí un video y es algo parecido a lo anterior, aunque quizás haya alguna palabra más precisa en el mundo de los magos y similares. Sí he encontrado una definición muy graciosa pero que realmente no se corresponde con la de esta publicidad.
«A receptionist whose job is actually to delay or block potential visitors. Ruthless with a polite, perfect smile».

Ella es clarividente y médium. Ahora lo que ve la señora son escenas bastante trágicas.
Y además incluyen en el espectáculo a la famosa bailarina “terpsicoreana” Miss Vera Havelock de Londres. Teniendo en cuenta que Terpsícore era la musa de la danza es como si anunciasen a Schubert como músico euterpeano. Vaya, el típico pleonasmo para sorprender a los ingenuos dunedianos de aquella época.

Durante nuestra visita en el museo ha caído una fuerte lluvia y al salir sigue un fuerte viento que impide llevar el paraguas abierto. Marisa está muy resfriada así que decidimos refugiarnos en nuestro pisito episcopal.
Mañana hay anunciado un sol espléndido así que si se cumple el pronóstico y Marisa aguanta intentaremos hacer una excursión por la naturaleza de la península de Otago, una de las atracciones turísticas importantes de este país.

El inglés.
Cada día una sorpresa con este idioma.
En el restaurante de la comida podías tomar el pescado “rebozado” (que ya me sé la palabra) o “crumbed”.
Al llegar al hotel busco la nueva palabra y me llevo una sorpresa: “crumbs: caramba, recórcholis”.
Claramente son interjecciones que no tienen nada que ver con el “fish”, pero es que la palabra “recórcholis” creo que no la he oído decir en mi vida. Así que sigo con la investigación culinaria y resulta ser “pan rallado”. O sea a la andaluza. Con lo fácil que sería decirlo así: “You can choose your fish battered or “a la andaluza””.