33. Nueva Zelanda 2017.4 de octubre, miércoles. Décimosexto día de viaje. Franz Josef Glacier.Segunda parte.

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Cuando regresamos desde el punto más cercano a la lengua del glaciar un grupo de tres ancianas (vaya, como nosotros, o así) me preguntan si falta mucho. Les digo una mentira piadosa, que los padres escolapios me enseñaron que sí se podía mentir así sin pecar contra el octavo mandamiento. Así que les digo que 10 minutos y para darle más énfasis a mis “Ten minutes” les añado que “Very easy”.

Marisa me dice que porqué no les he dicho la verdad. Bueno “la verdad” en su caso y viendo lo jodidas que estaban hubiese sido 30 minutos o más, pero entonces no hubiesen ido. De esta manera cuando lleven 20 minutos y pregunten de nuevo, y si tienen la suerte de encontrar otro discípulo de los escolapios, les dirán que solo 10 minutos a lo que ellas contestarán que “después de lo que llevamos no vamos a dejarlo por solo 10 minutos”.

Afortunadamente no me preguntaron por mi origen, porque con lo vilipendiados que estamos ahora en parte del “estado español” solo falta que demos mala imagen en las antípodas.

Una vez terminado el recorrido y vuelto al punto de partida nos decidimos a hacer el de “Sentinel Rock”, o sea la “Roca del centinela”. Es un bonito y tranquilo camino, todo cuesta arriba donde encontramos al joven de esta mañana que escribía en el letrero llevando ahora una pequeña apisonadora: está arreglando aquello y les queda de maravilla.

Desde la cima del “centinela” una bonita vista sobre el río. La niebla está cayendo sobre el glaciar y la visibilidad se está reduciendo.

Como el transporte desde el aparcamientohasta el pueblo va en tramos de dos horas y nos queda tiempo decidimos hacer un trozo del recorrido que va hasta el “Douglas Bridge” y ha sido un acierto y otra cosa que recomiendo (incluso lo haría a las tres ancianitas de esta mañana) tanto como la subida hasta el glaciar. Es un camino claro, sin grandes desniveles y que atraviesa un bosque densísimo de grandes helechos arborescentes.

Una maravilla de excursión. Además, a mitad de camino te encuentras con “la charca de Pedro”, “Peter’s Pool”, un muy pequeño estanque, pero situado en un entorno encantador y además con patos; hoy una pareja de “pūtangitangis”, los famosos “Tadorna variegata” del jardín botánico de Christchurch, pero estos estaban menos cariñosos que aquellos.

Una fotografía antigua te muestra el retroceso del glaciar, donde se veía antes a este reflejado en el agua del estanque.

Y así llegamos al puente de Douglas; un letrero te advierte que el máximo peso permitido es de 5 personas. Esta es la mayor tontería sobre seguridad que he leído en mi vida, porque en algunos ascensores pone lo mismo, pero luego dice “300 kg” y ves llegar a la gorda (o al gordo) y ya sabes que va a pitar y no arrancará, pero aquí en el puente estás tú y aparecen cuatro obesos de los que hay por aquí y te vas al fondo del abismo.

La verdad es que está alto, pero no demasiado, aunque seguro que te romperías la crisma. A mí me dio sensación de seguridad. Bueno, esa “sensación” no debe ser generalizada porque aparecieron 5 jóvenes y ninguno puso un pie en el puente. Nosotros lo atravesamos entero para ver las posibilidades fotográficas desde el otro lado y me reafirmé en mi sensación. Además, si pisas en el tablón central no se bambolea. Y el puente tiene unas firme sujeciones con unos robustos cables en cada lado.

Bueno, viendo luego la foto y pensando en el tamaño y peso del puente no parece que aquello sujetase demasiado.

Y aunque fue un día estupendo con tres excursiones preciosas llegó la lluvia y nos estropeó el final pues en aquel aparcamiento no hay ni una marquesina y faltaba media hora para que llegase el coche. Buscando encontramos un refugio para bicicletas. No hacen uno para personas y lo hacen para las bicicletas. Y es que hay una pista por la que se puede llegar hasta aquí andando y en bici, pero como luego tienen prohibido el acceso por los caminos por los que fuimos lo han solucionado con ese refugio. Pero no hay ni un sitio donde sentarte y seguía lloviendo.

En la espera vemos que hay pistas mixtas para peatones y bicis y así está indicado, pero hay un “código de conducta” para estas últimas.


¿Por qué no lo harán en España? Pues hay veces que sí corres riesgos como peatón en conflicto con ellas.

En el aparcamiento vemos a una familia (lo de “familia” es una suposición mía) que en lugar de una autocaravana llevan un autobús pequeño. Nunca se me habría ocurrido. Además, para ellos no irá lo de “Prohibido aparcar autocaravanas”, que es frecuente en lugares de afluencia turística.

Al final aparece nuestro transporte y regresamos al pueblo.

Marisa ha visto pasando por la carretera un puente cerca del pueblo desde donde cree que se ven las montañas que rodean el glaciar y así vamos a visitarlo. En el camino y en las afueras del pueblo encontramos dos interesantes iglesitas. La primera es católica, “Nuestra Señora de los Alpes”, y está abierta. Es pequeña y sencilla. Yo diría que incluso pobre, pues solo hay dos pequeñas figuras de escayola y parecen en mal estado.


La otra, anglicana, estás más lejos del pueblo, cerrada y es la de Santiago, “St James’ Church”. Está rodeada de un bonito jardín y un letrero informa que la primera piedra fue colocada por el barón Bledisloe en el año 1931, que aquí debe ser como en el siglo XIII en Europa.

Nos acercamos al río Waiho y allí encontramos en la orilla una plancha de plástico con un “26”.


Sería un enigma sino fuera porque esta mañana hemos visto a una pareja tipo “forestales” colocando una semejante camino del glaciar. Así es solo “medio enigma”, pero sigo desconociendo su utilidad.

El puente que atraviesa el río Waiho es una especie de construcción efímera: está como esperando que construyan uno de verdad. Han tenido la sensatez de colocar un puente peatonal al lado.

Muy interesante y bonito paseo.
Regresamos al hotel y las instalaciones comunes están vacías. Da gusto una sala de estar tan grande solo para nosotros.
Pregunto en recepción a un joven y ha resultado ser el manager y uruguayo, Mauro, y con el que he charlado un rato. Interesante encuentro.

Luego en la sala de estar oigo a un joven español que habla por teléfono con su papá para explicarle lo bien que se lo está pasando y que mañana hará un viaje en helicóptero. Tiene unos 30 años, porte elegante como de clase media alta, pero compensa todo esto colocando sus pies calzados encima de la mesa. ¿Por qué seremos tan cafres? Porque eso no lo hace nadie en este recinto.

NB.
El viaje en helicóptero anda de los 500 a los 600$ y si llegas allí y no se ve nada por la niebla…

2 comentarios to “33. Nueva Zelanda 2017.4 de octubre, miércoles. Décimosexto día de viaje. Franz Josef Glacier.Segunda parte.”

  1. algilodo Says:

    ¿Qué ha pasado hoy (28/10/2019) con la entrega “34” de “Nueva Zelanda 2017”?

  2. alelsoles Says:

    Alfonso, no sé si te lo creerás pero hoy estoy en Calcuta, como mañana regreso a casa entonces lo averiguaré.
    Gracias por la observación.

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